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Lunes, 6 de abril de 2020
COMARCAS

22/3/2020

Fuentes de Rubielos, un lugar excepcional para ‘pisar’ los mares de la era de los dinosaurios

Una nueva especie de erizo se suma a los últimos hallazgos fósiles encontrados en este término municipal
Francisco Javier Millán
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Enric Forner a la derecha dando explicaciones a los visitantes del ADN
Enric Forner a la derecha dando explicaciones a los visitantes del ADN

Quienes caminan por los montes de Fuentes de Rubielos no son conscientes de que en realidad lo están haciendo por las profundidades marinas, no de ahora sino de hace más de cien millones de años. En pocos meses se han dado a conocer dos hallazgos paleontológicos importantes descubiertos en yacimientos de este término municipal que tienen un gran interés científico. Primero fue un lirio de mar de hace 125 millones de años que conservaba fosilizado su sistema nervioso, y hace poco se ha dado a conocer una nueva especie de erizo de mar de prácticamente la misma edad y también muy bien conservado. Vivieron en la era de los dinosaurios y su estudio permite conocer cómo eran los ecosistemas marinos en aquel tiempo geológico.

El paleontólogo Enric Forner, investigador del Ateneu de Natura de Castellón, es un apasionado de los fósiles. No hace falta estar frente a él para tomar conciencia de ello en estos tiempos en los que el aislamiento para combatir el coronavirus obliga a trabajar de forma telemática y a comunicarse con los demás del mismo modo. Es el investigador castellonense que acaba de describir la nueva especie de erizo de mar llamada Pliotoxaster buitronae, publicada en la revista científica Paleontología Mexicana y que fue hallada en el yacimiento denominado Los Morronicos del término municipal de Fuentes de Rubielos.

El límite oriental de la provincia de Teruel comparte con la Comunidad Valenciana una riqueza fosilífera sin igual que a veces hace que los hallazgos se encuentren a caballo entre ambos territorios. Es lo que sucede en Fuentes de Rubielos, puesto que Forner estaba prospectando en la parte castellonense del Maestrazgo y cuando encontró el yacimiento de Los Morronicos, al comprobar la posición en el GPS, vio que se había pasado a la provincia de Teruel. Pidió autorización a la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón y recogió los fósiles seguidamente en solo dos días aunque con la diferencia de casi un año, en julio de 2011 y en noviembre de 2012.

“Todos fueron recogidos por mis colaboradores y por mí en dos prospecciones, se recogieron en superficie, sin excavar”, explica el investigador. Tal es su abundancia que para el trabajo científico se recopilaron 1.871 ejemplares. De ellos se pudieron medir y estudiar 731 y los que finalmente permitieron describir la nueva especie por ser los más característicos fueron 22.

“Pliotoxaster buitronae es la especie dominante del yacimiento y su abundancia es lo que me permitió hacer un estudio cuantitativo que requiere de una muestra grande que sea significativa estadísticamente y que sea recogida sin ningún sesgo: todos o con muestras al azar”, comenta Forner. Al ser todos del mismo yacimiento turolense y del mismo nivel, “podemos decir que constituyen una comunidad, que vivieron en el mismo ecosistema en los mismos pocos años”. Exactamente hace unos 123 millones de años.

La recogida de estos erizos fosilizados sirvió al investigador para hacer un estudio que permitiese conocer la evolución de sus medidas a través del crecimiento gracias a la gran cantidad de ejemplares de la misma especie con los que contaba. Con un ser humano, como los niños, podemos ver su crecimiento e ir tomando medidas, pero los fósiles aparecen tal como murieron, aunque con diferentes técnicas es posible conocer cómo crecieron cuando se dispone de una colección tan amplia. “Aprovechando la extraordinaria riqueza de individuos de esta especie en el yacimiento de Fuentes de Rubielos me planteé que podría hacer una aproximación a cómo varían sus proporciones con el crecimiento”, afirma Forner. 

Crecimiento

A diferencia de los vertebrados como los humanos, que tenemos huesos, la mayoría de los invertebrados como los erizos crecen a lo largo de su vida, con lo cual su longitud está en función de su edad. Lo que hizo el investigador es medir la gran cantidad de fósiles hallados en Fuentes de Rubielos y agruparlos de menor a mayor, y los dividió en ocho grupos en función de sus proporciones en cada estado de desarrollo para poder conocer su evolución desde la infancia a la vejez.

“Así pude comprobar que el índice entre su anchura y su longitud permanece estable a lo largo de toda su vida. Por el contrario, la relación entre la altura y la longitud va disminuyendo, paulatinamente, con el crecimiento”, explica el científico, quien precisa que cuanto más viejos, son también más bajos en proporción. “Seguramente esto está relacionado con el hecho de que viven enterrados en el sedimento, en el fango del que se alimentan, y con el crecimiento cada vez se meten a más profundidad, quizás a más de 10 centímetros cuando son adultos”, argumenta.

Esa característica favorece que cuanto menos altos sean estos erizos más facilidad tienen para moverse por dentro del fango. Además, eso es lo que ayuda a su proceso de fosilización cuando mueren, al estar bajo tierra, y de ahí que se hayan conservado tantos ejemplares como sucede en el yacimiento de Fuentes de Rubielos.

Tras su primer estudio, Forner comprobó que no podía asignar los ejemplares a ninguna especie conocida, solo al género Pliotoxaster. Fue con posterioridad cuando describió la nueva especie, a la que llamó buitronae. “Es una especie baja, aplanada y relativamente pequeña, pero sus característica más singulares y que lo separan de otros congéneres son un labro especial en forma de cuello de botella y la configuración de las placas del sistema apical”, afirma el experto. El labro es el labio, una placa especial junto a la boca que evoluciona mucho en este grupo, mientras que el sistema apical son unas placas en el centro de la placa superior, en cuatro de las cuales están los conductos por los que se expulsa el material sexual para la fecundación. Aclara el investigador que la singularidad de este sistema que presentan estos erizos “supone que se habrá de modificar en este punto la diagnosis previa del género”.

Este fósil no responde para nada a la idea que tenemos hoy día de los erizos de mar a los que estamos acostumbrados y que conocemos, bien porque los saboreamos por su potente sabor o porque los pisamos inoportunamente en vacaciones cuando nos bañamos en las zonas costeras. Forner explica que la clase Echinoidea, la de los erizos de mar, se divide en dos grupos, unos que viven  en las costas y otros mar adentro.

Los primeros se conocen como regulares y son de simetría radial o pentagonal, mayoritariamente vegetarianos. Son los que encontramos en las rocas y tienen el cuerpo recubierto de púas defensivas punzantes. “Son la imagen que  tiene la gente de los erizos porque son los que ha visto en la costa, ha comido o ha tenido la dolorosa experiencia de pisar alguno”, recuerda. El otro gran grupo, los irregulares y al que pertenece el erizo de Fuentes de Rubielos, son detritívoros, es decir, que comen el fango filtrando las partes orgánicas que contiene. En ellos la boca se ha adelantado en el sentido de la marcha, puesto que lo hacen en un único sentido. Al vivir bajo el sustrato no necesitan tantas defensas y “las púas han evolucionado hasta tener una apariencia de casi pelos, y con otras funciones”. El ejemplar fósil de Fuentes de Rubielos no llegaría a los cuatro centímetros y con púas no sería mucho mayor. El orden al que pertenece, Spatangoida, es el más biodiverso en la actualidad con unas 350 especies vivientes y unas 1.500 especies fósiles descritas.

Tanto el ejemplar del yacimiento de Los Morronicos como sus parientes actuales viven a varios metros de profundidad en el mar, bajo el sustrato, a decenas o incluso centenares de metros de distancia de la línea de costa, por lo que es muy difícil verlos. “A veces se pueden ver porque un gran temporal los arranca del substrato y los saca a la playa, donde la fragilidad de su caparazón no resiste ni una semana”, apunta el científico.

Al ser los erizos irregulares un grupo más moderno que el de los regulares que estamos acostumbrados a ver en la costa, “su evolución les ha beneficiado al utilizar un alimento abundante poco explotado, la materia orgánica que hay en el limo u otro tipo de substratos, y la vida enterrado les ha protegido frente a la depredación de los otras animales que comen a los regulares como peces, cangrejos y pulpos”. De ahí, recalca el investigador, que sea el orden más diverso y “los que han tenido más éxito evolutivo”.

Durante el Aptiense, un piso geológico del Cretácico Temprano hace entre 125 y 113 millones de años, este grupo se diversificó y expandió, momento que coincidió con el declive del género Toxaster. Forner opina que los cambios que se produjeron en el caparazón del Pliotoxaster respecto al de Toxaster, que consistieron entre otras cosas en la especialización  de los pies ambulacrales anteriores, pudieron influir en su expansión puesto que “seguramente estuvieron relacionados con funciones específicas respiratorias y para abrir túneles hasta la superficie para poder respirar”.

Hundirse en el substrato

El científico que ha descrito la nueva especie opina, aunque recalca que es meramente especulativo, que “estas adaptaciones les permitieran hundirse más en el substrato y eso les diera alguna ventaja como mejor defensa ante olas y depredadores o le permitió el acceso a recursos más profundos no explotados por otros géneros”.

El Maestrazgo ha vuelto a demostrar su riqueza y valor por los fósiles que alberga y por las respuestas que estos materiales aportan a la investigación científica. En este sentido, Enric Forner asegura que esta cuenca, que incluye casi toda la provincia de Castellón y parte  del sur de Teruel, “es extraordinariamente rica en erizos de mar del Cretácico Inferior” y puede seguir arrojando mucha información” sobre las faunas del pasado. 

El yacimiento de Los Morronicos de Fuentes de Rubielos puede arrojar nuevas sorpresas puesto que aparecen otros fósiles y no ha sido excavado, solo se ha recogido el material en superficie, “pero está sometido a la erosión natural y no está agotado”. Con el paso del tiempo y las lluvias, el investigador considera que sería conveniente “hacer alguna prospección nueva”.

El fósil está depositado en el Museo Aragonés de Paleontología de la Fundación Dinópolis, de quien depende la divulgación de este material y que fue el que lo dio a conocer a través de una nota de prensa hace un mes. Un lugar adecuado por contar la provincia turolense, según Forner, con los afloramientos más importantes del Cretácico de toda la península Ibérica, algo que recuerda que no lo afirma él sino que ya lo dijo hace setenta años Josep Ramon Bataller.

Forner reconoce que el hecho de que hayan aparecido en escaso periodo de tiempo dos publicaciones con novedades en yacimientos de la misma época de un mismo término municipal, Fuentes de Rubielos, es meramente casual, si bien precisa que el hecho de que “la casualidad se produzca ya es indicativo de que es más probable que ocurra en un lugar con una riqueza paleontológica que es excepcional, y confirma el interés de los yacimientos turolenses”.

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