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Martes, 29 de septiembre de 2020
CULTURA

11/9/2020

El Curso de Pintura de Paisaje de la UVT cambia Rubielos de Mora por las Arcillas de Teruel

Marta Marco: “Hay que huir de la mera copia, del paisaje de ‘estampita’”
Miguel Ángel Artigas
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La profesora Marta Marco (cuarta por la izquierda), junto a algunos de los alumnos del curso de pintura de paisaje de la Universidad de Verano
La profesora Marta Marco (cuarta por la izquierda), junto a algunos de los alumnos del curso de pintura de paisaje de la Universidad de Verano

El curso de Pintura de Paisaje de la Universidad de Verano de Teruel arrancó el miércoles a caballo entre el edificio de Bellas Artes y el Parque de las Arcillas, donde se desarrollará hasta el viernes. La profesora de Bellas Artes Marta Marco dirige una convocatoria que tiene lugar en la capital de Teruel tras seis años en Rubielos de Mora. Cuenta con una decena de alumnos, “una buena cifra”, en opinión de Marco, teniendo en cuenta los riesgos que supone manejar grupos de más de diez personas durante la pandemia.

Uno de los ejes centrales del curso consiste en desarrollar la visión del paisajista para interpretar su entorno y crear pinturas personales e interesantes. “El objetivo es que el  pintor huya de ese paisajismo decorativo y cursi de estampita, y que aprendan a valorar otros valores estéticos del entorno y ha saber plasmarlo de una forma personal”, asegura la pintora. “La pintura de paisaje contemporánea va mucho más allá de ese ideal arquetípico del amanecer o del prado florido, que está completamente superado”. 

Por eso una parte fundamental de la formación que Marta Marco inculca a sus alumnos arranca mucho antes de agarrar los pinceles. Según la profesora, “La destreza es importante para la pintura de paisaje, claro, pero lo realmente necesario es una predisposición anímica especial para captarlo, una predisposición de tipo contemplativo. Hay que saber moverse por el paisaje, conocerlo, sentirlo y valorar sus elementos susceptibles de ser pintados, sin que necesariamente estos tengan que ser los que resultan obviamente bellos para todo el mundo”. En ese sentido, Marco relató una anécdota que le ocurrió con una alumna en la primera jornada: “Estábamos en el Parque de las Arcillas realizando un ejercicio de jerarquías para representar la lejanía, y durante el ejercicio una alumna ha pintado una bolsa de basura llena de latas. Es un elemento en el que nadie había reparado que ella consideró importante en algún sentido para interpretarlo a través de su pintura”. 

La pintura clásica de paisaje es una de las más practicadas y también de las más denostadas, especialmente desde la irrupción de las vanguardias del siglo XX. Para Marco “eso tiene que ver con esos estereotipos de pintar postales. Ese ejercicio de huir de los obvio es un ejercicio pictórico en el sentido de que es un pretexto para ejercer al pintura, nos mueve a la pintura, pero de un modo en el que tenemos que tomar una referencia y no copiarla, sino crear otra, trasformarla en base a nuestro propio temperamento. Para lo otro ya está inventada la cámara de fotos”. 

A ese respecto Marta Marco considera que el proceso pictórico empieza cuando el artista toma contacto con el entorno del que se va a nutrir, que necesariamente ha de ser físico y vivencial. “Una imagen bidimensional, como una foto, ya está en parte resuelta, y has de tener mucho conocimiento de lo que representas para poder utilizarla como recurso que te sirva para algo más que hacer una mera copia, un duplicado sin aportación artística”. “Otra cosa es que la fotografía la hayas tomado tú”, continúa, “en cuyo caso es un recordatorio de un lugar cuyas sensaciones has vivido previamente, donde has estado captando las cosas que no quedan reflejadas en la foto, observando cómo incide la luz en los objetos y qué sensaciones te sugieren... Ese contacto previo, directo y físico con el paisaje, es fundamental”. 

Otra cosa distinta es que se produzca una ruptura total con la tradición de la pintura clásica, o que únicamente la predisposición contemplativa resuelva por sí sola un paisaje. “Por supuesto hay que tener destrezas que te permiten plasmar el paisaje tal y como lo has interpretado. Hay conocimientos técnicos sobre el material, sobre el comportamiento del color en la percepción visual, sobre la apreciación del volumen, sobre la forma en que una degradación tonal nos ayuda a representar la distancia... cosas que ya se conocen desde el Renacimiento y suponen una enseñanza invariable con los siglos. Yo trato de darles una pautas en ese sentido y cada cual, en función de su nivel y de sus propios gusto, decide cómo aplicarlas”. 

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