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Martes, 26 de marzo de 2019
SOCIEDAD

14/1/2019

Dos aventureros y una moto ferroviaria para recorrer la línea de la Val de Zafán

Carlos Sábado y Antonio Bergua decidieron hace treinta años realizar así este recorrido
Elisa Alegre
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De i. a d., Carlos Sábado y Antonio Bergua
De i. a d., Carlos Sábado y Antonio Bergua

“Siempre he tenido la cabeza un poco movida. Tenía una vespa y pensé: Si le pongo unas ruedas adaptadas a la moto, esto va por la vía”. La idea de Carlos Sábado encontró el apoyo de Antonio Bergua, que filmó y relató la aventura. Aunque algunos la etiquetaron como reivindicativa, la verdad es que decidieron recorrer la vía ferroviaria abandonada ya entonces, Val de Zafán, desde La Puebla de Híjar hasta Tortosa, por divertirse como cuenta Carlos. Y lo hicieron con lo que tenían a mano. Una “aventura de proximidad” que lo llamarían ahora, sin necesidad de empresas que garantizan adrenalina ni viajes a países exóticos, que sirve hoy, más de treinta años después, para recordar otras vías de comunicación que el tiempo ha ido borrando.

Adaptar una vespa para circular por las vías del tren ¿a quien se le ocurre? “La idea viene de lejos” recuerda Carlos Sábado. “Cuando éramos pequeños todavía quedaba alguna vagoneta en las vías. Jugábamos a coger velocidad empujando y nos montábamos hasta que perdía la inercia. Siempre pensé en que se podría colocar un motor para no empujar”. Así que al cabo de los años, cuando Carlos estaba arreglando un pinchazo de su vespa, la imagen de aquellas vagonetas volvió a su mente y pensó que las llantas podrían deslizarse por las vías. Ahí empezó a darle vueltas para ver cómo podría llevarlo a cabo. “Hicimos unas llantas reforzadas. Las llantas de la moto solo están previstas para ruedas de goma y no iban a resistir el peso. Con cinco tornillos cambiabas de ruedas de goma a hierro” y tenía que ser algo ágil para facilitar el trayecto. Además, había que poner una tercera rueda, a modo de sidecar, y “que el montaje fuera sencillo y seguro” porque, como luego descubrirían, la ruta les obligó a montar y desmontar en varias ocasiones al encontrar una vía sin raíles porque se los habían llevado para arreglar la vía del Canfranc o porque la maleza, el agua o las piedras y la tierra bloqueaban el paso.

También había que fijar la dirección, “cuando hicimos las primeras pruebas temblaba” rememora Carlos. Al tiempo que preparaban el vehículo, también repasaban el recorrido con mapas y organizaban cómo será rodarían las imágenes de la grabación en la que luego se convertiría, gracias al trabajo que llevó a cabo el otro miembro de la pareja aventurera. “A Antonio le gustaba mucho la filmación, siempre iba con su cámara y vimos la posibilidad de filmar la aventura”. De todo lo que rodaron puede verse un resumen en dos vídeos en Youtube, de los que lamenta Antonio ahora que “la calidad de reproducción no es muy buena” pero reflejan muy bien y de una manera muy cinematográfica aquella vivencia. “Algunas cosas me las hacía repetir y volver a pasar por el mismo sitio, filmando desde otro ángulo. Cuando yo protestaba” recuerda Carlos con una sonrisa “Antonio me decía que a los actores les pagan por eso”.

“Fuimos reivindicadores inconscientes y también reporteros inconscientes” dice Carlos. Él continúa viviendo en Alcañiz, donde desde hace casi 25 años se dedica a desarrollar jardines con la empresa Agrojardin de Alcañiz. Con Antonio recuerdan con una sonrisa aquel viaje cuando se ven, no mucho puesto que él vive en Erlangen en Baviera, Alemania, donde es oftalmólogo.

Además de filmarla, Antonio también se encargó de narrar aquella aventura en varios medios y entre ellos, en el boletín de la provincia que publicaba la Diputación de Teruel. El reportaje en el que lo hizo es un brillante diario de viaje en el que narra con detalle los paisajes que atravesaron, así como las dificultades de cada tramo y cómo las sorteaban, en un texto revestido de referencias literarias de quienes encontraron en esta vía y sus estaciones inspiración para sus obras. 

De la inauguración al cierre

Menos de cien años estuvo en funcionamiento esta vía, como recordaba Antonio en el texto: “Las obras en el Val de Zafán se suspendieron el mismo día de su inauguración y, desde entonces, estuvo condenado a soportar los avatares de la política, de la geografía y de la ingeniería, luchando contra el tiempo para, en última instancia, perder la batalla. La línea que se proyectó como una salida “estratégica” hacia el mar Mediterráneo -unía La Puebla de Híjar con Tortosa- se cerró por su escasa rentabilidad el 17 de septiembre de 1973. Desde entonces sólo el olvido la había recorrido y ahora, grabando sus paisajes y sus recuerdos en una ligera cámara de vídeo, nosotros volvemos a hacerlo”.

Del texto destaca, por ejemplo, el relato del paso por zonas en las que el agua desbordada de una acequia alcanzaba el tubo de escape de la Vespa, o por lugares como el Meridiano de Greenwich por Valdealgorfa: “Somos ahora el punto de referencia de la hora mundial”, escribía Antonio. 

Bautizaron a la vespa como “La General”, en honor a la película de Buster Keaton El maquinista de la General, y con ella atravesaron puentes y túneles, alternando el paso por la vía con el recorrido por carretera cuando el tránsito era imposible ante las traviesas que habían desaparecido, bien porque se las habían llevado o porque estaban inundadas o enterradas bajo piedras y tierra. De hecho, tuvieron que hacer por carretera algunos de los tramos, y echando mano del apoyo técnico que les brindaron en coche sus amigos Joaquín y Roberto. “Había partes impracticables, en algunas aún se podía andar pero en otros ya había pinos de medio cuerpo” explica Carlos.

Les costó dos días recorrer los 128 kilómetros aquel verano de 1988, hazaña de la que este periódico también se hizo eco en una información publicada el 27 de agosto y en la que Bergua explicaba “Lo más importante de todo es el valor que tuvieron los promotores de la línea del Val de Zafán para programarla y sobre todo para llevarla a cabo” y destacaba los paisajes que atravesaba. “Ha sido una cosa sentimental lo que ha motivado este viaje. Por eso hemos grabado todo el trayecto, para que los paisajes vistos desde el tren perduren para siempre”.

Cerrada en 1973

El 16 de septiembre de 1973 se produjo el último viaje de la línea La Puebla de Híjar-Tortosa. La primera piedra se había puesto el 23 de octubre de 1882, aunque los trabajos para impulsar su construcción habían comenzado décadas antes. Fue un proyecto cargado de ilusión que podría haber proporcionado una salia al mar directa por ferrocarril para Zaragoza y todo el Bajo Aragón turolense, pero los historiadores achacan el fracaso que llevó a cerrar la línea en 1973 por su falta de rentabilidad a que se acabó tarde y mal, y nunca llegó a la costa. La Guerra Civil y la Batalla del Ebro le dio un impulso pero parece que ya fue demasiado tarde. La demanda en la zona y los esfuerzos de las instituciones están encaminados en los últimos años a recuperar el trazado como vía verde desde La Puebla Híjar, el kilómetro cero de esta línea. Y es que a la parte catalana del trazado adecuado como vía verde acuden cada año unos 40.000 visitantes.

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