Diario de Teruel
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Domingo, 8 de diciembre de 2019
RINCÓN DE LA PSICOLOGÍA

15/11/2019

Navegando entre emociones: ¿Tu barco se ha hundido alguna vez?

Grupo Psicara
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Por Noelia Ferrer Ber

Bienvenidos al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, los psicólogos y psicólogas de PSICARA (Psicología Aragonesa en Acción) abordamos curiosidades relacionadas con la psicología, y donde hoy trataremos de identificar las emociones que existen y sentimos. ¿Cómo está nuestro estado emocional? 

Imagínate que eres un gran barco, el cual navega incansablemente afrontando los obstáculos que la vida te va poniendo en tu camino. A veces, la mar está calmada y tranquila, por lo que es fácil navegar, pero otras, está revuelta y agitada. Para que nuestro barco no se hunda y “llegue a buen puerto”, siendo capaz de enfrentarse a la mar agitada, tenemos a nuestra disposición una gran variedad de emociones, las cuales nos van a proteger, hacer de soporte y guiar en nuestra travesía.  Las experiencias que vamos viviendo ponen a prueba las fortalezas y habilidades emocionales que poseemos. 

¿Sabes cuántas emociones existen? ¿Cuántas serías capaz de nombrar? ¿seis? ¿doce? ¿quince? ¿veinte? ¿treinta? Hay autores que afirman que existen alrededor de 500 emociones. Para el estudio de las emociones, se realiza una división. Por un lado, estarían las emociones básicas y por otro, las emociones complejas. El primer grupo serían seis emociones: miedo, enfado, asco, tristeza, alegría y sorpresa (fáciles de identificar, ¿no?). Éstas se caracterizan por ser universales, transculturales, innatas, con un patrón de activación propio y con una función adaptativa. Necesarias para la supervivencia. El segundo tipo de emociones se les denomina complejas, ya que son la combinación e intensificación de varias emociones básicas. Éstas surgen a través del aprendizaje y de la experiencia personal y dependen de la cultura y del ambiente. Su función también es adaptativa. Algunos ejemplos de emociones complejas podrían ser: frustración, euforia, rencor, celos, envidia, terror, nostalgia, vergüenza, soledad, orgullo, confusión, serenidad, alivio, timidez, amargura, amor, asombro, preocupación, empatía, remordimiento, felicidad, hostilidad, etc. Todos y todas las hemos experimentado alguna vez en la vida. 

Y, ¿sabías que nos es más fácil identificar las emociones que nos producen malestar que las que nos son agradables? Disponemos de más vocabulario para las primeras, además, éstas suelen ser más intensas y duraderas por lo que nos es más fácil identificarlas. Antes de seguir hablando de ellas, sería conveniente intentar explicar qué es una emoción, aunque hay que destacar que no existe un consenso claro sobre su definición. La RAE propone la siguiente: “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa que va acompañada de cierta conmoción somática” o “interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo”. Mientras que algunos autores proponen definiciones como: “la emoción es un proceso psicológico multidimensional: subjetivo, biológico, propositivo y social que nos permite adaptarnos a nuestro entorno físico y social. Afecta a nuestro pensamiento y comportamiento, nos motiva y expresa nuestros motivos internos”.

Las emociones, además de tener una función adaptativa para la supervivencia, nos hacen huir del peligro y acercarnos a lo que nos resulta placentero. También tienen funciones sociales, como la de comunicar nuestros sentimientos, regular el modo en el que interactuamos con los demás y facilitar la interacción social. Son fundamentales para crear, mantener y disolver nuestras relaciones sociales. ¿Cómo podría existir una buena comunicación si no sabemos lo que está sintiendo la otra persona? 

Es importante, que, desde pequeños, sepamos ubicar correctamente estas emociones en nuestras vidas: identificándolas, expresándolas y entendiéndolas. Las emociones no podemos controlarlas, evitar que salgan o cuando salgan reducirlas al instante. Debemos aprender a convivir con ellas y responder de manera adecuada ante ellas para que “nuestro barco” no se hunda.

Cuando tenemos problemas para regular nuestro sistema emocional podemos llegar a explotar, como si fuéramos una olla express, ¿puedes imaginártelo? Ponte en la situación de que ahora mismo eres una olla, la cual vive diferentes tipos de experiencias, algunas buenas y otras malas. Todas las experiencias te producen emociones y sentimientos, los cuales se van guardando dentro de la olla. Puede empezar a llenarse de emociones que producen malestar por la situación que estamos viviendo. Lo ideal sería ir sacando poco a poco lo que nos pasa. Pero si empieza a acumularse todo dentro de la olla, llegará un punto, en el que rebosará el límite, y todo lo que tenemos guardado saldrá de una forma explosiva y agresiva, ¿quién no ha explotado o ha estado a punto de hacerlo en alguna ocasión? 

Para evitar que esto pase, debemos ir trabajando poco a poco en la gestión de nuestras emociones, a través de la comunicación asertiva, y sin evitar las que nos hacen sentir malestar porque, al fin y al cabo, son inherentes al ser humano. ¿O es que tu barco nunca se ha hundido alguna vez?

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