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Jueves, 22 de agosto de 2019
BAJO ARAGÓN

23/3/2019

Un joven frustra un robo en Beceite cuando los ladrones desvalijaban el estanco

Es panadero y se topó de madrugada con tres individuos cuando se dirigía al horno
Maribel S. Timoneda
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Uno de los vehículos del Ayuntamiento que estaban cargados con los artículos de la tienda-estanco
Uno de los vehículos del Ayuntamiento que estaban cargados con los artículos de la tienda-estanco

Un joven panadero de Beceite frustró este jueves por la mañana un robo en la tienda-estanco del pueblo y en el Ayuntamiento. Tres ladrones tenían ya cargada una furgoneta municipal con distintos artículos del comercio y puestas las llaves en otro vehículo, cuando el joven Víctor Ibáñez se cruzó en su camino. El panadero, que se levanta de madrugada para hacer el pan, llamó la atención de los cacos y empezó a dar gritos para alertar al vecindario, lo que provocó que los tres ladrones, que iban encapuchados, huyeran a todo correr.

Ya tenían la furgoneta cargada. Los asientos de la parte trasera iban hasta arriba de productos que habían sustraído del Super La Lonja: botellas de alcohol, tabaco, detergente, cajas de chocolatinas aceite de oliva y otros artículos que vende esta pequeña tienda y estanco de Beceite. Pero no imaginaban los ladrones que a las cinco de la mañana aparecería por la calle un vecino que, lejos de huir del lugar, se enfrentaría a ellos y hasta los seguiría.

Víctor iba "medio adormilado", según relató a este periódico. Se había levantado como todos los días de madrugada para ir a hacer el pan y "a las cinco menos cinco" salió de su casa para acudir al horno, que dista varios cientos de metros de su domicilio. Al pasar por delante de la lonja vio que la puerta del supermercado y estanco estaba abierta y a continuación se encontró con un tipo "plantado con una caja en la mano". Lo saludó y siguió su camino. "Al ser el estanco, al principio pensé que estarían descargando tabaco”, detalló.

Sin embargo, se dio cuenta de que estaba equivocado cuando vio “el morro de una furgoneta de la que me sonaba la matrícula, y entonces me dí cuenta de que era uno de los vehículos del Ayuntamiento". El joven panadero cayó entonces en la cuenta de que no eran suministradores de tabaco, sino ladrones, así que primero les llamó la atención y después empezó a gritar todo lo que pudo para alertar al dueño del establecimiento que, totalmente ajeno al robo que estaba sufriendo, salió minutos después a la calle.

Con los gritos de Víctor, los ladrones huyeron. "Eran tres, el primero que vi delante de la puerta, otro que estaba dentro de la tienda y que salió al oír mis gritos y finalmente un tercero que estaba dentro de la furgoneta". El joven tuvo la sangre fría de seguirles un trecho, aunque finalmente desistió. "Dos de ellos huyeron calle abajo y uno hacia arriba", donde supuestamente tendrían aparcado el vehículo con el que habían llegado al pueblo.

El panadero explicó que no podría identificar a los ladrones. "Iban de oscuro y llevaban una capucha puesta, por lo que no les pude ver la cara". No obstante, Ibáñez está convencido de que "por el modo como corrían y la agilidad que tenían, eran jóvenes; les echo unos 30 años, dos muy delgados y otro un poco más recio", detalló.

Mientras hablaba con este periódico reflexionaba sobre la temeridad de enfrentarse a los tres cacos. Su madre, por teléfono, reconvenía su actitud: "Le podrían haber dado una paliza", decía. Sin embargo, Víctor asegura que no se paró a pensar en el peligro. "He ido hacia a ellos y los he seguido porque tampoco lo pensé, simplemente bajaba medio adormilado, sin ni siquiera haberme tomado ni un café, como hago todos los días a la misma hora, y me he topado con la situación". De ahora en adelante "iré con una barra de hierro en la mano, por si acaso", bromeó.

Los ladrones huyeron sin su botín. Dentro de la furgoneta de servicios que tenían aparcada delante del Super La Lonja tenían cargadas botellas de detergente, de tabaco, garrafas de aceite de oliva, alcohol y cajas de chocolates de distintas marcas. 

La tienda no pudieron abrir por la mañana. "Nos han dejado la tienda destartalada, con todo tirado por el suelo y no hemos podido empezar a vender porque estamos esperando que venga la Guardia Civil", comentó la dueña del establecimiento, quien recodaba que "hacía años que no nos robaban". Tampoco se explicaba la mujer cómo los ladrones habían podido forzar la "puerta de hierro, con barra por detrás", que tiene la tienda, sin hacer ruido ni despertarles.

Víctor Ibáñez terminó frustrando un robo que podía haber sido mucho mayor de lo que había cargado en el coche de servicios del Ayuntamiento. No en vano, el alcalde, José Enrique Celma, comentó que una segunda furgoneta del Ayuntamiento que estaba aparcada en la plaza tenía las llaves puestas, por lo que creen que "también se la hubieran llevado de no ser por la actuación" del joven panadero.

Iglesia y guardería

Tras una primera inspección ocular, la Guardia Civil ha iniciado una investigación para esclarecer el intento de robo. De momento, todavía desconocen si los ladrones entraron en el Ayuntamiento por una ventana o por la puerta principal. Ambas estaban forzadas. Sí está claro que, una vez dentro, los cacos lo tuvieron muy fácil, porque en las dependencias municipales estaban colgadas las llaves de los dos vehículos y de la iglesia, en la que también entraron. Según el párroco de la localidad, José Orlando, "los ladrones no se pudieron llevar dinero, porque no hay dinero, pero sí que lo dejaron todo revuelto dentro de la sacristía". Tampoco hubo profanación de objetos religiosos, porque en el suelo solamente estaban los manteles, entre los que estuvieron buscando, suponemos que por si había dinero", añadió.

Lo mismo ocurrió en la guardería municipal, que amaneció con las instalaciones revueltas, pero en la que tampoco faltaba nada.

El Ayuntamiento tendrá que sustituir las cerraduras de la puerta principal y las de los despachos, pues todas están rotas. "Toda la documentación está revuelta y tirada por el suelo, pero no teníamos nada de valor. Los ordenadores tampoco los han tocado", contabilizó el alcalde, quien valoró la intervención del joven panadero: "gracias a él nos hemos librado de un robo". 

Los ladrones se llevaron del Ayuntamiento un monedero con unos 50 euros que tiene la secretaria del pueblo para sus gastos y dinero en metálico que no iría más allá de los 20 euros, según relató ella misma. “Más no, porque en el Ayuntamiento no solemos tener dinero, porque no cobramos nada aquí", dijo.

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