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Domingo, 25 de agosto de 2019
CULTURA

8/4/2019

El escritor y crítico literario Raúl Carlos Maícas presenta su nueva novela: “Lo verdaderamente importante es que cuando escribo me siento mejor persona”

Llevar un diario es ideal para esta época de vértigo vital que padecemos a todos los niveles
Miguel Ángel Artigas
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El turolense Raúl Carlos Maicas, durante la presentación de uno de los números recientes de la revista literaria Turia. M. Artigas
El turolense Raúl Carlos Maicas, durante la presentación de uno de los números recientes de la revista literaria Turia. M. Artigas

El turolense Raúl Carlos Maícas presentará este lunes, a partir de las 19.30 horas en la Cámara de Comercio de Teruel La nieve sobre el agua (Fórcola), la tercera entrega de una serie de diarios que, después de Días sin huella (1998) y La marea del tiempo (2007), siguen aportando nuevas perspectivas a la visión del autor de Teruel, sus personajes y sus historias, fundidas con reflexiones sobre multitud de temas de plena actualidad. 

Los escritores y críticos literarios Mercedes Monmany y Manuel Rico acompañarán al autor durante la presentación, que cuenta con el apoyo del Instituto de Estudios Turolenses y contará también con la participación del director de Fórcola Ediciones, Javier Jiménez. 

- ¿’La nieve sobre el agua’ sigue la línea de ‘Dias sin huella’ y ‘La marea del tiempo’ desde un punto de vista únicamente cronológico, o su continuidad va más allá, en cuanto a la temática o la pertinencia de los textos?

- Leer y escribir son, en mi caso, un proyecto de vida. No vivo sólo para ejercer esas tareas, pero llevar un diario y dirigir la revista Turia forman parte de ese compromiso con la creatividad y con la acción cultural que vengo practicando desde hace décadas. Y es que, si no recuerdo mal, desde los quince años he escrito y publicado regularmente en los periódicos. Dice Luis Landero que todos tenemos nuestro escaparate y nuestra trastienda. Por tanto, y desde esa perspectiva, Turia sería fruto de mi apuesta por quedarme aquí y contribuir a visibilizar Teruel, por demostrar que es posible fomentar revistas culturales atractivas, universales e integradoras desde un lugar más allá de Madrid o Barcelona. Y junto a esa labor más pública, uno cultiva como pasión secreta y desde siempre la escritura diarística. Un género, sin duda minoritario en España, pero que me gusta como lector y en el que me encuentro muy cómodo. 

- ¿Los textos de ‘La nieve sobre el agua’ son unitarios e independientes, o forman un continuo dentro de la obra, sin cuya unidad dejan de tener sentido?

- Cada uno de mis textos diarísticos tiene vida propia, puede ser leído sin tener en cuenta al resto. No olvidemos que, por ejemplo, La nieve sobre el agua se publicó fragmentariamente en distintos números de la revista Turia. Mis diarios son, por otra parte, un calendario sin fechas. Se adaptan bien a esta vida estresante que llevamos casi todos, permiten dedicar a la lectura unos pocos minutos o un tiempo más largo. Son, como diría Carmen Martín Gaite, un cuaderno de todo. Es el género literario en el que me siento más satisfecho. Tampoco mi vida laboral y personal me permitiría otras dedicaciones más intensas y prolongadas como las que requiere la novela. Llevar un diario, o leer los que escriben otros, es ideal para esta época de vértigo vital, de precariedad, que padecemos a todos los niveles. 

- Define sus textos como volterianos… ¿A qué se refiere  exactamente? ¿Tratan de recuperar de algún modo la vocación ilustrada, la fe en el ser humano o en el progreso, o ese calificativo va por otros derroteros?

- Siempre he sido un afrancesado, alguien próximo a los postulados de la Ilustración que defendieron autores como Voltaire. Siento afinidad hacia ellos porque fueron una cofradía de ilustrados pragmáticos y comprometidos.  De ahí que me reivindique como un escritor de diarios un tanto volterianos, es decir, razonada y radicalmente críticos con la estupidez circundante, los fanatismos y los dogmas de obediencia ciega.  Además no podemos olvidar, como nos recuerda Fernando Savater en su Diccionario filosófico, que “la obra maestra de Voltaire fue la invención del intelectual moderno, un oficio que toma algo del agitador político, bastante del profeta y no poco del director espiritual”. 

- ¿Por qué utiliza precisamente el género literario del diario, y qué diferencias principales estableces tú con respecto a otros, como el ensayo más convencional?

- Sobre la liturgia y los motivos de llevar un diario he reflexionado mucho. En La marea del tiempo ya expliqué que los diaristas trabajamos desde la escritura para cambiar las cosas, o cuando menos, para que nuestra salud artística e intelectual no naufrague en la ciénaga de la realidad, de la sumisión o en el nihilismo más improductivo. Además, nadie mejor que el escritor de diarios para contarnos cómo se ve y cómo nos ve. Porque, frente a la temeridad de guardar silencio o zambullirse sólo en la narración de mundos imaginarios del ayer o del futuro, nada mejor que la escritura del diario para explicar la vida y trascenderla. 

- Ha escrito que la novela es un género que “sufre síntomas de agotamiento o reiteración”. ¿Está la novela agotada o próxima a extinguirse? ¿Hay que reinventarla de algún modo?

- Hay un cierto tipo de novela, mayoritario en la industria editorial y que goza del favor de un amplio público, que no me interesa aunque reine en la listas de más vendidos y obtenga todo tipo de premios más o menos vinculados a esa industria. Son productos prefabricados, con los ingredientes básicos idóneos para gustar a un lector poco exigente, que sólo piensa en evadirse un rato. Son casi infinitos los cultivadores y clientes de novelas meramente históricas, de intriga o policíacas, románticas o eróticas, testimoniales, etcétera, que parecen escritas bajo idénticos algoritmos o similares estrategias de marketing.   

Por el contrario, existe otra clase de novelas más arriesgadas y originales, hacia las que siento más afinidad. Una obras que, incluso las grandes editoriales comerciales, etiquetan ya como novelas literarias en un intento de subrayar su supuesta excelencia. En estas otras novelas sí que se producen novedades temáticas dignas de ser tenidas en cuenta y un uso del idioma más esforzado y enriquecedor. Afortunadamente, novelas como Patria, de Fernando Aramburu, y Ordesa, de Manuel Vilas, nos reconcilian con la mejor narrativa en español y nos indican que no todo está perdido. Que aún es posible aunar calidad literaria con éxito de ventas. 

- ¿Qué prima entre los textos de la obra? ¿La descripción de lugares o personas, la narración de hechos, la reflexión introspectiva…? ¿Hay elementos de ficción, o ficcionados sobre una base real?

- En La nieve sobre el agua el lector encontrará un poco de todo: apuntes, desvaríos, lecturas, crónicas, desahogos, visitas a exposiciones y hasta aforismos. Este libro es breve en paginación pero espero que intenso y nutritivo, admite todo menos la indiferencia. Es como una pequeña tienda de ultramarinos, o sea, algo artesanal pero al mismo tiempo auténtico. No son unos diarios enciclopédicos, indigestos, abrumadores de paginación y repletos de ofertas de contenidos. Ya he dicho que rechazo a aquellos que  consideran a la literatura como una gran superficie comercial en la que primase la cantidad sobre la calidad. 

- ¿Su perspectiva en la obra es melancólica, catastrofista, escéptica, sarcástica, objetivista, o no hay un estado de ánimo concreto a la hora de abordar los textos?

- Cada día tiene su afán. Y así cada texto resulta diferente, aunque pueda existir cierto tono general, una perenne mirada crítica sobre la realidad y sus protagonistas. Se dice en la cubierta del libro, y es verdad, que el oficio de escribir un diario es una “tarea íntima que consiste en conocerse mejor” y, también, en ponerse “al servicio del combate, ingenioso y sin complejos, contra la vileza”.  

- ¿A qué público se dirige fundamentalmente ‘La nieve sobre el agua’?

- A todo tipo de lectores cómplices. Y, sobre todo, a aquellos buscan sumergirse en un libro dispuesto a ofrecer opiniones contundentes, subterráneas ironías y entusiasmos reivindicativos sobre cuanto nos pasa. Y que aspira a hacerlo con un poco de literatura, cuidando las palabras que se utilizan. 

- ¿Tendrán continuidad estos diarios en nuevos libros, al margen de que sigan siendo publicados regularmente en la revista cultural Turia?

- No soy muy prolífico en cuanto a número de libros publicados: tres volúmenes de diarios en treinta y cinco años no es una cifra muy llamativa. Hay que tener en cuenta que llevo toda una vida vampirizado por la gestión cotidiana de esa milagrosa y maravillosa aventura llamada revista Turia. Más aún desde que, en 2008, nos afectó de lleno una crisis económica de la que aún no nos hemos recuperado. Por esa razón, tanto ayer como hoy, dedico la mayor parte de mis energías a que sobreviva la publicación periódica que fundé en 1983. Sobre todo en unos tiempos como los actuales, tan convulsos para la financiación de la cultura. No obstante, sigo ejerciendo de escritor de diarios y habría ya varios títulos más esperando un buen editor independiente. Ahora, por ejemplo, me enorgullece que La nieve sobre el agua lo publique un sello como Fórcola. Pero no me importa llevar este ritmo lento. Ya hay demasiados libros prescindibles y, además, mi prioridad siempre será Turia. Lo único que verdaderamente importa es que cuando escribo me siento mejor persona. 

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