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Viernes, 23 de octubre de 2020
CULTURA

9/10/2020

El mundo como lo ven los vencejos: el turolense Uge Fuertes explora las posibilidades de la fotografía aérea cenital

Miguel Ángel Artigas
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Los almendros labrados de Los Olmos reproducen la cerámica mudéjar de Teruel. Uge Fuertes
Los almendros labrados de Los Olmos reproducen la cerámica mudéjar de Teruel. Uge Fuertes

Los vencejos comunes comen, copulan y hasta duermen mientras vuelan. Pasan toda su vida en el aire, excepto un mes al año para criar a sus polluelos. Y los miembros de la tribu Bajau, que viven en casas construidas sobre el mar entre Indonesia y Malasia, son capaces de aguantar hasta 13 minutos bajo el agua y descender a 70 metros sin equipo. 

Cuando un Bajau pisa tierra firme suele sufrir mareos, y si un vencejo llega a caer al suelo asiste, entre confundido y curioso, al descubrimiento de una dimensión desconocida dentro de su propio mundo. 

Algo similar nos sucede a los humanos convencionales cuando cambiamos nuestro punto de vista a ras de tierra o con la perspectiva isométrica que nos proporciona mirar desde un punto elevado. Si se nos concediera la capacidad de volar miraríamos el mundo desde un ángulo cenital, de arriba a abajo de forma perpendicular al suelo, y descubriríamos que la realidad, en realidad, es muy diferente a lo que imaginábamos. 

De esto, de imaginar mundos alternativos dentro de nuestro propio mundo, el fotógrafo turolense Uge Fuertes sabe un rato. Nos enseñó a mirar la vida trepidada, desenfocada, desde puntos de vista inesperados o sin puntos de referencia familiares que nos permitieran ubicar una imagen común dentro del catálogo que tenemos en nuestro cerebro. Desde hace algo más de año y medio el de Monreal trabaja en fotografía aérea asistida por dron, descubriendo una naturaleza inédita para quienes miramos a dos metros sobre el suelo. Y no sólo desde lugares tan característicos como las minas de Riotinto o las desembocaduras de los ríos; también en la provincia de Teruel hay mucho que descubrir si se sabe buscar.

No es algo que haya inventado él. Entre sus principales referencias se encuentran Edward Burtynsky o Yann Arthus-Bertrand, divulgador, fotógrafo y ecologista francés que lleva veinte años fotografiando el mundo desde el cielo, “y denunciando el destrozo medioambiental que hacemos los humanos, porque desde arriba uno entiende mejor hasta qué punto dejamos nuestra huella en el paisaje”, explica Fuertes. 

El de Monreal comparte con Arthus-Bertrand la pasión por el medioambiente que le ha llevado a ser uno de los grandes fotógrafos de naturaleza de Aragón. “Hace años que me rondaba la cabeza este tipo de fotografía aérea, que hace algo más de año y medio he empezado a cultivar, pero si te digo la verdad no sé qué es lo que busco en ella”, asegura. “Pero he descubierto una cosa: es muy difícil encontrar un lugar en el que no haya ningún rastro de la actividad humana”.

Parte de lo que busca tendrá que ver con la vocación artística que ha imprimido a su fotografía desde el principio. “De algún modo siempre persigues esa visión artística, cercana a la abstracción. Lo cenital confunde a nuestro cerebro porque los ojos humanos no están acostumbrados a mirar así, y crea imágenes sorprendentes porque, aunque sabemos que están allí, nos cuesta ubicar”. 

Uge Fuertes tiene abiertos varios proyectos simultáneos. Uno de ellos se titula Artistas del arado, con imágenes que muestran las siluetas y las caprichosas formas de muchas fincas labradas. “Hay maravillas por ahí”, asegura Fuertes. “Yo pensaba que mis fincas eran pequeñas y raras, pero nada comparado con lo que he visto por ahí desde el aire en Teruel o Zaragoza. Sigue habiendo una economía de la miseria increíble, con campos cultivados pequeños y retorcidos de los de dar vueltas y más vueltas con el tractor”. Otra serie, Airecedario, identifica las formas de las letras en la naturaleza, con campos, ríos o accidentes geográficos, y en otras imágenes, más generales, “no dejo de hacer lo mismo que hacía desde tierra, buscar esas metáforas visuales” que ofrecen varias miradas de la misma cosa.

A Fuertes, como ya hizo con proyectos como  Desenfocando la mirada o Imaginando mundos, le gusta jugar al despiste con el espectador. “Me gusta plantear las fotos como una pregunta, porque preguntar al espectador siempre funciona”. En sus imágenes aéreas no suele incorporar elementos que antropicen el paisaje, de forma que a veces es imposible saber qué estamos viendo, o si se trata de una superficie microscópica o de un paisaje de miles de kilómetros cuadrados. “En ese sentido la foto aérea se parece a la macro. Una imagen de una sabina de Teruel no se puede distinguir de otra de un liquen, a no ser que pongas al lado una moneda o un tractor para hacerte idea del tamaño”.  

Teruel desde los cielos

Uge Fuertes ha estado fotografiando alguno de los lugares clásicos o que mejor se prestan a la fotografía aérea, como desembocaduras de ríos, lagunas o las Minas de Riotinto, “quizá el lugar más surrealista de España, donde ves muchísimos colores diferentes en el mismo espacio”, o en las Azores. En Estados Unidos o África “necesitas un millón de permisos carísimos que a mí se me escapan”, pero también en su entorno más cercano de Teruel y Zaragoza. 

“Aquí hay auténticos tesoros por fotografiar desde el aire, el problema es que no sueles verlos hasta que el dron no está arriba”, asegura Uge Fuertes. “Uno de los mejores lugares de la provincia que he fotografíado son unas minas que hay entre Gargallo y Estercuel, pero en realidad todo el Teruel calizo es excelente. Páramos calizos, zonas de lastras de tierra en las que se hacen terrazas para labrar dibujando en el suelo...”. Uge Fuertes opina que aunque la práctica enseña dónde pueden haber grandes  imágenes esperándonos en el suelo –”donde hay cárcavas, minas, desembocaduras... donde la erosión es importante suelen ser lugares indicados”– estas nunca dejan de sorprender. “En Calatayud un día fotografié un corazón de pinos casi perfecto que ni imaginaba, y yo he pasado por esa carretera mil veces”. 

La fotografía aérea requiere de un trabajo previo más arduo que la mayoría de los géneros, incluso el nocturno, que ya es decir. “No puedes levantar el dron y ponerte a buscar sin más, sino que debes hacer un trabajo previo de búsqueda de localizaciones, a través de Google Maps o en sitios donde sospeches que puede haber algo interesante”, explica Fuertes. Además la autonomía de los drones es corta, por lo que no se puede perder demasiado tiempo en el aire. 

En el año y medio que lleva trabajando la fotografía aérea Uge Fuertes ya tiene un importante archivo de patrimonio natural aéreo turolense, aunque por el momento no tiene exposiciones previstas a corto plazo. El de Monreal asume que, de todo el proceso fotográfico, el trabajo que menos le gusta es el de conseguir financiación para montar una exposición.

A corto plazo, el turolense expondrá en breve un proyecto anterior, El alma de los árboles, en Alizia, un establecimiento hostelero de Albarracín, y mientras prepara el que será su segundo libro de fotografía, todavía en ciernes, que reunirá fotografía aérea y fotografía de naturaleza. Con suerte verá la luz antes de un par de años. 

Una fotografía que tira más de composición y menos de tecnología

Fotografiar a vista de pájaro es relativamente asequible. Por una inversión de menos de 1.000 euros uno puede tener un dron plegable, bastante transportable, que ofrezca ciertas prestaciones y un sensor fotográfico de una pulgada. Nunca será lo mismo que trabajar con un full frame o un objetivo superluminoso con lentes de última generación, pero es una buena herramienta. “En el aire, igual que en tierra, un mejor equipo no te hace mejor fotógrafo”, explica Uge Fuertes. El enfoque, la nitidez, el tratamiento del color o el rendimiento antes los reflejos de una cámara montada en un dron es muy inferior al de un objetivo réflex de calidad, pero aún así quedan otros elementos para trabajar. “Para mí la base de la fotografía es la composición, y eso no lo consigues cambiando de objetivo, sino moviéndote un centímetro aquí o veinte metros allá”. Otra limitación importante es que no es tan fácil volar un dron. Aunque sencillos de manejar, muchas zonas requieren permisos especiales para sobrevolarlos, y otras directamente tienen vedado el espacio aéreo a estos aparatos. Hoy en día se permite el vuelo recreativo de dron sin licencia, que es necesaria para fines profesionales como la fotografía, siempre que se realice en zonas poco pobladas y sin restricciones. Aunque si se generaliza el uso de estos pequeños ingenios voladores la legislación podría cambiar.  

 

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