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Toni Fernández

Con el paso de Filomena por la península acompañada primero por nieve, y ahora por las bajas temperaturas durante varios días, mucha parte de la España no acostumbrada a inviernos tan duros ha vivido en primera persona lo que son temperaturas bajo cero y unos cuantos centímetros de nieve en la puerta de su casa y encima del coche, nieve que se convierte en hielo cuando el termómetro no consigue prácticamente marcar el lado positivo. Y es que algo de nieve es bonito, es divertido, y a los niños les encanta. Pero cuando hablamos de un buen tocho de nieve, tanto que hacer falta doblar riñones con la pala, y lo que no quites va a ser un buen bloque de hielo en un par de días… entonces la situación ya cambia. 

Así que ahora que hasta algún político ha dado alguna palada que otra, la gente se queja de que no han limpiado su calle, y las salas de Rayos X de las urgencias se llenan debido a las caídas y resbalones, parece que pueden empezar a comprender lo que supone tener unos inviernos moviditos. 

¿Y todo esto a que viene? Pues porque a más añadido, el practicar casi cualquier deporte en estas circunstancias se convierte en una hazaña. Puedo recordar mis tiempos de juvenil, que nevaba? Pues una braga al cuello, gorro en la cabeza, guantes y pantalón largo (tenía que hacer mucho frío) y a entrenar.   Y lo mismo vale para cualquier deporte, los ciclistas que salen a la carretera o a la montaña, los corredores, los jugadores de fútbol o baloncesto… incluso los que practican el deporte bajo techo, en un pabellón, las temperaturas tan poco son altas en estas circunstancias, aunque cierto es que la nieve, viento o lluvia no lo sufres… 

Y luego están los niños, esos que aguantan todo, temperaturas bajo cero, instalaciones que dejan mucho que desear, y que con más ilusión que nadie van fieles a su cita para entrenar o jugar. 

Y es que vivir en Teruel a veces no es fácil, practicar deporte, bien sea a nivel escolar, aficionado, amateur, o profesional, siempre es más difícil con climatología adversa. Pero ahí estamos los turolenses, como si fuéramos casi héroes, para demostrar que el bajo cero no puede con nosotros.