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Miércoles, 27 de mayo de 2020
CULTURA

23/5/2020

Sí quiero, no puedo

Carolina y Óscar habían fijado para este sábado la fecha de su boda pero el Covid-19 truncó sus planes
Cruz Aguilar
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Carolina y Óscar se lanzan arroz en la puerta del espacio que han elegido en La Puebla de Valverde para celebrar su enlace, que aplazarán a 2021. Bykofoto / A. García
Carolina y Óscar se lanzan arroz en la puerta del espacio que han elegido en La Puebla de Valverde para celebrar su enlace, que aplazarán a 2021. Bykofoto / A. García

El coronavirus ha enmudecido las campanas de boda que iban a repicar este sábado en Alpeñés y Rillo. Óscar Gimeno y Carolina González se conocieron un 24 de abril en la fiesta de la Mancomunidad del Altiplano de hace 5 años y, tras 2 años de convivencia habían decidido celebrarlo por todo lo alto y hacer una boda como las que se estilan en los pueblos, de esas en las que no falta nadie. Sus 270 invitados –que fueron los que, de 300, confirmaron su asistencia– debían estar esta mañana engalanándose para acudir a Rillo si querían verlos casar. 

El Ayuntamiento había arreglado el local del Horno para un acontecimiento importante en un pueblo donde cada vez hay menos parejas jóvenes. La ceremonia iba a ser un acto íntimo ya que habían preparado otro ritual por la tarde, en La Fondica de La Puebla de Valverde, donde desde primera hora de la mañana el trajín de las cocinas iba a ser incesante y en el comedor, ya con todas las mesas montadas para recibir a los casi 300 invitados, los camareros repasarían hasta el último detalle y así ofrecen un convite perfecto.

Todo eso iba a ser este 23 de mayo, pero la crisis sanitaria borró de un plumazo los planes de la pareja. En la fase 1 de la desescalada la boda que hubieran podido celebrar –porque los enlaces sí están permitidos– no tendría nada que ver con la de sus sueños.

“El año pasado vivimos la última Vaquilla de solteros y la última Nochevieja. Nochevieja tendremos otra, pero Vaquilla sí que fue la última”, dice Óscar, que ha sido el que ha insuflado ánimos a Carolina en los días de bajón. La joven sufrió momentos de ansiedad durante las primeras semanas del confinamiento por la incertidumbre de qué iba a pasar con una boda que ella había organizado con todo mimo y durante meses. Finalmente decidieron que el 23 de mayo no sería y se pusieron a planificar un nuevo día. Tras darle algunas vueltas y pensando sobre todo en la familia de ella, que está en el extranjeros, decidieron que su año sería el 2021 y su día el 24 de abril, coincidiendo con la fecha en que se conocieron. Enseguida lo comunicaron otra vez a sus 300 invitados, esta vez vía WhatsApp, para que lo anotaran en la agenda.

Fijaron su fecha de la boda inicial en febrero de 2019 y a lo largo de un año y medio la pareja, sobre todo ella, se ha ocupado de elegir todo lo necesario. No quería que en su enlace faltara ni un detalle y antes de que se iniciara el confinamiento ya tenía hecha incluso la distribución de las mesas. El nombre de cada invitado figuraba en un trocito de tronco para que supieran dónde sentarse. Los círculos de madera iban a juego con otro tronco de mayor tamaño que usarían para llevar las alianzas hasta el altar: “Volveremos a comprarlo porque pone la fecha vieja”, relata unos días antes de la boda que no será. Con el tema de las fechas no tienen claro si pondrán las dos o eliminarán la vieja directamente, porque aunque ahora todo gira en torno a ella, son conscientes de que cuando lo vean con perspectiva será una mera anécdota. “Las alianzas las grabaremos de nuevo”, dice Carolina, quien explica que tienen los trajes y el resto de los complementos comprados. Óscar, que es de los que suele ver el vaso medio lleno, indica que para la próxima fecha serán “un año más expertos en organizar bodas”.

Fecha fácil de recordar

Óscar señala además que la nueva fecha, que es el 24 de abril, le resulta más fácil de recordar porque coincide con el día en el que se conocieron y, por tanto, a partir de 2022 celebrarán su aniversario de boda y el de noviazgo a la vez. 

Fondica Events, la empresa con la que han contratado los dos convites no les puso ningún problema para aplazarlo y ellos agradecen el apoyo que siempre les prestó y las dudas que les resolvió. Elena Marco, la responsable de la empresa indica que tenía todos los fines de semana de mayo con contrataciones y que la mayor parte de ellas se han aplazado unos meses, pero se mantienen para 2020. 

En la salud y la enfermedad

La pareja del Altiplano ha decidido dejarlo para el año que viene porque gran parte de la familia de Carolina vive en Francia, entre ellas su abuela, Virginia, y sus tías Carmen y Virginia, que además también es su madrina y era poco probable que pudieran venir dentro de un par de meses por el cierre de fronteras. Otro aspecto que influyó son las oposiciones de Magisterio que está preparando la novia, fijadas para mediados de 2021 y que han sido pospuestas a junio de 2022. 

El coronavirus les ha cambiado la fecha de la boda pero les ha reforzado como pareja ya que la promesa que hacen los matrimonios de ayudarse “en la salud y la enfermedad” ellos ya la han puesto en práctica. A finales de marzo tuvieron todos los síntomas del Covid-19 y, como fue en los primeros momentos de la pandemia, no les hicieron pruebas. Óscar trabaja en el servicio de limpieza de Teruel y salió a trabajar todos los días hasta que enfermó: “Yo tuve todos los síntomas y, aunque físicamente no me vio ningún médico, me hicieron un seguimiento diario. Carolina también tuvo los síntomas, aunque solo le duraron un día”, relata el novio.

Lo que no van a modificar es el menú, del que ya habían hecho hasta la prueba, ni el viaje de novios, un combinado entre la Riviera Maya y Nueva York que harán al año que viene si es posible por cuestiones sanitarias. 

Hoy celebrarán su no boda con una comida en casa de Teruel con diez amigos, que es lo máximo permitido. Aprovecharán para estrenar la bodega del adosado que han arreglado durante el confinamiento y el jardín, que también han aprovechado para adecentarlo porque hasta ahora apenas le prestaban atención ya que los fines de semana se iban al pueblo. En ese almuerzo con un número de invitados muy reducido podrán brindar por su próxima boda y seguro que les piden que se besen y les gritan más de un ¡Vivan los novios!.

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