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Miércoles, 30 de septiembre de 2020
COMARCAS
Cruz Aguilar

15/9/2020

Un investigación sobre el patrimonio protoindustrial hidráulico del Maestrazgo se plasmará en un libro
Vicente Sales, propietario de La Molineta, en Cantavieja, con su hija en el molino
Vicente Sales, propietario de La Molineta, en Cantavieja, con su hija en el molino

Más de 40 molinos harineros funcionaran en la comarca del Maestrazgo, donde algunos pueblos, como Cantavieja, llegaron a tener un total de 9. El patrimonio protoindustrial vinculado al agua apenas ha sido valorado y ahora es el momento de apostar por él para evitar que se pierda definitivamente, tanto en lo que respecta a las construcciones como a la memoria de los que desempeñaron el oficio, todos ellos ya muy mayores. Un trabajo de investigación desarrollado por el geógrafo Luis del Romero a través de una beca del Cemat, el Centro de Estudios del Maestrazgo, pone en evidencia la importancia de ese patrimonio hidráulico al que, según plantea el experto, se le podría sacar un gran partido a nivel turístico e incluso industrial.
Los molinos constituyen el 60% de esos elementos protoindustriales, pero también hay otros no menos relevantes, como las fábricas de luz, que había prácticamente en todos los pueblos debido a la complejidad orográfica del Maestrazgo, que complicaba extender el tendido eléctrico hasta los municipios. La mayor parte de las fábricas de luz estaban, según relata Luis del Romero, en el cauce del Guadalope y hay varias en Castellote, una en Villarluengo y otra en Pitarque. También Fortanete contó con una, en ese caso en la rambla del Malburgo: “Esto nos habla de cambio climático porque ahora parece imposible que el agua de ese riachuelo fuera capaz de mover maquinaria”, relata el investigador. Las primeras fábricas de luz datan de finales del siglo XIX y algunas funcionaron hasta hace poco más de una década, como la que había en Castellote y que se mantuvo hasta el último recrecimiento llevado a cabo en el embalse de Santolea. 
Hoy en día estos saltos generadores de energía no resultan rentables para las grandes compañías, que apuestan por otros modelos, pero Del Romero apunta que, aunque no podrían utilizarse para generar corriente continua porque el flujo que la genera es discontinuo, sí serían una buena fórmula para abaratar los costes en el alumbrado público o como segunda fuente de energía.  
Más antiguos son los molinos y el origen de la mayor parte de ellos está en la Edad Media. “Hay al menos uno por pueblo y son muy antiguos con respecto a los de otras zonas ”, dice el geógrafo. 
Como curiosidades, habla del Molino de San Antonio de Tronchón, situado en una masía donde también hay ermita y que tiene 2 industrias de molienda con una distancia de solo 300 metros. Además se trata de uno de los más antiguos de la comarca: “El propietario está convencidísimo de que el origen es anterior a la reconquista”, dice Luis del Romero, quien matiza que la datación cronológica resulta difícil. En este sentido añade que uno de los más veteranos, según los archivos, es el de Cuevas de Cañart, documentado desde principios del siglo XIII.

Luz, molino y mazmorra
Otro de los molinos que más ha despertado el interés del geógrafo es uno que hay debajo de una fábrica de luz en Castellote que posiblemente se construyó en el siglo XV y que tiene “una especie de mazmorra que no se sabe exactamente lo que es”, comenta. En esta localidad también hay un batán que ha sido rehabilitado por un vecino, que de vez en cuando lo pone en marcha.
Por otro lado, los molinos fueron de gran relevancia en las historias de las localidades porque se trata de espacios de reunión donde la gente acudía para hacer bureos y fiesta. “Constituye una parte importante de la historia de cualquier municipio y por diferentes razones no se le ha dado la importancia que merece”, comenta.
También hubo industrias de molienda de aceite, todos ellos ubicados en la zona baja, en pueblos como Molinos o Castellote.
Las fábricas de lanas tuvieron un gran peso a lo largo de la Edad Moderna y algunas localidades fueron un referente. Así, Villarroya de los Pinares constituyó uno de los núcleos textiles a nivel provincial, junto con Rubielos de Mora, Teruel y Albarracín. Tanto allí como en La Iglesuela del Cid se fabricaban los tejidos, que eran después trasladados a las fábricas de prendas de vestir de Valencia. 
Sin embargo, de esa ingente maquinaria apenas se conserva nada puesto que cuando cerraron en los años 50 y 60 fue toda vendida a las industrias catalanas, en auge en ese momento.

Norias de 15 metros
Del Romero comenta que en La Iglesuela queda una fábrica bastante bien conservada en el barranco de Las Tosquillas. Relata que funcionaban a partir de una gran noria, de hasta 15 metros de diámetro, la que movía hasta una treintena de máquinas distintas, conectadas a ella mediante correas. Era muy costoso arrancarla, “pero una vez en funcionamiento el movimiento se podía aprovechar para bastante maquinaria”, dice el investigador. La de Las Tosquillas tenía dos plantas, en la de abajo se lavaba la lana que, una vez limpia se subía al piso superior para su cardado y tejido a través de los telares. 
En Cantavieja había a su vez fabricas textiles, pero solo se hacía una parte del proceso, que era la recopilación de la lana, su cardado, hilado y tintado. De ahí se trasladaba a Villafranca del Cid, ya en la provincia de Castellón, para la fabricación de los tejidos.
Pese a la potencia que fue Villarroya de los Pinares en lo que a lanas se refiere, actualmente solo se conserva un referente toponímico en el Estrecho de los Batanes.
La beca le ha servido al geógrafo para catalogar todo el patrimonio del Maestrazgo y señala que ha sido una gran sorpresa tanto por el número de elementos localizados como por el elevado valor que tienen pese a ser grandes desconocidos. Todo el trabajo se plasmará en un libro, que está a punto de presentarse y que llevará por título Los ingenios de las bailías: industria y despoblación. El patrimonio protoindustrial hidráulico en el Maestrazgo. En el no solo se incluyen los datos de los materiales catalogados, sino también entrevistas con la gente que trabajó en esos molinos, centrales eléctricas o fábricas de lanas. Se trata de un viaje por el territorio para conocer sus restos que concluye con un último capítulo con varias rutas. 
Recalca que para el desarrollo del proyecto fueron fundamentales las entrevistas a los que desempeñaron los oficios protoindustriales en el Maestrazgo y detalla que realizó más de una veintena. 

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