Diario de Teruel
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Domingo, 5 de abril de 2020
CULTURA

24/3/2020

Noemí Calabuig y Manuel Navarro, afincados en Olba y autores de ‘Pequeñas criaturas’: “El lector de novelas policíacas es un filósofo que disfruta buscando la verdad”

La ópera prima de los escritores alcanza la segunda edición
Miguel Ángel Artigas
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Noemí Calabuig y Manuel Navarro, durante una de las presentaciones que han realizado con su ópera prima Pequeñas criaturas
Noemí Calabuig y Manuel Navarro, durante una de las presentaciones que han realizado con su ópera prima Pequeñas criaturas

Pequeñas criaturas (Wave Books) es la primera novela de la pareja escritora formada por Noemí Calabuig y Manuel Navarro, profesores de Secundaria en Godella (Valencia) y actualmente afincados en Olba. La obra ha tenido un éxito inusitado para una ópera prima y ya va por su segunda edición. Influidos por autores como Fred Vargas o Dorothy Sayers y herederos de Agatha Christie o Nicholas Blake, retoman los mimbres de la Edad Dorada de la novela detectivesca, en la que el lector debe resolver un puzzle y desentrañar un asesinato al mismo tiempo que el protagonista, y lo llevan a una ambientación actual, con un punto gamberro y bastante sentido del humor, a lo Edmund Crispin.

-¿De qué habla ‘Pequeñas criaturas’?

-Navarro: Básicamente es un whodunit (¿Quién lo hizo?). Una novela detectivesca. Pero tiene mucho más que la investigación de un asesinato, claro está.

-Calabuig: Como casi todas las novelas, Pequeñas criaturas habla del ser humano y de sus pasiones eternas: la pasión amorosa, los celos, el desengaño, la ambición, la locura…. No habla, sin embargo, a diferencia de muchas novelas de nuestro tiempo, de política, de corrupción y de los medios de comunicación. De hecho, nuestro objetivo no es aleccionar ni sermonear, sino únicamente entretener y, a ser posible, divertir. La novela presenta un elenco de personajes variopintos. Algunos de ellos extravagantes y con un gran atractivo: un músico chiflado, una bailarina rusa retirada, un escritor problemático, silencioso y desinhibido, una viuda que se va transformando... Por ejemplo, los tíos de Cayetana Garcés, nuestra inspectora protagonista, son dos científicos retirados que coleccionan insectos en cajitas de metacrilato y se divierten sacando a la luz y denunciando públicamente los engaños y las estafas que perpetran astrólogos, curanderos, homeópatas y otros parlanchines. Cayetana observa a los humanos como sus tíos a los insectos, con curiosidad y admiración, y siempre saca algún aprendizaje de ellos. 

-En una época en la que tratamos de inventar historias originales o que busquen lo que nadie ha escrito nunca, su punto de partida es convencional; aparece un muerto, hay varios sospechosos y una investigadora debe de averiguar qué ha sucedido… ¿Este esquema sigue funcionando en la literatura? 

-Navarro: La necesidad de ser original es muy contemporánea, de eso ya se ha escrito mucho. Ni Sófocles ni Shakespeare ni Cervantes inventaron las historias que escribieron, como todo el mundo sabe. Yo soy muy aficionado a la mitocrítica y la Literatura comparada, que vienen a decir que la totalidad de la Literatura se resume a unas pocas historias. La del hombre que busca la verdad es una de ellas. Tiene que ver con la restauración del orden en el caos. Esa búsqueda puede ser de Ítaca, del Grial o de un asesino. Da igual. Es una historia eterna.

-Calabuig: Es un paradigma que sigue funcionando y que funcionará siempre porque la mayoría de nosotros somos seres curiosos. La curiosidad y la capacidad de asombro son también pasiones eternas, como las que te comentaba antes. Dicho de otro modo, los seres humanos somos un poco filósofos. Para Pitágoras, que fue quien acuñó el término, el filósofo es el que disfruta del conocimiento y del proceso que lleva hasta él sin esperar nada a cambio: ni una recompensa económica ni de utilidad. El lector de novelas policiacas es un filósofo porque es un aficionado a la búsqueda de la verdad: se identifica con el investigador y vive con él la fascinante aventura de descubrir la verdad, aunque se trate de una verdad ficticia. Por supuesto, si la verdad hay que descubrirla o desvelarla es porque está cubierta o velada por las apariencias. Y es que las cosas no son como parecen y las personas no siempre son quienes dicen ser. 

-¿Con qué elementos tratan de enganchar al lector a su libro?

-Calabuig: Haciendo que el puzzle que hay que completar no sea un rompecabezas abstracto. Cada personaje tiene una historia que contar, de manera que la novela se parece más a una sinfonía con múltiples instrumentos y variaciones, a un retablo con un montón de figuras, o a una sofisticada comida. Al final debería dejar un cierto regusto o un estado de ánimo, esperamos que alegre, y para ello hemos usado una buena dosis de humor. 

-¿’Pequeñas Criaturas’ reivindica esa novela clásica detectivesca anglosajona?

-Navarro: Así es. Nuestro modelo a seguir es el de la llamada Golden Age de la novela detectivesca. Se suele asociar a la tradición británica, pero tuvo grandes nombres estadounidenses como Dickson Carr o S. S. Van Dine. Se conoce como novela enigma o whodunit, y se suele definir en oposición a la novela negra, que se identifica con la tradición americana. Para resumir, la novela enigma es intelectual y desdeña el espectáculo de la violencia, está más interesada en el problema; la novela negra es realista y violenta. Además, la novela negra es determinista. Ya sabes, el tópico de que la sociedad es la culpable: en un mundo violento y corrupto, los personajes no pueden evitar ser violentos y corruptos. Tipos duros, gángsteres y cosas así. Nos gusta, pero no es nuestro género. En la novela enigma, que es la que preferimos, se da un grupo de personajes, todos tienen motivos y oportunidad, pero solo uno, libremente, toma la decisión de matar. Se preserva la libertad moral y esa diferencia es fundamental.

-Calabuig: Hay otras dos cuestiones que siempre nos han atraído de los clásicos de la novela enigma. La primera tiene que ver con la elegancia en el uso del lenguaje, la riqueza del léxico, la idoneidad de los símiles y de las metáforas, la concisión y la profundidad de las descripciones psicológicas. En una palabra, el estilo. Aunque la historia sea buena, hay que saber cómo contarla. En segundo lugar, nos atraen las soluciones imaginativas e inteligentes. A veces nos sentimos saturados de tanto realismo. Nuestras vidas ya nos ofrecen una buena dosis de realidad como para que todo nuestro ocio tenga que incidir de nuevo en los problemas sociales. 

-¿Pero este de novela no está ya superada, incluso anticuada?

- Navarro: Bueno, ya hemos mencionado que la búsqueda de la verdad, la resolución de un misterio, es algo universal. Siempre suscitará interés. Los autores que nos gustan tuvieron mucho éxito, pero están injustamente olvidados: Dorothy L. Sayers, Josephine Tey, Nicholas Blake… Tienen prestigio intelectual, eso sí. Gente como Auden, Borges, T.S. Eliot, Umberto Eco o Fernando Savater han sido muy aficionados. Pero es un esquema que, actualizado, sigue funcionando muy bien. Mira el caso de la francesa Fred Vargas, que hace un whodunit muy particular, excelente, y tiene muchísimo éxito. Le dieron el premio Princesa de Asturias hace un par de años. Además, hay editoriales que están rescatando autores de la época: Renacimiento, Hoja de Lata, Impedimenta, la colección de clásicos de Siruela…

-¿Cayetana admite comparación con Poirot o con Miss Marple, o tampoco hay que exagerar?

Navarro: Nos encanta la comparación. Aunque hoy en día se la trate con cierta condescendencia absurda, nos parece que Agatha Christie escribió grandes novelas. Nos gusta mucho. En cuanto a los detectives que nos nombras, Cayetana Garcés es muy distinta en su proceder y en su carácter a Poirot o Miss Marple. Es más imaginativa y distante. También más activa y aventurera, por otro lado. Y, por supuesto, el ambiente es actual y el tono un poco más gamberro. No nos veo ambientando una novela en grandes salones victorianos donde se toma el té levantando el meñique.

-¿Qué pesa más en ’Pequeñas Criaturas’? ¿La historia o el reto intelectual para el lector? 

-Calabuig: El reto intelectual está presente durante toda la trama, por supuesto. Pero la novela también cuenta varias historias. Por ejemplo, las de los sospechosos, que siempre tienen algo que ocultar. Como decíamos, los personajes no siempre son quienes dicen ser. La novela teje toda una red de historias. Diríamos que la mitad del interés reside en la investigación y la otra mitad en el pequeño microcosmos que trazamos.

- ¿Tiene algún tipo de enseñanza, de moraleja? ¿O es más bien un retrato aséptico?

-Calabuig: No pretendemos que haya moraleja o enseñanza alguna. No obstante, hay una idea que está siempre presente. Cayetana está convencida de que cada criatura humana es única, cada individuo es una especie distinta. Pensemos, por ejemplo, en los motivos para cometer un asesinato: el dinero, la venganza, la envidia, los celos… Pues bien, sabemos que hay personas que se conforman con muy poco dinero y que no se molestan en conseguir más. Algunas personas no son envidiosas en absoluto y otras son incapaces de odiar. Lo que es un motivo para unos puede no serlo en absoluto para otros. Cada individuo es un microcosmos, otro puzzle que hay que completar a partir de unas pocas señales. Por eso el investigador debe ser también un gran psicólogo, un investigador del alma y del comportamiento humanos. 

- ¿Este será el comienzo de una saga de Cayetana Garcés?

-Calabuig: Sí, seguimos escribiendo y esperamos que la segunda novela no tarde mucho en ver la luz… quizá para principios del próximo año. Y aunque será una novela independiente, aparecerá más de un personaje de Pequeñas Criaturas.

- Además de la literatura, tienen en marcha el proyecto literario Las Equivocaciones… hábleme de él… 

-Navarro: Las Equivocaciones es un proyecto teatral bastante reciente. Es un grupo joven con gente muy joven. Yo escribo los textos y dirijo las obras, y Noemí (Calabuig) actúa, baila y dirige las coreografías. Nos interesa la combinación de teatro gótico, de terror, con la danza clásica y contemporánea. Nuestro último proyecto fue Carmilla, una adaptación de un clásico de terror del XIX. Una novela de vampiros. Lo pasamos muy bien haciéndola. Representamos en Valencia, participamos en el GolemFest (Festival de Literatura de Terror en Valencia) y actuamos en Teruel, en Mora de Rubielos. Siempre con mucho éxito de público.

-¿Alguna novedad o estreno en el horizonte?

-Navarro: Teníamos intención de empezar a ensayar un segundo proyecto en abril, pero, claro, ahora todo está muy parado con el estado de alerta. Irá por el mismo camino que el anterior.

-¿Cómo está afectando el coronavirus a vuestro día a día?

-Navarro: Bueno, pues vivimos esto aislados y preocupados, como todo el mundo. Lo que pasa es que aquí en Olba, en la montaña, la cosa es más llevadera, la verdad. Además, como nuestra intención al venirnos aquí era recluirnos para leer y escribir, nuestro día a día ha cambiado menos que el de las personas acostumbradas a ir a trabajar y tener mucha vida social. Pero lo notamos, sí, claro.

-Calabuig: Esta situación nos produce, supongo que igual que a mucha gente, una extraña sensación de irrealidad. Como si estuviéramos en una auténtica novela, esta vez de terror. Una distopía en la que se toman medidas restrictivas por una causa justificada y luego…, quién sabe cómo acaba. 

- ¿Creen que aprenderemos algo útil de todo esto?

-Navarro: Difícil cuestión. No sé responderte. Yo no soy muy proclive a interpretaciones mesiánicas o apocalípticas del tipo “la Tierra se queja del mal trato que le damos” o “el sistema capitalista es el culpable y este es su fin”, o cosas así. Pero, bueno, no soy un especialista en el tema. ¿Si aprenderemos algo de la experiencia de estar encerrados? Creo que quizá alguien aprenda algo a nivel individual. A ser más independiente, más solidario…

-Calabuig: Bueno, al menos habremos aprendido que podemos vivir con menos. Con menos comodidades, menos entretenimientos, menos libertad, menos dinero… Y también que aceptamos sin rechistar todo tipo de restricciones siempre y cuando nos den una explicación racional que nos parece que las justifica.

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