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Decisiones equivocadas

Cruz Aguilar

A veces en la vida tomamos decisiones equivocadas. Algunas personas erramos más veces de las que nos gustaría y, en ocasiones, esas elecciones afectan a otras personas, lo que aún nos produce una mayor desazón. En España se castiga el error a todos los niveles. Se presupone que todo el mundo lo tiene que hacer no solo bien, sino que esa forma de operar debe estar en sintonía con lo que opina cada una de las personas que juzgan, que suelen ser todas. Con lo cual a veces nos equivocamos a los ojos de los demás sin ni siquiera haberlo sospechado nosotros.
En otros países en el curriculum se valora a aquellos emprendedores que han puesto en marcha negocios que no han funcionado, en España aquel que inicia una empresa tras otra y sin éxito no tiene una buena imagen.
Las decisiones nos generan muchas veces dudas porque las tomamos motivados por un fin concreto o por el ambiente que nos rodea, que es el que nos empuja a elegir un camino u otro y lo que nos venden como llanura se acaba convirtiendo en un 8.000. Hay situaciones que van evolucionando y nos hacen darnos cuenta de nuestro error pero es difícil, porque culturalmente no se nos ha enseñado a hacerlo, reconocer abiertamente que lo que llevamos defendiendo durante tanto tiempo no es una idea tan genial como en un principio nos pareció. 
Recular supone admitir que la hemos cagado y no recular suele conllevar que el  problema se agranda. Esa indecisión nos quita el sueño de noche. En un principio pensamos que con cada día que pase el desazón quedará envuelto por la niebla, el sol o la lluvia, pero la realidad es que cada vez que nos acordamos de él sentimos una punzada de culpa, a veces por habernos equivocado y otras por no tener la valentía para asumir ese error. 
Hay personas que tienen la memoria corta y son capaces de hacer borrón y cuenta nueva en su propia vida todas las veces que haga falta. Hay otras que guardan espinas clavadas durante mucho tiempo, a veces para siempre. 
Cuando reconoces el error sientes que el pecho se agranda y hasta respiras mejor. Y sobre todo por las noches duermes a pierna suelta. La vida es decidir siempre.