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Cruz Aguilar

Ser positivo no significa que hayas contagiado a todos tus amigos y familiares, sino que tienes que hacer una lista con todos los que has estado para protegerlos, a ellos y a sus respectivos amigos y familiares. Los que lo veían como algo que con ellos no iba han visto las orejas al lobo, porque ahora los abuelos en peligro no eran los de la tele, indefensos en residencias con sus andadores, sino los que viven en su propia casa o a pocos metros de ellos. A los que sabíamos que llegaría no nos ha servido de mucho, no hemos tomado suficientes medidas.  
Aquí no hay apestados ni culpables, el origen no se sabe dónde está, y, desde el momento en el que cruzas la puerta de tu casa –o lo hace tu hijo o nieto– estás comprando papeletas para el sorteo. O décimos, porque los expertos sanitarios dicen que el contagio depende de la carga viral de la persona que está enferma y de cómo te pille el cuerpo. También de dónde has convivido con el positivo.
La movilidad ciudadana favorece que el virus también viaje, se vaya de vacaciones o regrese a los espacios de trabajo. La única forma de estar seguro es no relacionarse con nadie de fuera de la familia, lo que hicimos durante el confinamiento. Pero eso es difícil, lo es con 4 años y también con 40. Como me decía en junio un alcalde, la salud mental  es importante y este verano nos hacían falta las charradas cara a cara, aunque fuera con mascarilla y de lejos, algo que tampoco importa demasiado porque en España somos de chillar. Lo malo es que no nos limitamos a relacionarnos con un grupo reducido y exclusivo y en verano y en los pueblos aún menos. Tal vez ahora miremos un poco más con quién nos tomamos la caña en el bar. 
He insistido mucho durante toda la pandemia en la necesidad de conocer los positivos, no hacen falta los nombres y los apellidos, pero sí saber que en un municipio concreto los hay, eso favorece que se tomen todas las medidas. Sí, ya sé que deberían tomarse siempre, pero todos sabemos que nos relajamos a las primeras de cambio. 
Berge ha dado ejemplo de esa transparencia y todas las familias que han dado positivo lo han comunicado a sus contactos. Aquí no hay apestados, hay positivos que nos han podido contagiar. O quizás les hemos contagiado nosotros, no hay que descartar nada.