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Sábado, 24 de agosto de 2019
CULTURA

9/6/2019

El Histórico Provincial de Teruel reivindica su papel en el Día Mundial de los Archivos

Una docena de personas acudieron a la jornada de puertas abiertas que organizó la institución
Miguel Ángel Artigas
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Algunas de las personas que realizaron la visita del Día de Puertas Abiertas en el Archivo, contemplan varios de los documentos que se conservan. M. A.
Algunas de las personas que realizaron la visita del Día de Puertas Abiertas en el Archivo, contemplan varios de los documentos que se conservan. M. A.

Una docena de personas acudieron al Archivo Histórico Provincial de Teruel que ofreció una visita guiada por sus instalaciones, con motivo del Día Internacional de los Archivos. Allí comprobaron el mimo con el que se trabaja no solo para que una ingente cantidad de información se conserve en buen estado, sino además para que esté perfectamente accesible para todo el mundo. 

Los visitantes presenciaron en primer lugar un audiovisual con una síntesis de la historia de Teruel a través de algunos de los documentos históricos que se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Teruel. Desde documentos fechados durante la época del Concejo y relacionados con el Fuero medieval hasta las primeras emisiones de Radio Nacional de España, que comenzó a instalarse en la capital en 1948, pasando por la Pragmática Sanción que se recibió de Fernando VII por la cual se abría la posibilidad de que reinara su hija Isabel; actas del periodo revolucionario de 1868 que desembocó en la I República Española, documentos relacionados con las explotaciones mineras de la provincia, con el convulso periodo de la II República y los tres procesos electorales que tuvieron lugar antes de la guerra, y planos o informes de Regiones Devastadas que se levantaron durante la reconstrucción de la ciudad en la posguerra. 

Además María José Casaus, responsable del Archivo Histórico Provincial de Teruel, y la archivera Lola Auré, acompañaron a los visitantes a las tripas del archivo, la planta baja donde se custodian los documentos en tres grandes salas. Pasada una pequeña puerta semicircular denominada el Muelle, por donde entran todas las cajas de documentos, se conservan en sus dependencias. Auré explicó el ingente trabajo de clasificación y organización de los archiveros, ya que en demasiadas ocasiones los documentos llegan mezclados, sin una relación que explique qué es lo que son y metidos en cajas de cartón. Mucho del material que llega a un archivo son documentos procedentes de las administraciones públicas, que son una de las instituciones que mayor cantidad de registros producen y que más interés histórico pueden tener en el futuro. En los últimos tiempos ese tipo de documentación, que ha dejado de tener uso vigente hace poco tiempo, llega desde su fuente bien clasificado e identificado, “aunque no siempre es así”, explicó Auré, y sobre todo en los archivos pequeños como el de Teruel siguen llegando grandes paquetes de documentos esperando a que alguien los ordene, clasifique y conserve. 

“¿Acaso se guarda todo?”. Esa pregunta surgió durante la visita, y la archivera explicó que aunque la vocación es de guardarlo todo, hay una Comisión Calificadora de Documentos que es la que determina si los archiveros deben deshacerse de algún tipo de documentos. “Aunque hay cosas que es obvio que no es necesario conservar”, añadió Auré. “Si llegan muchas copias de formularios en blanco, para rellenar, no es necesario guardarlas todas, o si un documento llega con diez copias, seguramente será suficiente con conservar dos de ellas”. 

No obstante, Lola Auré aseguró que muchos documentos que hoy en día pueden no tener absolutamente ningún valor pueden ser de interés en el futuro. Como ejemplo puso las recetas médicas usadas. “Ahora no sirven para nada, pero dentro de unos años pueden ser muy útiles para realizar estudios sobre el consumo de determinados medicamentos, por ejemplo”.

La visita acabó echando un vistazo a una serie de documentos seleccionados y expuestos por el personal del Archivo, por su especial interés, en una de las salas de consulta. Documentos de todas las épocas, como una colección de revistas Fotogramas, emisiones radiofónicas de Radio Teruel en 1967, un expediente judicial de 1927 en el que se observa la radiografía de un brazo con una bala alojada en el codo, y que entre sus folios conserva incluso, envuelta en una bolsita de papel, el propio proyectil; un Alcorán o libro de crónicas en el que se narra lo más importante que sucedió en Teruel entre el siglo XIII y el XVIII; un libro donde se relata el nombre de todos los jueces desde el siglo XII al XIV; o el Fuero Latino que fue concedido a Teruel en el s. XIII, entre otros muchos tesoros. 

Un trabajo ingente

Este año el Día Internacional de los Archivos, que se celebra en todo el mundo, ha querido redundar en mayor medida en la propia figura del archivero y en sus funciones, ya que más que ningún otro profesional están en el centro de la revolución tecnológica que se ha llevado a cabo en las últimas décadas en cuanto a los nuevos formatos de conservación, codificación y recuperación de información. Toda la información que se custodia en los Archivos aragoneses está a disposición del público, no solo de forma presencial sino también telemáticamente a través de www.dara-aragon.es, donde son accesibles a golpe de click de forma gratuita. “Pero la sociedad tiene que saber que para que eso suceda hay un montón de gente trabajando y clasificando”, explica la responsable del Archivo Histórico Provincial de Teruel. “No hay que pensar que esto es un sitio donde se guardan papeles y más papeles sin más. Todo obedece a unos procesos de transferencias de documentación, con unos esquemas de organización muy estrictos”. En este punto hay que hacer una pequeña salvedad. A través del servicio Dara se pueden consultar documentos procedentes de casi un centenar de instituciones públicas y privadas aragonesas, ayuntamientos y donaciones privadas. En total unos 230.000 documentos digitalizados, 750.000 descripciones de documentos o 183.000 fotografías históricas, por citar algunos. Pero a través de internet no se puede consultar todos los fondos guardados en los Archivos, ya que hay documentos sobre temas sensibles, relacionados con menores de edad o con ciertos delitos, por ejemplo, que están protegidos. En ese caso se opta por no divulgarlos en internet, aunque pueden consultarse libre y gratuitamente de forma presencial en las instalaciones del Archivo, argumentando una razón apropiada como un estudio o una investigación académica o privada.

En cualquier caso, Casaus hizo notar que desde la puesta en marcha de Dara las consultas por parte de los particulares a los archivos se han multiplicado exponencialmente. La facilidad y la rapidez, unidos al hecho de no tener que desplazarse físicamente a las instalaciones del archivo y de poder consultar varios archivos desde un único punto ha facilitado enormemente el trabajo de búsqueda de información. “Y eso ha hecho que nuestro trabajo tenga muchísima más repercusión en la sociedad”, explica la archivera. 

En la sala donde ayer se expusieron parte de los fondos también podían verse parte de la maquinaria que se ha utilizado en ese trabajo de archivo de la documentación. Desde una vieja máquina de escribir mecánica hasta un ordenador personal conectado a Internet a través del cual se puede consultar cualquier documento que se encuentre en el archivo, pasando por una máquina de las que se utilizaban para ver microfilms, el soporte que se utilizaba durante los años 80 y que permitieron conservar documentos en un formato que ocupaba poco espacio y se conservaba con relativa facilidad. 

Hoy en día se conservan esos microfilms aunque todo se vuelca a formato digital, que todavía ha reducido más el tamaño físico y que además ha revolucionado el sistema de búsqueda y recuperación de información, ya que con un buscador podemos encontrar en segundos una referencia textual que podría costar días hallar en microfilms. Por el momento es el último capítulo de la revolución tecnológica sobre la conservación de información que comenzó con la escritura cuneiforme sobre barro en el 3.300 a.C. ¿Pero hemos llegado al final de ese proceso?  “Por supuesto que no”, afirma categórica María José Casaus. “Dentro de quince años nos reiremos de los formatos que utilizamos ahora mismo... o dentro de quince días, quien sabe”. Los codecs y formatos de codificación digital van cambiando, haciéndose más ligeros y eficaces, pero con la desventaja de que las herramientas capaces de decodificarlos se quedan obsoletas con idéntica celeridad. Por citar un ejemplo, los archivos de mapa de bits BMP que sirven para guardar fotografías sin comprimir están cada vez más en desuso, pero prácticamente cualquier ordenador actual es capaz de leerlo, y dentro de unos años no será difícil encontrar en internet algún emulador para hacerlo. Sin embargo quien tenga grabado en una cinta de cassete magnético un documento que escribió en Basic en un Amstrad CPC de 8 bits de finales de los años 80 –tampoco hace tanto–, deberá invertir bastante esfuerzo y probablemente dinero para recuperarlo y migrarlo a otro formato más actual, si es que lo consigue. 

“Todas las fotografías que guardamos están digitalizadas de forma que tú, en tu casa o en La Coruña, te la puedes descargar e imprimir. Pues cada cierto tiempo tenemos que cambiar los formatos, y esto se paga con los impuestos de todos, porque van cambiando, porque cada vez pesan menos, y porque un formato muy popular en un momento dado puede que ya no haya ningún aparato capaz de leerlo dentro de pocos años”, explica Casaus. Esto provoca que prácticamente nunca se finalice el trabajo de ir actualizando formatos para todos los documentos conservados. 

Y esto en lo que se refiere al idioma en el que están codificados. Si hablamos de formatos es otra historia, porque de la misma forma que el papel se degrada con el paso de los siglos, cualquier soporte digital termina destruyéndose –en un plazo de tiempo mucho menor– incluso si no se utiliza. Y muchos de los documentos conservados lo están en cintas de cassete, CD, vinilos... “Si alguien quiere consultar este tipo de información se tiene que traer su propio reproductor, porque nosotros necesitaríamos toda una sala solamente para guardar todos los diferentes reproductores de los distintos soportes que han existido durante las últimas décadas”, explica Casaus. 

Ni siquiera –o quizá habría que decir mucho menos– la nube ofrece garantías, porque esa nube son servidores y ordenadores situados en algún punto del planeta que no son indestructibles ni están exentos de poder sufrir un incendio y perder la información que guardan por completo. “Nosotros tenemos que asegurarnos muy mucho de en manos de qué empresa se deja todo esto. Porque al final son empresas privadas y por diversas circunstancias pueden cerrar”. 

Y es que la conservación de la memoria a largo plazo tiene más miga de lo que parece. Si no tomamos precauciones y actualizamos periódicamente los cientos de fotografías que tomamos al año con nuestro móviles llegará un día en el que no podremos verlas, bien porque el archivo se habrá degradado, bien porque los móviles del futuro no leerán los antiguos formatos digitales fotográficos. Aunque siempre nos queda el recurso romántico de imprimirlas. “Una fotografía impresa en un buen papel durante los años 40, y conservada en buenas condiciones, puede verse hoy casi exactamente igual que cuando fueron tomadas”, asegura María José Casaus. Ningún soporte digital actual aguanta, sin ser actualizado, ni una cuarta parte de ese tiempo.

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