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Martes, 31 de marzo de 2020
CULTURA

28/1/2020

El trabajo (invisible) de la mujer rural, objeto de exposición, análisis y didáctica

El proyecto ha visitado La Alfranca, Pedrola, Villanueva de Gállego, Teruel o Albarracín
Redacción
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Mercedes Bueno (derecha), creadora del proyecto artístico sobre el trabajo de la mujer rural
Mercedes Bueno (derecha), creadora del proyecto artístico sobre el trabajo de la mujer rural

Por Mercedes Bueno

“Y si se porta mal… ¡péguele!”, le propuso la madre de Lucía a la dueña de la casa a la que iba a servir. Lucía nació a comienzos del siglo XX en un pueblo sin posibilidades de futuro y que hoy en día forma parte de la España rural vaciada. La cuestión es que comenzó a trabajar ya de firme a los once años, siendo aún una niña, como casi todas por aquél entonces...

Este fragmento de historia, junto a muchos otros, han servido de inspiración para crear la exposición titulada La invisibilidad del trabajo femenino en el mundo rural, un proyecto didáctico-artístico innovador que pone el foco de atención en los valores como el esfuerzo, la dignidad, el espíritu de superación, el deseo de aprender, el respeto y la valentía, como en visibilizar la evidente realidad de una laboriosidad permanente, abnegada y sumisa de las mujeres rurales en la generación anterior a la nuestra. 

La muestra ha podido verse en varias salas zaragozanas, como la fina de La Alfranca o el palacio de los Marqueses de Ayerbe. Además tuvo presencia durante las recientes Jornadas de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Sierra de Albarracín.

Los valores son a este trabajo la “cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son inestimables”, según una de las acepciones del diccionario de la R.A.E. para la palabra valor, y es que es importante conocer algunos de estos rasgos históricos del pasado reciente, para saber de dónde venimos y con la idea de cómo planear entre todos juntos un futuro más justo e igualitario.

Este proyecto, que se define como didáctico-artístico e innovador, concluye en una exposición que cómo ya es sabido, también es una forma de contar historias. En esta se consideran a las emociones y los sentimientos como elementos esenciales del discurso expositivo, algo que en el argot profesional denominamos como crear experiencias estéticas. A mí en concreto me gusta pensar que lo que hago es crear exposiciones sensitivas.

El discurso de género está presente en esta muestra que revela a todo color la imagen de aquellas mujeres, casi invisibles y olvidadas, que sin apenas formación ni recursos y permanentemente entregadas a los demás, sin percibir reconocimientos económicos, sociales o incluso jurídicos, fueron capaces de crear cultura y patrimonio.

Lo novedoso de este trabajo reside en que implementa espacios de subjetividad, cuyo alcance  pretender ir más allá de la habitual contemplación estática de las piezas expuestas. En estos espacios en los que fluye el diálogo e interacción con los visitantes, estos encuentran autenticidad sin edulcorar en los relatos que les ofrezco a través de la mediación cultural, en los que se habla del coraje y la fuerza de ellas para superar dificultades, la adversidad, de sus capacidades para la supervivencia, cómo tejieron lazos de solidaridad y de arraigo con la transmisión de costumbres y tradiciones por medio de la palabra. 

A la memoria de las personas acuden fácilmente los recuerdos de vivencias, de sonidos, olores y sabores relacionados con las madres o en la casa de los abuelos durante el veraneo en el pueblo, de las farinetas, del tomillo y el romero en el campo o de coge» la fruta de cualquier árbol. E incluso los niños que no han llegado a conocer ese universo descubren con asombro ese mundo tradicional que se extingue y es que, tal y como afirma Michel de Certeau, “lo cotidiano está sembrado de maravillas”. Al hablar, recordar o descubrir esas historias surge naturalmente una relación de respeto y valoración por ese legado del que siento que todos, de un modo u otro, somos herederos.

En la muestra se exhiben objetos patrimoniales, útiles y herramientas relacionados con los trabajos de las mujeres rurales en distintos ámbitos, como los de ir a esclarecer al campo, cardar el esparto, el mondongo, el ordeño de los animales domésticos, limpiar las cuadras, amasar pan, acarrear agua e incluso los relacionados con el hogar, que son presentados al público visitante mediante las narraciones que nacen de las historias vivenciales que en un tiempo les dieron vida. Es en ese punto en el que las piezas adquieren su auténtico sentido.

La muestra es activa, interactiva y multidisciplinar, en cuanto a las artes visuales se refiere. Se complementa con una colección de fotografías de época que las muestran en plena faena, audiovisuales con relatos de las protagonistas, una serie de paneles didácticos y performances.

 

Jornadas en Albarracín

La aplicación expositiva y didáctica de este patrimonio fue la base de mi intervención en la 9ª Jornada de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Sierra de Albarracín, que en esta edición de noviembre de 2019 tuve por título El papel de la mujer en la sierra de Albarracín y el Patrimonio Cultural Inmaterial. Los útiles y las narraciones, combinadas expositivamente, son otra forma de dar a entender que el patrimonio cultural es un bien común de la sociedad, que está estrechamente relacionado y es representativo de una identidad y del territorio rural y que genera lazos culturales, afectivos y de empatía entre el patrimonio y las personas que visitan nuestras exposiciones.

En el Congreso Internacional El Lenguaje Persuasivo, celebrado este pasado mes de septiembre en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de Teruel, expuse la naturaleza del discurso persuasivo en el contexto artístico en La invisibilidad del trabajo femenino en el mundo rural (2019) que implementa los recursos lingüísticos a las artes visuales a través de distintos canales, especialmente por medio de la palabra, un mecanismo oral de influencia que aporta matices de calor y color a la muestra. Y es que la voz tiene el poder de hacer imaginar y aun de hacer sentir emoción por cosas aunque no hayan sido vividas.

El discurso de La invisibilidad del trabajo femenino en el mundo rural fue el tema elegido para trabajar en el proyecto de innovación del curso 2017-18 del CP de Educación de Personas Adultas Alfindén (Zaragoza) y de sus siete aulas adscritas, que culminó en una exposición colectiva titulada De la invisibilidad al empoderamiento femenino: ni un paso atrás (mayo de 2018), en la que colaboré. 

Además esta muestra ha podido verse en el antiguo Palacio de los Marqueses de Ayerbe (2018), en la finca La Alfranca, en la Casa de Cultura del Ayuntamiento de Pedrola (2018) y en el mes de marzo de este año en la sala de exposiciones de Villanueva de Gállego. 

El crear exposiciones sensitivas, didácticas e innovadoras es un medio estético  que me permite narrar y compartir historias como la de mi abuela Lucía porque “llegan a salpicarnos a nosotros porque nos hablan de lo más común y elemental a la par que complejo y sutil: de nuestra propia vida, de la vida de la gente” (Aquino, 2000, p. 791) y es que encuentro que en todo ello hay un mensaje para todos nosotros/as en la actualidad.

Me siento interpelada personal y profesionalmente a poner en valor la presencia de la mujer en la historia, sus aportaciones al patrimonio y a la cultura, para que se reconozca la auténtica dimensión de su papel en la estructura familiar y, por ende, en la sociedad. Unas contribuciones que, en mi opinión, merecen ser conocidas. La fuerza comunicativa de la exposición es también una forma de practicar la educación en valores, de reinterpretar conceptos e incluso de abrir nuevas perspectivas, pues si bien es cierto que se ha avanzado mucho en la igualdad entre géneros, también lo es que aún queda un cierto trecho por recorrer. 

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