ENTREVISTAS Javier Martínez González, natural de Guadalaviar, es el director de la Escuela de Violería de Zaragoza: “Recuperamos instrumentos que habían desaparecido y solo estaban en los archivos”

Javier Martínez González, natural de Guadalaviar, es el director de la Escuela de Violería de Zaragoza: “Recuperamos instrumentos que habían desaparecido y solo estaban en los archivos”

Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller
Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller

El Gobierno de Aragón declaró la semana pasada Bien de Interés Cultural Inmaterial el legado de la Violería Aragonesa. Detrás de la candidatura a este reconocimiento está el trabajo de la Escuela de Violería de Zaragoza, cuyo director es el turolense Javier Martínez. Natural de Guadalaviar, se dedica a la construcción de instrumentos y es presidente de la Asociación Española de Luthiers y Arqueteros Profesionales.

-¿Cómo surgió la propuesta de que la violería fuera declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial?

-Surgió a partir de la necesidad de reivindicar la importancia del legado de los violeros. Es una parcela de nuestro patrimonio cultural muy desconocida. Nadie le ha dado importancia a los instrumentos musicales por ser considerados una herramienta en manos de los músicos, no un objeto artístico o un artefacto cultural en toda su extensión.

-¿Qué es lo que pretenden con esta declaración?

-Por un lado queremos recuperar la mirada de la sociedad a esta parcela cultural y por otro también, en el caso del legado de los violeros aragoneses, seguir investigando sobre lo que ocurrió en la Zaragoza de finales del siglo XV y principios del XVI. Es un fenómeno único en Europa. Tenemos documentados ahora los nombres  de 36 violeros activos. Era una ciudad pequeña en aquella época, probablemente no tenía más de 18.000 habitantes, había 16 maestros construyendo instrumentos musicales que se exportaban a varios sitios. Los libros de collidas, donde se registraban los intercambios comerciales del Reino de Aragón lo demuestran. Se conservan muchos de estos libros de mediados del siglo XV y aparecen las exportaciones de productos aragoneses más importantes: granos, lana, tejidos, manufacturados y entre ellos aparecen muchísimos instrumentos musicales. En estos libros no solo aparecen como mercaderías de exportación estos instrumentos sino también cuerdas de tripa para ellos por unas cantidades ingentes que ahora sorprenden. Ahora tenemos muchos medios para entretenernos pero antes solo estaban los instrumentos musicales, de diferentes tipologías. 

-¿Cómo surgió la petición de que fuera reconocido como Bien de Interés Cultural?

-Hace unos años desarrollamos unos proyectos, algunos apoyados por la Comarca de la Sierra de Albarracín, que se llamaban Musas, Música, Museos en el año 2011 y hubo uno que obtuvo la mayor puntuación de los que se presentaron a la convocatoria de actividades para museos. Lo planteamos desde la Asociación de Amigos del Museo de la Transhumancia. Resultó una propuesta muy simpática a grandes museos de España. Muchos de ellos tienen colecciones de pintura gótica donde vienen reflejados instrumentos musicales de todo tipo, incluido los pastoriles. Con motivo del Día Internacional de los Museos de 2012 se difundió esa noticia y una organización de mecenazgo francesa, la Fundación Daniel y Nina Carasso, se interesó por el proyecto, se pusieron en contacto conmigo y me dijeron que querían apoyar. Entonces les dije que sería interesante hacer una Escuela de Violería, porque no hay ninguna titulación sobre construcción de instrumentos. Arrancamos y desde 2014 estamos activos. Recibimos gente de muchísimos sitios, sobre todo viene muchos latinoamericanos, pero también de Francia o de Bélgica. Y vendría todavía más gente si pudiéramos tener un título oficial. Viene a aprender gente que está titulada en otros países y aquí no le podemos dar un título. Ahora ha mostrado interés la Universidad de Zaragoza.

-¿Cómo fue aceptada la propuesta de que este legado fuera protegido?

-Las administraciones han sido muy receptivas en esto. Nos están ayudando desde el Ayuntamiento de Zaragoza o la Diputación Provincial y también el Gobierno de Aragón con la declaración. Probablemente fue de lo primero que impulsó la actual directora general de Patrimonio Cultural, Marisancho Menjón, en agosto de 2019, aunque ya habíamos tenido conversaciones con el anterior director.

-¿Qué puertas va a abrir la declaración de Bien de Interés Cultural Inmaterial para el legado de la Violería Aragonesa? 

-No lo sé pero en principio es importante por la difusión que se está dando, porque se empiece a reconocer el componente científico que tiene la investigación que hacemos porque estamos recuperando patrimonio, recuperando instrumentos que habían desaparecido de los que tenemos constancia en fuentes escritas de los archivos aragoneses y de la iconografía. Tener un BIC también permite acceder a ayudas específicas que hay para estos bienes en el Ministerio de Cultura. También está la posibilidad de internacionalizar y con la Universidad de Zaragoza estamos tratando de desarrollar un Erasmus con universidades de otros países interesadas en la proyección de los instrumentos. Estamos hablando de Australia, de Canadá y de varios países latinoamericanos. Esto es una semilla que ya está sembrada.

-¿Cuánta gente estudia en la Escuela de Violería y cuáles son las especialidades?

-La capacidad de la escuela nos permite recibir una veintena de alumnos. Estamos en el centro formativo Arsenio Jimeno, en una aulas alquiladas, y tenemos varias especialidades: guitarra española, vihuela de mano, vihuela de arco e instrumentos barrocos. Nuestra vocación son los instrumentos antiguos pero también por supuesto la guitarra española. La mayor parte de las personas que vienen lo que quieren es aprender más que el título, pero este nos vendría muy bien para los alumnos extranjeros. Tenemos un japonés desde hace tiempo esperando que lo tengamos, porque viene becado y necesita ese título para venir.

Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller
Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller
Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller
Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller
Javier Martínez, durante la construcción de una vihuela en su taller