La Navidad invita a detenernos, reflexionar, a mirar con perspectiva y a pensar en aquello que dejamos a quienes vienen detrás. Es un tiempo asociado al legado, a la transmisión de valores y a la responsabilidad compartida. En el sector espacial y de defensa, esta reflexión cobra un significado especial: lo que construimos hoy definirá el lugar que ocuparemos mañana en un Universo que no deja de expandirse.
El Universo inmenso, en expansión constante desde el Big Bang, nos recuerda una lección esencial: el crecimiento no es estático ni automático. Cada galaxia que se aleja, cada frontera observada, recordándonos que la capacidad humana para explorar, conocer y trascender límites es también una expansión de nuestras ambiciones colectivas. Avanzar no consiste solo en descubrir más, sino en prepararnos mejor para comprender, aplicar y transformar ese conocimiento en progreso social y tecnológico.
En este contexto, el sector espacial se ha convertido en una de las palancas estratégicas más relevantes para el desarrollo económico y la innovación. La industria espacial, junto con la aeronáutica y la defensa, conforma un ecosistema que exige planificación a largo plazo, colaboración público-privada y una apuesta decidida por el talento y la diversificación tecnológica. No hablamos únicamente de exploración, sino de comunicaciones, observación de la Tierra, sostenibilidad, movilidad avanzada y transferencia tecnológica que impacta a múltiples sectores productivos.
Aragón tiene ante sí una oportunidad singular de formar parte activa de ese futuro. En particular, el aeropuerto de Teruel, ya consolidado como un referente en mantenimiento, estacionamiento, reciclaje e innovación aeronáutico, está posicionándose también como un nodo logístico y operacional de primer orden que puede integrarse aún más con las necesidades de sistemas no tripulados y aplicaciones duales entre aeroespacial y defensa. Esta infraestructura, gracias a su ubicación geoestratégica y espacio disponible, representa un activo diferencial para atraer actividad industrial y de innovación de alto valor añadido.
Paralelamente, la Comunidad Autónoma está impulsando una iniciativa trascendental: el Hub de Defensa de Aragón. Este ecosistema está siendo consolidado como un proyecto estratégico público-privado que agrupa ya más de 160 empresas del sector, con el apoyo institucional del Ministerio de Defensa, el Gobierno de Aragón, AERA, entidades y administraciones locales. El sector de defensa en la región representa aproximadamente el 10% del tejido empresarial nacional vinculado a este ámbito.
Cuando decimos grande no se exagera, hay más de 2 billones de galaxias observables, pero más del 90% no han podido ser estudiadas por tener una luz muy débil o estar demasiado lejos. En la que nosotros estamos, la Vía Láctea, tiene en su centro un agujero negro con una masa equivalente a 4 millones de soles. Y existen galaxias que son hasta 160 veces la nuestra. También el número de estrellas es increíble y llegan a más de 400 mil trillones. Esta inmensidad nos hace vernos pequeños, como un lugar infinitesimal en la tierra.
A pesar de todo, seguimos progresando y conociendo dónde estamos y cómo podemos avanzar. Volviendo al mundo terrenal, el objetivo del Hub es ambicioso: articular una plataforma integrada para promover oportunidades de negocio, innovación, internacionalización y sinergias entre empresas, centros tecnológicos y entidades formativas. La idea es crear un polo que no solo produzca capacidades industriales, sino que también atraiga inversión tecnológica, acelere proyectos de I+D y fomente una cultura de cooperación entre sectores estratégicos.
Este desarrollo no es casualidad. Aragón reúne atributos clave para convertirse en un referente en defensa y espacio: una posición geoestratégica privilegiada entre grandes ejes europeos, una larga tradición militar con infraestructuras de relevancia, una base industrial sólida y un ecosistema académico orientado a la ingeniería y la investigación. Estos factores, además del potencial logístico del aeropuerto de Teruel, configuran un entorno fértil para atraer actividad de alto valor añadido y proyectos con impacto regional, nacional y europeo.
Mirar al cielo en Navidad no es un gesto romántico; es un ejercicio de visión. Nos recuerda que el futuro no está escrito, pero sí condicionado por las decisiones que tomamos hoy. Invertir en capacidades científicas y tecnológicas, fortalecer infraestructuras estratégicas y fomentar la colaboración entre sectores no es solo un imperativo económico: es una responsabilidad con las generaciones futuras.
El Universo seguirá expandiéndose, con o sin nosotros. La pregunta es si estaremos preparados para crecer con él. El esfuerzo por consolidar y dejar un legado sostenible, donde el talento y la innovación se traduzcan en progreso tangible para la sociedad.
En estas fechas, más que nunca, vale la pena pensar no solo en lo que hemos conseguido, sino en el futuro que estamos construyendo. Porque heredar el espacio no es una cuestión de distancia, sino de visión y propósito.
