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Viernes, 23 de octubre de 2020
BAJO ARAGÓN

21/9/2020

Sebastián Álvaro, director de ‘Al filo de lo imposible‘: “Si la televisión pública no sirve de motor de educación y cultura, hay que cerrarla”

El aventurero pone en valor el turismo de naturaleza, pero subraya: “Las montañas no son nuestras”
Marcos Navarro
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Sebastián Álvaro, el jueves en la plaza de España de Alcañiz antes de su participación en el curso de periodismo. M. N.
Sebastián Álvaro, el jueves en la plaza de España de Alcañiz antes de su participación en el curso de periodismo. M. N.

El director del mítico programa de Televisión Española Al filo de lo imposible, Sebastián Álvaro, ha participado en la segunda edición del curso de periodismo de Alcañiz. Desde esta tribuna lamenta la pérdida de valores de la cadena pública, que se desangra en audiencia al tiempo que, en su opinión, no cumple sus cometidos educativos y culturales. El montañero invita a subir picos, pero exige respeto a las montañas porque “no son nuestras; es justo al contrario”.

-La montaña ha tenido representación en el curso de periodismo de Alcañiz. Es importante el impulso que con el paso de los años le ha dado gente como usted.

-Al filo se ha convertido probablemente en el referente más importante de la aventura y de la montaña en nuestro país. Y, además, yo creo que en buena medida sin él no se explica el salto cuantitativo y cualitativo que dio España desde 1980 a la actualidad. De 1950 a 1965 se escalan todas las montañas de más de 8.000 metros generalmente por europeos o norteamericanos. España hasta 1975 no logra hacer una expedición a un monte de 8.000 metros. Sin embargo, cuando yo dejé Al filo de lo imposible solamente había en el mundo siete alpinistas que hubieran escalado las 14 montañas de más de 8.000 metros sin botellas de oxígeno. De esas siete personas, cuatro eran del equipo de Al filo de lo imposible. Pero es que, además, la montaña este año por ejemplo ha sido una industria turística de primer orden en España, porque el turismo de sol y playa prácticamente no ha existido y sin embargo el de montaña ha estado mejor que nunca. Tenemos más rocódromos que nunca, hay más de cinco millones de personas que hacen senderismo en España y la montaña se ha convertido para el Pirineo, Picos de Europa, Tenerife o Sierra Nevada en un motor económico muy democrático y muy saludable. Y por encima del apartado económico, se ha convertido en un modo de vida que impulsa valores como el esfuerzo, el sacrificio, la solidaridad, el saber gestionar el riesgo… Y luego hemos procurado una cultura de montaña. Somos también una alternativa cultural. Al filo hizo 350 documentales y tenemos una editorial en España, Desnivel, que muchos años edita más de cien libros de montaña o aventura.

-¿Echa de menos aquella etapa televisiva?

-No, qué va. Al contrario. Lo que me doy cuenta muchas veces con tristeza es de lo que podía haber sido y no fue. Y no es un lamento porque hayan desaparecido del panorama televisivo programas como Al filo, pero también como El Hombre y la Tierra, Estudio 1, etc., sino la tristeza de saber que teníamos una televisión pública que servía también de modelo educativo, cultural, que se veía también como nexo de unión de un país, de su cultura, de su lengua, y hoy en día no representa nada.

-¿No ve nada parecido a Al filo de lo imposible en la parrilla de ningún canal?

-No hay nada parecido. Primero, porque no saben, y luego porque son cobardones y no se atreven.

-¿Calleja podría ser un poco el sucesor?

-No, no creo que Calleja tenga nada que ver con lo que hacíamos en Al filo de lo imposible. Calleja hace otra cosa, que tiene que ver en mi opinión más con el reality show y con otro tipo de televisión, que yo no critico pero no comparto.

-¿Por qué terminó aquella etapa?

-Porque nos echaron de la tele. Televisión Española tenía 15.000 trabajadores y de repente algún lumbreras decidió que la televisión pública no tenía que cumplir su función y en un año prácticamente se quedaron 5.000 personas, de las cuales ya sobran otra vez 3.000. Yo me fui de la tele cuando Televisión Española, entre los diferentes canales, teníamos el treinta y tantos por ciento de la audiencia y diez años más tarde no llega al 9%. No vale de nada hoy en día. Una televisión pública sirve cuando es un motor de educación y cultura del país, no de competir con lo más chabacano y banal que se hace en otras televisiones, que allá ellos, son privadas y se juegan su dinero. Pero la televisión pública tiene que ser para otra cosa, y yo creo en mi opinión que con lo que se ha quedado no solo no cumple, sino que está en vías de desaparición. Si nadie logra que tengamos una televisión pública que cumpla con los cometidos que le manda el Estatuto de la Radio y Televisión, si no conseguimos que tenga un presupuesto, unos buenos gestores que no dependan de Presidencia del Gobierno y del político de turno, entonces yo creo que lo mejor que habría que hacer es cerrar la televisión pública.

-Sigue con José Ramón de la Morena, con quien ya estaba en la SER y ahora en Onda Cero.

- Sí, colaboro diez minutos a la semana.

-¿También continúa en el diario Marca?

-Estaba en Marca y creo que sigo estando, pero no me pagan, vamos (ríe). Si me vuelven a pagar seguiré escribiendo. De momento estoy muy libre. Escribo libros, que tampoco dan dinero pero procuran mucho placer y acabo de terminar el miércoles el último sobre una historia fascinante en el Himalaya, en el Everest, que es la desaparición de Irvine y Mallory, los dos grandes alpinistas británicos que desaparecieron el 8 de junio de 1924 y no sabemos si pudieran haber sido los dos primeros hombres en ganar el Everest, 49 años antes que Edmund Hillary y Tenzing Norgay.

-¿Cuándo vamos a poder leer este libro?

-Calculo que a mediados de noviembre, una cosa así. Ya lo tengo listo, lo entregaré dentro de una semana y luego dependerá de los procesos de imprenta. Lo iba a sacar para la feria del libro, pero en vista que se suspendió por la pandemia he preferido que salga para las Navidades y Reyes.

-Ha venido a Alcañiz con unos amigos de Caspe, de la ONG Sarabastall, con los que lleva entre manos un proyecto solidario en el valle de Hushé (Pakistán). ¿En qué consiste?

-A mi edad me doy cuenta que la vida vale lo que vale la gente con la que la compartes y que en definitiva no es lo mismo que la montaña. La cumbre es lo menos importante de hacer montaña, lo que vale es el camino y la gente con la que lo compartes. Este proyecto quizá sea de las cosas de las que me siento más orgulloso en mi vida. Por supuesto, me siento muy orgulloso de todo lo que hicimos y de todo lo que seguimos haciendo. Ahora tengo un proyecto para el V Centenario (de la expedición Magallanes-Elcano) en el que estoy trabajando, y todo eso me proporciona satisfacciones y alegrías. Pero las de ver cómo estamos cambiando la vida de 1.500 personas en uno de los lugares más remotos y miserables de Pakistán, de cómo tenemos el 93% de niños y niñas educados, de que ayer las primeras niñas del valle empezaran clase universitaria... Eso la verdad es que es muy satisfactorio.

-Hablaba al principio de la vertiente turística de la montaña. Cuando ve que hay colas para subir al Everest, ¿qué se le viene a la cabeza?

-Que no tiene nada que ver con Al filo ni con el alpinismo, tiene que ver con otra cosa. Pero sobre todo con la corrupción y con determinada idea patrimonial que adquieren determinados individuos para apropiarse de las montañas, que no son de nadie, y robárselas, quedárselas ellos para hacer negocio, que es lo que está pasando en el Everest. Está monopolizado de forma corrupta por un pequeño número de agencias que hacen su agosto y sin embargo la montaña la dejan llena de basuras, a parte de los 300 cadáveres que hay en la parte superior del Everest que le convierten en el cementerio más alto del mundo. El campo base, sobre un glaciar, está contaminado ya, el agua que baja para los pueblos estará contaminada durante muchos años, el collado sur está lleno de centenares de botellas de oxígeno que nadie baja y luego las condiciones de trabajo de algunos de sus asalariados, como los sherpas, que portean, son miserables para enriquecerse unos poquitos, cuatro o cinco.

-No sé si conoce la provincia de Teruel y puede recomendar alguna excursión.

-Aquí estuve haciendo la montaña más alta de Teruel no hace mucho, pero no estoy en condiciones de recomendar mucho porque no conozco. Te puedo recomendar montañas para hacer en Pakistán, en la Antártida… Por ejemplo, vete a hacer el monte Scott en la Antártida. Es uno de los sitios más bonitos del mundo. Y del Pirineo yo me quedaría con el Monte Perdido; y de Picos de Europa, Torre Cerredo o el Naranjo de Bulnes. Tenemos un país maravilloso lleno de montañas y el paisaje montañoso es una de las grandes herencias que tenemos. Las montañas no son nuestras, es justo al contrario. Nosotros pertenecemos a la tierra. 

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