Diario de Teruel
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Martes, 1 de diciembre de 2020
Temas turolenses

11/11/2020

La primera biblioteca pública de Teruel

Serafín Aldecoa
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Miguel Artigas trabajando. BNE
Miguel Artigas trabajando. BNE

Alguna vez ya escribí sobre la Biblioteca Pública de Teruel actual que en su día fue designada con toda pomposidad con el nombre Palacio del Museo, Biblioteca y Archivo (hoy simplemente Casa de Cultura) y del papel que tuvo Miguel Artigas Ferrando, el gran bibliotecario de Blesa, en su creación y puesta en marcha en los años difíciles de la posguerra.

No obstante, anteriormente hubo otras instituciones bibliográficas dedicadas a conservar libros y a las que se podía acudir para solicitar un préstamo como fue el caso de la Biblioteca de la Diputación Provincial cuyo núcleo principal lo constituía la “Biblioteca Turolense” donada a esta institución por Domingo Gascón y Guimbao, un bibliófilo empedernido que, con gran esfuerzo y dedicación, logró reunir la más extensa y completa colección de libros sobre temas y autores turolenses, muchos de ellos rarísimos y únicos. Una muestra de sus títulos se puede seguir a través de la lectura de la Miscelánea Turolense (1891-1901), periódico editado por el propio autor y repartido gratuitamente entre los suscriptores gracias al mecenazgo de ilustres turolenses como el monrealense José María Catalán de Ocón. Este fondo, con los saqueos particulares, con la guerra de por medio y otros expolios, prácticamente ha desaparecido.

Posteriormente, ya en los años veinte del siglo pasado, se habló del proyecto de  creación de la Biblioteca Popular de Alfonso XIII, promovida por el Gobernador del momento, Juan Barco, en la que se pensaba integrar los fondos bibliográficos de la Diputación  más otra serie de obras llegando a disponer de más de 2.000 volúmenes y que se ubicaría en “los salones de la Audiencia de las Casas Consistoriales”. Barco llegó a escribir al monarca solicitando su autorización para la creación de la mencionada biblioteca pero la idea, al parecer, no cuajó. 

Hoy me voy a detener en la primera biblioteca que tuvo la ciudad de Teruel creada con el ámbito de “provincial”, como lo era el Instituto, a mediados del siglo XIX. Sería la antecesora de todas estas que he apuntado anteriormente y otras posteriores y que en estos momentos cumpliría los 175 años, aniversario que se está celebrando estos días.

Fue en 1845 cuando se inició la formación de esta Biblioteca con la creación mediante decreto del Instituto Provincial de Teruel. La dotación inicial fue de unos 800 volúmenes, deteriorados muchos de ellos, procedentes de expurgos de los conventos turolenses afectados por la Desamortización de Mendizábal como los de Jesuitas, Franciscanos, Carmelitas, de la Merced… Muchos de estos libros habían permanecido largo tiempo hacinados en el Gobierno Civil lo que explicaría su estado de abandono y, sobre todo, la desaparición de algunos de gran valor bibliográfico.

 Hay que pensar que las colecciones existentes en estos cenobios históricos eran valiosas e interesantes pero sus libros habían permanecido unos cuantos años amontonados y olvidados en un rincón. Algunas versiones hablan de la singularidad y de la excelencia de la biblioteca de los Dominicos ubicados en la Glorieta, inmueble que ocuparía el Gobierno civil durante la Batalla de Teruel.

Poco a poco se fue incrementado el número debido a las donaciones de particulares, corporaciones, catedráticos y las escasas adquisiciones que realizaba el Instituto por el limitado presupuesto que se dedicaba a este apartado. Como estaba instalada en una dependencia de este Centro, funcionaba como si perteneciera a una entidad privada a la que solo tenían acceso los catedráticos y alumnos, o lo que es lo mismo, no existía servicio de préstamo para que los turolenses de la ciudad hicieran uso de él.

En un anuario estadístico de 1866 la Biblioteca figuraba que la Biblioteca contaba ya con 1.595 impresos y 674 que estaban incompletos, de los que 503 eran obras modernas y 475 procedentes de los conventos expropiados. Este fondo bibliográfico se vería incrementado posteriormente al sumarle el del Seminario conciliar cuando, tras la Revolución septembrina de 1868, fue cerrado y su biblioteca trasladada al Instituto aunque suponemos que los libros volverían a su origen después de estos primeros años.

El mes de enero de 1870 un grupo de vecinos solicitó el poder acceder a los fondos bibliográficos existentes, hecho que aceptó la Diputación en una sesión del mes de julio por lo que en las tres últimas décadas del siglo XIX la “Biblioteca del Instituto y provincia” fue un centro bibliográfico de referencia para todos los turolenses de la capital y de la provincia que podían hacer uso de ella como entidad pública aunque había que esperar el Boletín Oficial del Estado.

Continuaron creciendo los fondos porque tres años más tarde, en 1873, 114 volúmenes que se custodiaban en el palacio episcopal, pasaron también a la que ya era Biblioteca provincial. Con otras donaciones como una entrega de 385 ejemplares por parte del marqués de la Cañada, se consiguió llegar a los 5.000 volúmenes por lo que fue declarada Biblioteca Pública por Real Orden de 28 de mayo de 1878.

A lo largo de su trayectoria, la Biblioteca tuvo buenos archiveros y bibliotecarios (Giménez Bayo, Santiago Andrés, Antonio Floriano, Damián Colomés, Carlos Luis de la Vega...), ambas profesiones se confundían, pero queremos destacar la labor realizada por Gabriel Llabrés Quintana, oriundo de Mallorca, que fue destinado como archivero a la ciudad de Teruel con 23 años, ya que realizó una gran labor de ordenación y catalogación de los fondos de la Biblioteca Provincial y Pública e incluso con alguna aportación suya desinteresada: “Cuando después de ganar las oposiciones a Archivero me destinaron a la biblioteca de Teruel, también allí compré libros y regalé algunos a aquella infeliz y poco frecuentada biblioteca”, así lo cuenta en Relación de libros comprados en Teruel a 14 de septiembre de 1883 por 80 reales a la Sra. Eugenia. Desconocemos quién fue esta señora pero la sensación que se desprende se puede resumir con una frase: Mucha biblioteca pero pocos lectores, seguramente.

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