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Jueves, 25 de abril de 2019
CULTURA

8/2/2019

Supernanny: “La estrategia no puede limitarse a prohibir, sin hablar ni negociar”

Casi 400 personas acudieron a la charla de Rocío Ramos-Paúl sobre jóvenes y alcohol
Miguel Ángel Artigas
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Rocío Ramos-Paúl, durante la conferencia que ofreció en el Teatro Marín de Teruel
Rocío Ramos-Paúl, durante la conferencia que ofreció en el Teatro Marín de Teruel

Casi cuatrocientas personas acudieron este miércoles al Teatro Marín de Teruel para asistir a la conferencia de Rocío Ramos-Paúl, la popular y televisiva Supernanny, que bajo en título ¿Por qué hablar de alcohol con mi hijo?, abordó el espinoso asunto del consumo de alcohol entre los menores de edad, y de las herramientas que tienen los padres para prevenirlo y evitarlo, así como la adicción en los hijos jóvenes mayores de edad. 

La conferencia se celebró dentro de la programación de la Escuela Municipal de Familias dentro del Plan de Prevención de Drogas, y en virtud del convenio entre el Ayuntamiento de Teruel y la Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE), que lleva a cabo una campaña nacional para evitar el consumo de alcohol entre los menores de edad y proveer de herramientas a los padres para saber cómo actuar. 

Rocío Ramos-Paúl ya pronunció una charla en el mismo sentido en septiembre de 2017. “La acogida de Teruel fue excelente y vino mucha gente. Aquella vez ya quedó implícito el acuerdo de repetirla, para que acudieran otras personas que no pudieron venir”. 

Según las estadísticas en España los jóvenes se inician en el consumo de alcohol antes de los catorce años. La edad es similar a la de países de nuestro entorno, lo cual es poco consuelo. “El alcohol en menores de edad debería ser cero, no solo porque está prohibido legalmente, sino porque tiene unos efectos en su salud y en su rendimiento escolar y personal absolutamente nefastos”, asegura la psicóloga. 

El gran problema al que se enfrentan los padres es la percepción que tienen los jóvenes del alcohol, para quienes es algo sin riesgos, de fácil acceso y completamente normalizado en nuestra sociedad, hasta el punto de que sus relaciones personales pueden verse afectadas. “Con el alcohol, el tabaco o el cannabis ocurre que el adolescente no le ve ningún riesgo. Un joven por naturaleza tiende a pensar que es inmortal y que puede hacer cualquier cosa sin consecuencias”, asegura Rocío Ramos-Paúl. “Nosotros tenemos que tener claro que no es así, que el alcohol conlleva muchos riesgos para la salud en un niño de 17 y muchos más en uno de 14, y también debemos asumir que hay que educar en eso a alguien incapaz de ver los riesgos a medio plazo”. “Un niño que bebe alcohol no es consciente de que es algo peligroso por mucho que se lo digamos, solo ve algo que siempre está presente cuando se lo está pasando bien”.

Supernanny también explicó en el Teatro Marín que cualquier padre y cualquier madre tiene que estar preparado para afrontar un momento en el que, casi necesariamente, el joven va a experimentar y va a consumir alcohol. “Pero eso es una cosa, previsible, que se puede encauzar bien y que no debe llevarnos a hacer un drama, y otra muy diferente es tener un hijo que esté de lunes a viernes pensando qué se va a poner, dónde va a ir y qué va a consumir el sábado. Que de repente baja su rendimiento escolar, que de repente cambia de amigos, que de repente deja las actividades deportivas o de ocio que solía hacer... es en ese caso cuando tenemos un problema”. 

Arraigo social

Según la experta una de las dudas que suelen plantear todos los padres es cómo vencer el arraigo social que tiene el alcohol en la sociedad a la hora de educar a sus hijos menores de edad para que no beban, cuando muchos de esos padres son consumidores. Rocío Ramos-Paúl explica que “el consumo que suele darse entre los adolescentes es el de beber hasta caerse, o hasta acabar con un coma etílico en algunos casos”. “Ese tipo de consumo no es aceptable a ninguna edad, desde luego, pero es que no es el único consumo posible. Los padres podemos educar no solo no consumiendo alcohol, sino haciendo un consumo responsable”, explica la psicóloga. “Al menor se le puede enseñar que, una vez alcanzada la mayoría de edad, es posible disfrutar de una copa de vino en la comida o de un gin-tonic en la sobremesa. Se le puede enseñar que el alcohol no se utiliza bebiendo hasta quedar sin sentido”. 

La campaña Menores ni una gota, que lleva a cabo la Federación Española de Bebidas Espirituosas y a través de la cual Rocío Ramos-Paúl ha escrito una esclarecedora guía para padres que puede descargarse gratuitamente en www.menoresniunagota.es, insiste en que el consumo está prohibido y es especialmente pernicioso entre menores de edad, aunque el objetivo último es educar a los jóvenes para que alcanzados los 18 años estos sean lo suficientemente maduros como para hacer un uso responsable del alcohol o de cualquier otra sustancia. “Cada persona alcanza la madurez en un momento distinto, pero hay que poner una edad determinada para votar, para conducir y para todo. Pero en general con 18 años el joven tiene una capacidad de autocontrol distinta a cuando tenía 14”. Otra cosa es como se llega a ese punto, y en ese sentido fueron muchos de los consejos que la psicóloga ofreció en Teruel, en cuanto a que no es eficaz  limitarse a prohibir sin más –ese discurso, tratándose de adolescentes o preadolescentes, está llamado al fracaso en la mayor parte de los casos–, sino que hay que enfocar esa tarea basándose en el diálogo, la comunicación y, en muchos casos, la negociación.

Se trata de alcanzar un equilibrio entre las pulsiones del joven y la responsabilidad educadora de los padres, que se extiende al alcohol, al cannabis, a los teléfonos móviles o cualquier otra cosa de la que se pueda abusar. “Abuso se produce cuando tu hijo deja de hacer cosas que hacía o que le gustaría seguir haciendo por algún tipo de consumo. Cuando esto sucede hay una adicción, y da igual que se llame alcohol, Fort Nite o lo que sea”.

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