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Sábado, 4 de abril de 2020
CULTURA

15/1/2020

La sede del Centro de Estudios del Bajo Martín acoge la exposición ‘Cuando se apaga la luz’

El fotógrafo Simón Aranda expone en Híjar su trabajo sobre los cielos nocturnos de Belchite
Miguel Ángel Artigas
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Una de las fotografías del pueblo viejo de Belchite que se exponen en Híjar. Simón Aranda
Una de las fotografías del pueblo viejo de Belchite que se exponen en Híjar. Simón Aranda

La fotografía da un salto cualitativo cuando, de ser una técnica para reproducir fielmente aquello que está ante nuestros ojos, se convierte en un arte capaz de dejar constancia gráfica de lo que es imposible ver. De ahí que cualquiera se sienta impresionado por las fotografías de larga exposición, por las dobles exposiciones, la foto ultrarrápida, las imágenes trepidadas o un simple barridos con los colores saturados; nos fascina aquello que, teniéndolo delante, somos incapaces de observar porque nuestra retina –por fortuna– no funciona igual que un sensor fotográfico. 

Cuando se apaga la luz es el título de la exposición del fotógrafo Simón Aranda, inaugurada este sábado pasado y que podrá visitarse gratuitamente hasta el próximo 16 de febrero en la Sala de Arte Contemporáneo del Centro de Estudios del Bajo Martín, en Híjar. En ella el zaragozano demuestra que es un maestro –además de un profesional desde hace varias décadas– en mostrar a través del papel grueso lo que podemos ver, lo que no, y hasta lo que nos gusta imaginar.

Cuando se apaga la luz vemos menos que un gato de escayola, porque nuestros ojos ya son adictos al alumbrado público y pocos tienen la paciencia suficiente para aguardar varios minutos y acostumbrarse a la penumbra. Quienes sí lo hacen saben que la luz que nos llega del cielo nocturno puede llegar a abrumarnos pro su belleza, saben que una cámara fotográfica puede captar detalles que nos pasan desapercibidos y que, si ese patrimonio del cielo se combina con el de la tierra, los resultados casi siempre son espectaculares. 

Cuando se apaga la luz es una selección de casi treinta fotografías de las en torno a 80 que forman el proyecto completo de Simón Aranda, que vio la luz en un libro homónimo a principios del pasado año, y que a su vez se desprende de las cerca de 4.000 fotografías nocturnas que, entre 2014 y 2019, el zaragozano ha tomado en el pueblo viejo de Belchite, de donde procede su familia materna. 

Aranda forma parte del grupo Night Photography Belchite que lleva varios años organizando encuentros en esa localidad, que combina talleres fotográficos nocturnas con visitas guiadas al pueblo que resultó destruido entre la ofensiva republicana de verano de 1937 y la contraofensiva rebelde de marzo de 1938, victorias pírricas en ambos casos, en el contexto de la guerra civil española. 

Ese grupo ha sido el germen, entre otras cosas, del Festival de Fotografía que se celebra en Albarracín desde 2017, y reúne a algunos de los mejores fotógrafos nocturnos y de larga exposición de Aragón y del resto de España. Y aunque este género fotográfico, por la espectacularidad de sus resultados y a pesar de la complejidad de su ejecución, atrae a más fotógrafos cada día, todavía está lejos de agotarse. “Es verdad que está de moda y que puede parecer que está muy trillada”, reconoce Simón Aranda. “Porque aunque no es sencillo iniciarse en ella, ya que necesitas tener cierto equipo imprescindible y vencer la pereza de pasar varias horas por la noche en el monte haciendo fotos, cuando ya sabes lo que haces las imágenes son muy impresionantes”. Esta moda ha hecho que los concursos y las salas de exposiciones se llenen de nocturnas muy aceptables. En algunas localizaciones icónicas como el castillo de Zafra, catapultado a la fama por la serie Juego de Tronos, uno puede llegar a encontrarse en determinadas noches a decenas de fotógrafos haciendo cola y compitiendo por las mejores localizaciones, y en algunos de los campos de lavanda de Brihuega (Guadalajara) ya están pensando en cobrar entrada por las noches durante la época de floración. “Corremos el peligro de que llegue un día en el que estemos saturados de nocturnas y dejen de impresionarnos”, advierte Aranda, “aunque siempre es posible darle nuevas vueltas de rosca y buscar cosas que, dentro del mismo género, son nuevas y originales”. 

Eso es lo que hace que la fotografía nocturna y de larga exposición sea para Aranda una de las más apasionantes, quizá al nivel únicamente de la foto de conciertos, que no deja de ser una versión antropizada de lo mismo. “El cielo siempre es igual, pero la climatología hace que ninguna noche se vea lo mismo. La contaminación lumínica, la temperatura, la Luna, la época del año, el juego que te da la Vía Láctea o la posibilidad de pintar con luz con linternas e iluminación artificial hacen que cada noche y cada imagen sea diferente”, explica Aranda. 

Eso es lo que busca el zaragozano afincado en Cuarte de Huerva en su exposición Cuando se apaga la luz; imágenes que recrean la icónica torre agujereada de Belchite viejo pero también de otros emplazamientos menos conocidos “y por donde no pasan las visitas guiadas”, fachadas peculiares, ángulos poco habituales y el tan creativo recurso de la pintura luminosa a través de linternas y modelos. 

Trayectoria

Simón Aranda (Zaragoza, 1964) es fotógrafo profesional freelance desde hace tres décadas. Afincado en Cuarte de Huerva, donde abrió un estudio fotográfico hace dos años, cultiva todos los géneros en su vertiente profesional, desde el retrato a las bodas y bautizos, pasando por los eventos culturales o deportivos. 

Entre los premios que ha obtenido destaca el Primer Premio Nacional de fotografía Juventud y Marginación CEAS de Madrid, diferentes distinciones en el ámbito de la fotografía de montaña o el Premio al Mejor Audiovisual de los Premios de la Música Aragones 2006 por un videoclip de la banda zaragozana Distrito Catorce. 

Ha expuesto en diferentes lugares de Aragón, y en Teruel pudo verse su trabajo en la colectiva Mientras duermes. Luces de Albarracín (2016) y en Mientras la ciudad duerme (2018), en ambas ocasiones en Albarracín. 

Además ha publicado el libro Cuando se apaga la luz, en enero de 2019, y C’est Blanc, hace apenas una semanas. Este último volumen es un trabajo muy personal en el que pone imagen a los poemas de Juan Millán, con fotografías del ámbito de la danza que cuenta con la colaboración de la bailarina Erika Gordillo y el prólogo de Carlos Gurpegui. 

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