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Viernes, 29 de mayo de 2020
ENTREVISTAS

22/5/2020

Joaquín Sepó Górriz, escritor: “Los humanos somos la auténtica plaga y la naturaleza se va a vengar”

El escritor hace un duro alegato a favor de la naturaleza, a través del humor, en la novela ‘La rebelión silenciosa’
Miguel Ángel Artigas
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Joaquín Sepó, ‘Josep Zigor’, durante una presentación de ‘La revolución silenciosa’, previa al confinamiento
Joaquín Sepó, ‘Josep Zigor’, durante una presentación de ‘La revolución silenciosa’, previa al confinamiento

Joaquín Sepó Górriz es un licenciado en Psicología valenciano con raíces en Cascante del Río, Tramacastiel y Monreal del Campo que, tras el retiro del trabajo y la docencia, ha obtenido el tiempo necesario para buscar las respuestas a algunas preguntas que la rutina diaria mantiene latentes. Ha encontrado la forma de expresarlas a través de la literatura, y recientemente publicó  la Rebelión silenciosa. Los cinco saberes del rinoceronte bajo el seudónimo Josep Zigor. No es una novela sobre el coronavirus, pero sí sobre plagas y pandemias.

-¿En qué consiste La rebelión silenciosa?

-Es una novela sencilla de ficción, quizá la podríamos calificar de realismo mágico. Una fábula espiritual de fácil lectura, con leyendas, reflexiones y conmovedora. Es la historia de unos animales, una historia verídica del rinoceronte Rómulo, los monos Tarzán y Coco, Boris o Hanabi-Ko, que han vivido en parques zoológicos de todo el mundo y que está bien documentada, aunque he añadido historias ficticias y elementos inventados. Todo gira en torno a la peripecia de Rómulo desde su nacimiento en 1978, y de su viaje a través de la vida para superarse y alcanzar sus cinco saberes. 

-¿Dice que la historia de los animales es verídica?

-Sí, todas las aventuras excepto alguna exageración son ciertas. Los drogadictos se colaron en la jaula del rinoceronte, que pasó por los zoos de Londres, de Viveros, el Biopark de Valencia y al final lo vendieron al Castillo de las Guardas de Sevilla. El chimpancé Tarzán hizo todas las travesuras que narro, excepto una, la de lanzar una cáscara de plátano a Dalí, pero me hizo gracia inventarla y pensar que tuvo que ver con la forma en la que Dalí pintó sus relojes. Contacté con un cuidador de Rómulo, con gente del circo, con una bióloga madrileña de cuya tesis extraigo el comportamiento del orangután Boris en el Biopark de Valencia, y también me he documentado en el libro de quien fuera propietario del antiguo Zoo de Viveros, Ignacio Docavo Alberti, que fue sobrino de Rafael Alberti. Todo está cuidadosamente documentado.

-En la novela hay una profunda crítica hacia el ser humano... que por cierto los animales denominan ‘san’. ¿Por qué?

-Es una palabra de los bosquimanos, que utilizan para llamarse a sí mismos. Yo la adopté porque una crítica hacia el hombre utilizando la palabra hombre iba  a generar rechazo. Nadie quiere ser el malo de la película, ni siquiera cuando lo es de veras. Así que con esta palabra establezco un espejo donde mirarnos de forma indirecta, porque nos gusta reírnos del tonto que se cae, pero no cuando ese tonto somos nosotros. 

-¿En qué consiste exactamente esa crítica?

-Al final de la novela un keniata y un hindú londinense conversan y es donde lanzo las cargas de profundidad contra el hombre. Somos más de 6.000 millones de personas y sobramos, la naturaleza no puede seguir soportándonos. Nos quejamos de los jabalís, pero la auténtica plaga somos nosotros. Y antes o después las consecuencias serán fatales.

-Explíquese.

-Los humanos somos tremendamente ignorantes sobre lo que no es nuestra circunstancia. Sabemos 50 marcas de coches diferentes, pero cualquiera que no se haya criado en el campo es incapaz de identificar diez tipos de árboles o de pájaro. Me preocupa nuestra concepción de la vida, que empieza y acaba en nosotros mismos, y a través del humor, del realismo y de alguna escena gore, me gusta intentar despertar las emociones de la gente a este respecto. 

-¿Es fatalista?

-La naturaleza se va a vengar de nosotros, lo tengo clarísimo. Los humanos solo nos interesamos por las cosas en función de su utilidad, y eso es un problema, entre otras cosas porque nos olvidamos de los problemas colaterales. 

-Al menos en las dos últimas décadas ha aumentado el interés por la ecología y el cambio climático...

-En mi opinión nos autoengañamos. La energía verde en realidad no es verde, porque también necesitamos carbón para construir placas solares, y la fabricación de biomasa también destruye grandes masas forestales. Pero nos engañamos para no afrontar nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con nuestros descendientes y con nuestro planeta. Y vamos abocados a la sexta extinción. 

-¿Ha publicado otras obras?

-Sí, publiqué un cuento titulado La princesa sin castillo, del que incluso hicieron una adaptación teatral. También era sobre la naturaleza, que es un tema recurrente para mí. 

-¿En qué proyectos literarios anda inmerso ahora?

-Pues en un principio esta novela iba a titularse El zoo del paraíso, basándome en el Antiguo Zoo de Viveros de Valencia, de donde empecé a recopilar estas historias. Pero al final decidí escindir esta novela de aquella, porque no quería robar el protagonismo a los animales. Ahora estoy enfrascado en la escritura de ese otro proyecto del que nació este; será una novela costumbrista y hablará de ese zoológico desde una perspectiva rocambolesca, reflexionando sobre el concepto de persona y de humanidad con mucho sentido del humor. 

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