Diario de Teruel
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Sábado, 31 de octubre de 2020
SUBURBIOS DEL ABISMO

28/4/2020

Grândola, Vila Morena

Javier Hernández
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El 25 de abril de 1974, un sector del ejército ponía fin de forma pacífica a una de las dictaduras más longevas de Europa. Como un castillo de naipes se derrumbaba  el salazarismo en Portugal. Lo hacía sin un solo tiro, sin violencia, todo un paisaje de claveles se extendía desde las calles de Lisboa a un país que no por vecino muchas veces nos es desconocido y alguno admiramos, yo confieso.

La Revolución de los Claveles con los años, pasaba de lo real a lo mítico, de lo visual a las enciclopedias, a los documentales y también a los libros, en suma a la Historia. Una revolución distinta, emotiva y en cuyo arranque hubo una canción Grândola, Vila Morena, la emisión de la misma en las estaciones del país era la señal para el comienzo de la operación destinada a terminar con la dictadura salazarista. Dice Fernando Pessoa: “Somos tiernos y poco intensos, al contrario que los españoles -nuestros absolutos contrarios- que son apasionados y fríos”, y si esto lo dice alguien con una mente tan fértil como la de Pessoa seguro que no obedece a ningún pensamiento repentino. 

Menos mal que nos queda Portugal, lejos de la ocurrencia y la rima, me permito insistir “menos mal”, en aquellos setenta que mi generación deambulaba por la recién estrena EGB, Lusitania le gritaba con sonora musicalidad al mundo que un clavel era mucho más poderoso que un fusil. Su democracia, llegaba con ternura, separados de la violencia, los lusos reinventaron con sensibilidad el concepto de revolución en un levantamiento pacífico sin precedentes. Llama poderosamente la atención el papel que jugó la radio y las canciones en este episodio tan significativo del país vecino. E depois do adeus, la primera canción que alertó a los militares de que el levantamiento había comenzado, concursó a principios de abril de 1974 en el Festival de Eurovisión defendida por el entonces galán Paulo de Carvalho y quedó en último lugar con tan solo 3 puntos. Ese año España se vistió de rumba catalana scon el gran Peret y sus palmeros que nos invitó al optimismo con el gran Canta y se feliz. Tras la Revolución, la composición interpretada por Carvalho no corrió mejor suerte, y la gloria se reservó para Grândola Vila Morena, uno de esos  himnos que pasan a la historia como banda sonora de un hecho que cambia la vida.

La melodía sonó a las 00.25 del 25 de abril en Radio Renascença. Era la contraseña pactada entre los capitanes de abril, que la eligieron por su letra: “El pueblo es quien más manda” y “tierra de fraternidad”. En la hora siguiente a su emisión, unidades al mando de capitanes del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) se pusieron en marcha. Cuentan que esa noche una columna de blindados que se dirigía a la plaza del comercio se detuvo de repente porque el semáforo estaba en rojo, para asombro de uno de los capitanes que no salía de su perplejidad al ver cómo se había respetado la señal de tráfico en una madrugada lisboeta sin nadie por la calle, sin duda esta fue una de las anécdotas de la noche amén de ilustrar la educación portuguesa de una manera explícita. La otra el “no son horas para hacer una revolución” que espetó el conserje de los estudios radiofónicos cuando se presentaron los militares en Rádio Club Português, desde donde el MFA anunciará el levantamiento.

Todo acontecimiento que entra en la historia tiene una dimensión icónica y la revolución portuguesa no es ajena. La revolución le debe su nombre a Celesta Caeiro una mujer trabajadora, camarera, costurera, estanquera, también empleada en un guardarropa. El 25 de abril de 1974 se acercó con una cesta repleta de claveles del local en el que trabajaba en la custodia del “roperio” de la clientela, con la intención de averiguar si era cierto que había una insurrección en marcha. Un soldado apostado en la céntrica plaza de Rossio le pidió un cigarrillo y ella, le dijo que no llevaba, le entregó un clavel rojo, los demás uniformados imitaron al compañero y colocaron las flores en sus fusiles para mostrar que su levantamiento ante todo era pacífico. Fue la imagen icónica de la jornada que ha perdurado con el paso de los años. 

Han pasado 46 años desde aquella emisión de Grândola, Vila Morena. Con todo lo que ha llovido desde entonces vemos cómo aquel país que en muchos casos nos era desconocido, hoy ofrece muchas lecciones de sosiego, enseñanza y buena administración de las que deberíamos tomar nota. Hay un refrán portugués que dice: “De España ni buenos vientos ni buenos casamientos”. Lo de los casamientos tendrá que esperar, lo de los vientos a ver si amainan y tomamos nota de que en Portugal parece ser que se viaja mucho y se aprende de lo viajado. Incluso siendo pequeños alzan la voz con educación para recordarle a Europa esa estrofa de su mítica canción “tierra de fraternidad”. Estos días hablando con mi gran amiga Angélica de versos de la vida, barajábamos la idea de un futuro en el  reposo portugués e você nunca pode dizer desta água eu não vou beber.

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