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Jueves, 2 de julio de 2020
BAJO ARAGÓN

30/6/2020

La térmica se desconecta hoy de la red entre “rabia, incertidumbre e impotencia”

Endesa aprovisionó en 2014 el desmontaje, pero el negacionismo propicia hoy un cierre “traumático”
Marcos Navarro
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Trabajadores de la térmica, ayer en la barrera, donde este mediodía recibirán a centenares de personas en una concentración reivindicativa. M. N.
Trabajadores de la térmica, ayer en la barrera, donde este mediodía recibirán a centenares de personas en una concentración reivindicativa. M. N.

Parecía lejano en el tiempo, pero el 30 de junio de 2020 ya está aquí. Hoy la central térmica de Andorra queda indisponible para el sistema eléctrico nacional y, aunque el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco) todavía no ha aprobado su cierre, las calderas ya no volverán a arrancar. Pararon el domingo pasado a las 7:35 horas, después de quemar desde 1976 más de 142,6 millones de toneladas de lignitos, hullas y minerales de importación por los que Endesa tuvo que desembolsar más de 4.000 millones de euros. Se acumula la nostalgia entre los trabajadores afectados por la transición energética, a quienes sin embargo les puede la “rabia, impotencia, incertidumbre y cabreo” porque no será que no han dicho veces que “el lobo venía”. La directiva europea de emisiones industriales data de 2011 y en 2014 Endesa hizo acopio para el desmantelamiento de Teruel y Compostilla, dando una señal clara de sus previsiones a seis años vista. Sin embargo, el negacionismo imperante ha propiciado que alrededor de la central no haya ninguna fábrica en ciernes, más allá de los proyectos en Ariño y Alcorisa que ha levantado Samca para que los excedentes de la minería del carbón tengan donde trabajar. Falta hacer lo propio para centenares de personas que no saben qué futuro les aguarda el 1 de julio, y para reivindicarlo han vuelto a convocar a la ciudadanía este mediodía, a las 13:30 horas en la barrera. “Toda la puta vida igual”, protestan ahora y siempre. Incertidumbre hasta el final.

Hace año y medio, cuando cerró la mina Santa María de Ariño, dejaron de llegar camiones cargados de carbón a la térmica. Desde el 16 de mayo de 1979, cuando Endesa conectó el primer grupo  –el segundo y el tercero tuvieron que esperar hasta enero y junio de 1980, respectivamente–, la central ha recibido 109,3 millones de toneladas de lignitos negros de explotaciones situadas en la cuenca minera turolense. A 20 toneladas por viaje, la cifra total supone más de cinco millones de remolcadas desde las diferentes explotaciones, tanto propias de Endesa como de Samca, Compañía General Minera, Minera Bajo Segre, Muñoz Sole Hermanos, Umesa y Carbonífera del Ebro.

Las señales del cierre

Riqueza y empleo para la zona que han caído en picado con el proceso de descarbonización, que hoy llega a su hito máximo. La fecha temida ha llegado. Endesa cierra la térmica, desincentivada por las señales regulatorias y de mercado que priman las energías renovables y que hacían inviables las inversiones multimillonarias necesarias para adaptarse a la normativa ambiental comunitaria.

El 19 de diciembre de 2018, después de un tiempo acogida al Plan Nacional Transitorio, Endesa presentó solicitud formal de cierre ante el Miteco. Desde entonces, la central apenas ha funcionado 1.700 horas, acostumbrada a hacerlo más de 7.000 en los años buenos (más de 8.000 en 1997, sobre 8760 horas que tiene un año) y llegando a 6.260 en 2011, en plena ejecución del último real decreto estatal que, con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, incentivó la combustión después de ocho meses de parón en 2010.

Pero el real decreto se extinguió y la Unión Europea no permitió renovarlo para no chocar con su política de competencia. Lo intentó el gobierno de Mariano Rajoy pero topó tanto contra esta norma para regular el mercado comunitario como con la legislación ambiental, cada vez más estricta con el objetivo de mitigar el cambio climático. La térmica estaba sentenciada, máxime cuando Endesa comunicó en su Plan Estratégico, en noviembre de 2014, que aprovisionaba 96 millones de euros para cerrar sus centrales Teruel y Compostilla (León).

Todos estos hitos, unidos a las batallitas de los encierros mineros de 1981, 1988 y 2012 y la última revuelta minera (2012) en la que los miembros del comité de Endesa se las vieron con los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) de la Guardia Civil por cortes de carreteras e incluso la vía del tren, afloraron ayer entre los sindicalistas, que asistían al cambio de turno con sentimientos encontrados y visiblemente frustrados porque, pese a las continuas movilizaciones de la última década, no hay reconversión. La alternativa es el desmontaje de la térmica, para la que ayer comenzaron los cursillos, y los parques renovables cuyo montaje dará centenares de empleos, pero creen que en condiciones precarias.

El pulmón que se apaga

“Durante 41 años esto ha sido el pulmón económico de la comarca y de media provincia de Teruel”, destacó el presidente del comité de Endesa, Hilario Mombiela, que reconocía su “nostalgia” pero le puede la “rabia” porque “esa famosa transición justa que nos han prometido todavía no llega”. También siente “impotencia porque lo venimos reivindicando desde hace mucho tiempo, desde que salió la directiva ambiental europea. Muchas palmaditas pero llegamos a 30 de junio de 2020 y aquí no tenemos absolutamente nada”.

“El Convenio de Transición Justa debería estar firmado ya y urgimos a que se firme el cierre lo antes posible para que la gente de las subcontratas pueda seguir teniendo algo de empleo para no tener que buscarse la vida por ahí fuera”, dijo el sindicalista de UGT.

Ni siquiera los trabajadores de la empresa matriz tienen claro su futuro. “No sabemos absolutamente nada, y no será porque Endesa no tiene herramientas, porque en enero se firmó el nuevo convenio marco”, que fija prejubilaciones para los más mayores y recolocaciones para los jóvenes “que tienen que planificarse su futuro”, incidió Mombiela.

Exigen certidumbres

“Impotencia, incertidumbre y cabreo” es lo que siente también Antonio Planas, delegado de CCOO en el comité. “Estamos mucho peor que cuando se anunció el cierre”, aseguró. “No nos quieren contar nada y lo saben todo: cuándo va a empezar el desmantelamiento, cuándo se van a generar los primeros megavatios renovables... Pero lo que no quieren decir es si los 138 puestos de trabajo para el mantenimiento de los parques van a ser contratas o personal propio”.

Planas explicó que entró en Endesa en 1983, de minero en la Innominada, y a la semana de estar trabajando ya estaba manifestándose. “Han sido 38 años por lo mismo, toda la puta vida igual para que ahora nos paguen así. No tienen derecho a hacer esto con esta comarca ni con esta población”, protestó el sindicalista, que aseguró que no pide para él sino para los más jóvenes “que se tienen que ir con la familia”.

Uno de ellos es Gustavo Mañas, trabajador de Endesa que tiene una hija pequeña que se pregunta si el curso que viene volverá a clase con sus amigos. “Lo único que queremos saber es qué personal van a necesitar en esa planta; ya que va a ser la más grande de Europa con 1.700 MW, que tengamos cabida, tanto nosotros como el personal que ya han mandado por ahí a Melilla, Manresa, Gerona, Lérida, Tarragona o Badajoz. Queremos trabajar aquí, que es lo que pone el acuerdo: lo más próximo a nuestro centro”.

El presidente del comité de Maessa, Pedro Miñana, explicó que este mismo martes los 47 trabajadores serán despedidos en virtud del ERE firmado recientemente. “Vendrá alguna otra empresa del grupo Cobra,  serán los mismos perros pero con distintos collares”, vaticinó el sindicalista, que lamentó que el personal de la contrata de mantenimiento industrial tenga que hacer los cursos cuando en el carné de especialista los tienen la gran mayoría de ellos convalidados, si no todos. “Se nos tiene que garantizar que podamos trabajar”, reclamó, aunque él enganchará en otra industria el 13 de julio, “y como yo mucha gente”.

La situación en Nervión es ligeramente mejor, porque tienen contrato hasta el 31 de agosto con opción de prórroga cuatro meses que Endesa podría o no ejecutar. Es algo que tampoco saben, lamentó Nicolás Bespín. “Estamos a la espera de hacer los famosos cursos que venden como oro en paño pero como no tienen compromiso de contratación yo sigo diciendo que son una basura”, dijo este trabajador, que lleva limpiando carbón desde 1989 y ahora critica “la palabrería” de la Transición Justa, pues “no hay ni una fábrica para absorber” el excedente.

“El papel lo soporta todo”

El presidente de la Asociación Empresarial de Andorra-Sierra de Arcos y Bajo Martín, Roberto Miguel, criticó que desde que Endesa aprovisionó el desmantelamiento se han tomado pocas medidas. “Nos prometieron la subida del agua del Ebro, 2 millones de euros del Fite, el cargadero y lo que íbamos pidiendo, pero al final ha sido una patada hacia adelante. El papel lo soporta todo y a la gente parece que se nos olvida”.

“Hemos tenido tiempo para poner alguna solución para que el cierre no fuera tan traumático en este momento”. Los cierres en el comercio local y en la hostelería se han sucedido desde diciembre de 2018. 

Por su parte, el alcalde de Andorra, Antonio Amador, prometió “redoblar esfuerzos” para atraer inversiones. Entre tanto, valoró el “plan de choque” que supone el desmantelamiento y la construcción de los parques, que “generarán empleo y la gente que ahora mismo se ve afectada por el cierre de manera directa o indirecta tendrá una alternativa para poder seguir viviendo en Andorra hasta que los proyectos en los que estamos trabajando se plasmen y se conviertan en realidad”.

 

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