Síguenos
Mi pueblo  o el tuyo Mi pueblo  o el tuyo

Mi pueblo o el tuyo

Cruz Aguilar

La relación que mantenemos con el que consideramos nuestro pueblo varía mucho de unas personas a otras. Es el pueblo de mucha gente, con visiones de la vida, del día a día y formas de pensar en ocasiones diametralmente opuestas. Es el pueblo tanto de los que viven como de los que lo tuvieron que dejar por motivos variados. También de los que nunca lo han pisado en febrero, pero lo sienten todos los días del año, a veces en primera persona, otras en tercera.

Todos lo consideran suyo y hay quienes creen -subjetivamente por supuesto– que es más suyo que de los otros. Esta sensación de “yo lo quiero más” la tienen tanto los que están ahí todos los días, manteniendo el colegio, quitando la nieve o creando riquezas como aquellos que arreglan sus casas y ven los cambios desde un prisma diferente.

El otro día un veraneante decía que la gente que estaba en el pueblo no se preocupaba por nada, que no tenían respeto por las tradiciones y criticaba el poco interés que ponían incluso en mantener sus casas, mientras que él había gastado una fortuna en arreglar la suya. Se creía sin duda más vinculado al pueblo que los que están allí de lunes a viernes y le molestaba soberanamente que se dirigieran a él como si fuera forastero. En el otro extremo están los que zanjan cualquier conversación con la frase “si tanto quieres al pueblo, vive aquí”.

Todos somos importantes y en muchas localidades la labor callada de los que están se complementa muy bien con el trabajo bullicioso de los que saldan su deuda de la ausencia con trabajos a concejada (o a jornal de villa, según el punto geográfico) durante los periodos vacacionales.

Los pueblos nos necesitan a todos porque las comunicaciones y el tipo de vinculación laboral de muchos propician que se pueda vivir en dos sitios, uno para trabajar, comer y dormir, y otro para disfrutar, comer y dormir. Con esos habitantes de fin de semana los servicios no se mantendrían, porque los pueblos no son un reducto vacacional -o al menos no queremos que lo sean–. Son los que viven toda la semana la pieza clave de una ecuación donde, no obstante, todos los números suman. Evitar que dividan solo depende de nosotros.