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Martes, 31 de marzo de 2020
SOCIEDAD
Francisco Javier Millán

21/1/2020

La fascinación por los tiburones gigantes, en el último libro de la serie ¡Fundamental!
Ilustración hecha por Hugo Salais de un Megalodón que aparece en el libro, donde también se habla del paleoarte. Hugo Salais
Ilustración hecha por Hugo Salais de un Megalodón que aparece en el libro, donde también se habla del paleoarte. Hugo Salais

El tamaño importa en el reino animal porque cuanto más grande se es, más alto se sitúa una especie en la cadena trófica. Eso sí, ser un depredador grande no resulta tan fácil, asegura el paleontólogo Humberto Ferrón, autor del libro Megalodón, un tiburón extinto de sangre caliente, última publicación de la serie ¡Fundamental! que edita la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis. La fascinación por los tiburones gigantes centra este trabajo del penúltimo ganador del Premio Internacional de Paleontología Paleonturología 18.

La serie ¡Fundamental! es una colección de libros que desde el año 2003 edita la Fundación Dinópolis y que consta de distintos niveles según el público al que va dirigido. En total se han editado hasta la fecha 32 libros, entre ellos todos los artículos del premio Paleonturología en una versión divulgativa.

El último que ha aparecido corresponde al ganador del año 2018, cuyo autor es el paleontólogo Humberto Ferrón y que se hizo merecedor del mismo por un artículo publicado en la prestigiosa revista científica PLOS ONE en el año 2017. En él presentaba diversos métodos para investigar el gigantismo en los grandes tiburones, en particular de Megalodón, uno de los mayores depredadores que han poblado los mares a lo largo de toda la historia de la vida y que se extinguió hace más de 2 millones de años, pero que sigue muy vivo en el imaginario popular a través del cine y la literatura.

Megalodón, un tiburón extinto de sangre caliente, es uno de los libros más atractivos de la serie, dentro de lo que ha sido la traslación a formato divulgativo de los artículos científicos de Paleonturología. Además del interés que siempre suscitan los grandes depredadores, se suma en este caso el atractivo de las ilustraciones y gráficos que completan el trabajo.

Primado la divulgación

El autor ha primado la divulgación sobre el contenido más especializado del artículo que le valió el premio, por lo que aborda la parte científica, pero ofrece una amplia información muy amena sobre los tiburones en general y el Megalodón en particular.

Una reconstrucción de la mandíbula de uno de estos gigantescos animales marinos puede verse en el Museo de Paleontología de Dinópolis en Teruel. Se encuentra al final de la Sala del Mundo Acuático y muestra las dimensiones espectaculares que tenía el bocado de este gigante.

Estos monstruos de los mares, cuyo nombre científico es Otodus medalodon, llegaron a alcanzar en vida 18 metros de longitud y su peso superaba las 60 toneladas. Vivieron entre hace aproximadamente 20 y 2,6 millones de años, desde el periodo geológico denominado Mioceno temprano hasta el Plioceno.

Muchísimo más grande que el actual gran tiburón blanco, su relación con este no está del todo clara, ya que hoy día se cree que Megalodón pertenece a un linaje totalmente distinto y extinto por completo.

Ferrón explica en el libro cómo trabajan los científicos para inferir toda la información que se tiene hoy día de estos grandes depredadores extintos, ya que en el caso de Megalodón los restos fósiles que se conservan se limitan básicamente a los dientes y algunas vértebras, ya que su esqueleto eran de cartílago, que se descompone rápidamente y es más difícil que puedan fosilizar sus partes una vez muerto el animal.

Aun así, el científico detalla cómo esos dientes y esas vértebras arrojan muchísima información, lo que ha permitido inferir las edades que podían alcanzar, la velocidad a la que podían nadar y lo más importante del trabajo, determinar que eran endotérmicos. Esto quiere decir que podían regular su temperatura interior y que eran animales de sangre caliente, a diferencia de otras especies marinas. Ese factor habría sido además determinante para alcanzar los tamaños que tuvieron, sin que eso les restase energía para la caza puesto que eran grandes depredadores.

Los dientes de estos animales alcanzaban los 17 centímetros, y marcas de sus ataques han sido encontradas en huesos fosilizados de ballenas y focas, por lo que se ha podido inferir la manera como depredaban.

Las formas de reproducción también son abordadas en el trabajo divulgativo, que explica cómo las crías de estos tiburones tenían muy probablemente alrededor de 3 metros al nacer, y que en ese momento podían alcanzar un peso de 400 kilos.

Ferrón explica que la potencia de mordida de esta especie era la más fuerte de todo el reino animal, suficiente para poder sujetar y matar cetáceos de gran tamaño, además de otros mamíferos marinos muy rápidos y ágiles. Estos cálculos se han podido hacer a partir de análisis biomecánicos, mientras que el hecho de que fueran endotérmicos ha permitido inferir que podían nadar a 37 kilómetros por hora.

Una tarea complicada

En declaraciones a este periódico, Ferrón reconoció que la tarea de hacer el libro fue “complicada” al estar más acostumbrado a hacer trabajos científicos. “La divulgación es ciertamente difícil porque es bastante complejo simplificarlo todo al punto correcto”, indicó. Para alcanzar el punto medio, explicó que había consultado a amigos que no eran expertos en la materia para que le dieran su opinión. “Hay conceptos muy complejos y difíciles de simplificar y es un reto hacer un trabajo así”, admitió.

Sobre la forma como había enfocado el libro para acercarlo al público, indicó que había intentado “dar un contexto un poco más amplio porque el artículo en sí es bastante específico, puesto que trata sobre un tema concreto que es la endotermia o temperatura corporal elevada en un tiburón concreto y cómo eso permitió que alcanzara tamaños muy grandes”. 

En cualquier caso, opinó que hacer divulgación con Megalodón es “bastante fácil”, puesto que un animal así tiene la ventaja de que “es atractivo para el público, e intenté hablar un poquito más sobre la biología general, cómo se llega a saber cómo vivió, cómo cazaba, cómo se reproducía, y dentro de ese hilo  incluí la posible endotermia de Megalodón”.

La clave del artículo científico es precisamente la endotermia de estos tiburones, puesto que antes se creía que no eran de sangre caliente, con lo cual resultaba llamativo que un animal tan grande pudiera tener la suficiente energía como para cazar a presas que eran muy ágiles y rápidas.

“Hay varios trabajos que sugieren que ser un depredador grande no es fácil porque necesitas mucha energía, entonces hay varios factores que te dan un extra de energía, que posibilitan ser muy grande y mantener estilos de vida muy activos como el de la depredación como tendría  Megalodón”, explica el autor del libro, quien precisa que “uno de estos factores sería la endotermia; entonces es muy probable que jugara un papel clave en este grupo permitiendo estilos de vida de macrodepredadores, nadadores muy rápidos a tamaños gigantescos”.

Métodos científicos

Sobre los métodos científicos empleados, el paleontólogo comentó que “aunque resulte extraño, un diente te puede dar muchísima información”. En el trabajo combina varias técnicas, entre ellas los análisis de composición química como los isótopos. “Son variedades de oxígenos, por decirlo así, y esto permite calcular temperaturas corporales mediante una serie de análisis a partir de la información que te arrojan los fósiles, y eso ha demostrado que Megalodón era endotermo”, aclaró.

Esa endotermia, al disponer de un organismo de sangre caliente, habría sido un factor decisivo para alcanzar los tamaños que adquirieron estos tiburones. “Cazaban ballenas, cetáceos, animales bastante activos y por eso tienes que nadar muy rápido y con ese tamaño necesitas tener un extra de energía que posiblemente fue la endotermia”, apuntó Ferrón.

Un investigador joven con amplias miras científicas

El autor del libro es Humberto Ferrón Jiménez, un joven paleontólogo que se graduó en Biología en 2012 para realizar después una maestría en la Universidad Autónoma de Barcelona y acometer su tesis doctoral sobre paleoecología de vertebrados primitivos en la Universidad de Valencia. Fruto de esa trayectoria es el artículo científico que en 2017 publicó en la revista PLOS ONE y que le hizo merecedor del premio internacional Paleonturología 18 que concede todos los años la Fundación Dinópolis al mejor trabajo sobre paleontología aparecido en una publicación científica.

Ferrón está en pleno desarrollo de su carrera científica y actualmente forma parte del equipo de paleobiología de la Universidad de Bristol (Reino Unido), donde está desarrollando un proyecto como investigador Marie Curie, que trata sobre la hidrodinámica y los modos de vida de los primeros vertebrados.

Este joven científico español asume que dentro de su carrera profesional tenía que salir fuera de España durante unos años, aunque confía en poder regresar pasado un tiempo. “El problema es que cuando quieres volver no puedes y para mucha gente se convierte en algo indefinido hasta que se establecen en otro país o desisten y vuelven con cualquier otra cosa”, argumenta. Considera que en la consecución de la beca Marie Curie que disfruta ha influido que ganara el premio Paleonturología, porque esta clase de méritos son muy tenidos en cuenta en el extranjero.

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