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Lunes, 24 de junio de 2019
CULTURA

3/4/2019

El arte contemporáneo sale de los museos y se inserta en el territorio

Cuevas de Cañart acogió la cuarta edición del programa 16 Destinos y Punto de Encuentro
Miguel Ángel Artigas
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Darío Escriche durante su intervención artística Crediz en el Convento de los Servitas de Cuevas Cañart
Darío Escriche durante su intervención artística Crediz en el Convento de los Servitas de Cuevas Cañart

La localidad de Cuevas de Cañart se convirtió durante el pasado fin de semana en un museo vivo de arte contemporáneo, durante la cuarta edición del Programa de Arte Comunitario 16 Destinos y Punto de Encuentro que organiza la Comarca del Maestrazgo con la colaboración de alumnos de Bellas Artes del Campus de Teruel. Un museo diferente que contó con doce intervenciones artísticas, algunas efímeras y otras que permanecerán allí en el futuro, que no solo se abrió al público sino que lo integró y lo convirtió en parte de la obra y del proceso creativo. 

Este programa, comisariado por la profesora de Bellas Artes Rocío Garriga y Sofía Sánchez, de la Comarca del Maestrazgo, consiste en un fin de convivencia en alguno de los pueblos del territorio –anteriormente se ha desarrollado en Cantavieja, Villarroya y Bordón– entre vecinos de cada localidad y estudiantes de Bellas Artes, que desarrollan in situ un proyecto artístico relacionado con el pueblo y sus habitantes. El programa incluye además actividades para que la relación entre ellos sea realmente efectiva, como un taller sensorial abierto a todo el mundo o un café tertulia en el que se explican las intervenciones artísticas y se organiza la colaboración de los vecinos, que habitualmente es imprescindible en muchos de los happening, performances o piezas físicas que se realizan. 

La primera intervención artística comenzó a desarrollarse durante los talleres sensoriales del sábado por la mañana, diseñados por Rocío Garriga y David Galindo. María García realizó durante esos talleres cerca de treinta piezas de escayola que simbolizar la unión del pueblo, la misma unión que logró que Cuevas de Cañart no se convirtiera en barrio cuando perdió su Ayuntamiento y consiguiera el estatus de Entidad Local Menor. La estudiante realizó las piezas utilizando como moldes los huecos que quedan entre las manos de las personas que allí formaron un círculo estrechándoselas. Posteriormente unió las piezas con cuerda y se instaló en el Centro de Interpretación de Cuevas sobre la maqueta del pueblo, simbolizando precisamente esa unidad.  

La segunda intervención que se estrenó fue Mapa celeste, de Yaiza Gimeno. A través de unas 170 fotografías logró hacer una composición del perímetro del Convento de los Servitas que plasmó en el papel con el fondo del cielo con la técnica de chroma, llamando la atención entre otras cosas de la falta de techo del templo. 

La última intervención del sábado fue La luz y la vida de Ignacio Lana. Cada año el proyecto tiene una temática general, y en esta ocasión se refería a la espiritualidad y las creencias. Lana entiende la espiritualidad como la vida, e identifica la vida con la luz. Así que, con las últimas luces del día, llenó una de las calles del pueblo con velas encendidas que delimitaban un recorrido, y al final de la misma sobre un tronco de árbol una cúpula llena de cera y de velas de colores escondía una manos que sujetaban un bebé. 

El domingo comenzó con la performance de Xavier Alcácer, uno de los artistas no estudiantes invitados al ciclo 16 Destinos. Junto a Álvaro Terrones, son los únicos profesionales que, desde hace dos años, participan. “Son muy buenos haciendo performances”, explica Rocío Garriga, “y dado que este lenguaje es a veces más complejo que otros nos gusta que sean ellos quienes introduzcan este tipo de obras en las intervenciones”. 

Alcácer ofreció en Al-manaahk una propuesta relacionada con el clima y las creencias populares del Maestrazgo relacionadas con él. Empleó elementos simbólicos como el hielo o trigo, dibujo una constelación en el suelo y recreó ritos que se utilizaban para apaciguar los efectos de una tormenta, como situar cuchillos en el alféizar de la ventana apuntando hacia la nube. 

Crediz, de Darío Escriche, fue una de las intervenciones más espectaculares por su tamaño. Preocupado por el vínculo con la naturaleza, Escriche situó un enorme chopo cabecero muerto en el centro del Convento de los Servitas. Otros cuatro troncos a su alrededor simbolizaban los cuatro elementos; tierra, agua, aire y fuego, y mientras ardía este último, Escriche cortó con una motosierra el chopo y fue desvelando que en su interior había colocado un árbol vivo, conectado los elementos de la naturaleza, la vida y la muerte. 

De ahí el grupo de artistas y vecinos –que iban dotando de contenido al museo al aire libre paulatinamente– marcharon al Lavadero, donde Sabrina Spinoso ofreció Jaboneta, un singular y divertido happening. Su intención era recrear la costumbre de ir a lavar ropa al lavadero y convertirlo en un lugar de acción social pero actualizándola. El día anterior se había hecho cómplice de las mujeres de Cañart, que trajeron ropa para que fueran los hombres del pueblo quienes la lavaran.

En el Ayuntamiento se instaló Metidos en Harina, una pieza en la que Uxue Celayeta reflexionaba sobre aquello que nos robaba la espiritualidad, entendiendo por ella el cultivo de nuestras relaciones afectivas. Repartió entre sus compañeros y vecinos de Cuevas 30 delantales cosidos por ella misma con ayuda de su madre, para que todo el mundo escribiera en ellos aquello que les impedía dedicar tiempo y esfuerzo a mejorar su relación con los demás. Con las treinta piezas construyó una instalación que se instaló en plena calle. Junto a ella también se situó un rollo de papel continuo que colocó la asociación El Morrón, que ha colaborado muy activamente con esta cita. Al desarrollarse la cita el mismo día que la manifestación de la España Vaciada en Madrid, todo el mundo aportó su granito de arena escribiendo frases e impresiones con respecto a Teruel Existe. 

En plena calle también se situó una instalación inspirada en la leyenda de las monjas concepcionistas de clausura, que según esta tenían tanta devoción y tanta resistencia a la tentación y el pecado, que ni cuando salían a la calle para marchar de algún pueblo a otro, único momento en el que salían a la calle, volvían la cara hacia sus familiares para mirarles. Sandra Hernández cogió esa historia y construyó una  Calle de las Tentaciones, en la que los asistentes eran invitados a pasar resistiendo –o no, según su decisión– a las tentaciones que les salían al paso en forma de espejos, de dulces, de cócteles o de juguetes, entre otras cosas.

Y en el antiguo Convento realizaron los cinco niños que asisten al colegio de Cuevas su instalación, Al calor de una vela, con figuras y forman que aludían a alguna forma de espiritualidad talladas en grandes velones que fueron instalados sobre el altar del templo.

Ese altar sirvió para oficiar la boda más peculiar de la historia de Cuevas de Cañart, la de Álvaro Terrones y un pez, en su propuesta titulada Está usted invitado/a. Se recrearon todos los pasos tradicionales de una boda en los que participaron todos los vecinos del pueblo y estudiantes; ceremonia, cantos, lanzamiento de arroz, beso entre unos emocionados Álvaro y su pez, y sesión de fotos con todos los invitados. 

 El antiguo horno de pan era un lugar muy emblemático del pueblo porque todo el mundo se encontraba allí a la hora de comprarlo, y fue escenario de las dos últimas intervenciones artísticas. Alberto, de la Asociación El Morrón, facilitó a Manuel Pascual un archivo de más de 30 fotos antiguas de vecinos del pueblo sin identificar que ella amplió y situó en el lugar, para que la gente las identificara. Fue uno de los momentos más emocionantes del día, y todas las personas que aparecían en los retratos fueron identificadas. Sus familiares o quienes dieron con su identidad pudieron quedarse con las ampliaciones con una condición. Debían contar cosas sobre ella, sobre cómo eran o lo que hacían, recuperar su memoria oralmente. “Esas historias que se contaron se grabaron en un archivo de audio que fue regalado a El Morrón y al pueblo. 

Mural colaborativo

La última parada tuvo lugar en la parte trasera del horno, con La luz que nos alimenta de Ignacio Simón. Sobre una pared de cemento gris el estudiante pintó un mural con una imagen del antiguo obrador del horno, con ayuda de los niños del pueblo que arrimaron el hombro incluso a pesar de la lluvia. 

Desde la organización se calificó de éxito la experiencia, que cada año va a más, no solo en número y calidad de las instalaciones artísticas sino en cuanto a la implicación de los vecinos del pueblo. “La gente hace que el ambiente sea extraordinario y todo funciona de maravilla, porque es algo profundamente colaborativo”. Los estudiantes de Bellas Artes se esfuerzan por hacer comprender la naturaleza del arte contemporáneo a los vecinos de la localidad, y por que sus propuestas hablen de su pueblo, de sus costumbres y de su patrimonio, y los habitantes de Cuevas de Cañart se esforzaron por abrirse al arte contemporáneo, que no siempre es fácil. “En los talleres sensoriales que hacemos al principio del fin de semana se trabajan los sentidos, el intelecto y los afectos”, explica Garriga. A través de los sentidos nos llegan los estímulos, y el intelecto es necesario para interpretarlos. Hasta ahí todo normal, pero además son necesarios los afectos, que se definen como la capacidad de permitir que los estímulos nos lleguen en condiciones, de predisponernos a empaparnos. Un acto voluntario que, salvando las diferencias, equivale a algo así como salivar antes de una buena comida. 

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