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Sofía González Millán

Puede usted mosquear o ser mosqueado. Mosqueando que es gerundio, ¿a vosotros no os mosquea la longitud de las uñas de moda? No es que sirvan para apartar moscas es que sirven para cortar el pan en rebanadas. En navidad tenemos el problema del trinchado del pavo solucionado.

Nos mosquean con los titulares en los medios de comunicación, nos mosquea la parte contratante de la tercera parte, y la cuarta y la quinta; no hay manera de dejar de alimentar las moscas que llevamos detrás de las orejas.

Mosquea la multitud de moscas, pero cuando no las hay el mosqueo es todavía mayor. Hay muchos mosquitos decíamos hace unos años, es una plaga, decían otros. Ahora vemos raro no llevar en el cuerpo la señal de alguno de ellos en las tardes de verano. Que raro, será que ahora están de moda las arañas, pero a esas no las vemos tanto, a ver si un día aparecen todas de repente, deja, deja, que al menos son silenciosas. Mosquea ver el jardín de la vecina, lo tiene siempre verde fosforito, como si lo acabara de traer todo de la tienda de flores. A los que, como yo, se nos mustian hasta las plantas artificiales, esto es raro, raro, raro.

Volviendo al tema de las uñas, (es que es imposible dejar de lado ese tema), la extensión de nuestro brazo humano se nos está yendo de las manos, esto… ¿guantes? ni hablar ¿no?

¿Llegarán antes nuestras uñas que nuestros cuerpos? ¿Caminamos hacia convertirnos en Eduardo Manostijeras? Por cierto, esta fue la primera película que vi en el cine, que belleza, que divertida, que triste, que todo fue para mí.

Que alguien busque una utilidad a esas uñas por dios, igual ante un ataque alienígena se convierten en las mejores armas para defendernos.  Ahora una pregunta filosófica, ¿si nos quitamos la mosca detrás de la oreja, ¿qué hay? Dejemos ese espacio libre para hacernos un patio con piscina.

Rumiamos más que las vacas, pero es que en ellas el rumiar es lo normal, tienen 4 estómagos (¿tendrán también diferentes tipos de hambre?), pero lo nuestro es vicio, el vicio de dar vueltas a algo que es cuadrado, o que en la mayoría de las ocasiones es algo que hemos visto reflejado en un cristal al pasar de refilón (vamos, que ni existe).

Metaverso, multiverso, pocos versos y además mosqueados. No sé si estamos naciendo o estamos esperando sentados, sin más. Necesitamos urgentemente a Dalí para que pinte nuestros sueños.

¿Tenemos derecho a mosquearnos? Tenemos derecho a mosquearnos. ¿Hay acción después del mosqueo? ¿O solo lloramos y moqueamos? I wear a fly.

Las uñas, (vuelvo, vuelvo) ¿es que nadie ha pensado en las verdaderas uñas? Las que están debajo de todo eso, las que soportan productos, limados, raspados, pegamentos…, las que ven como los halagos y las miradas se las llevan las otras, las postizas, las reinas del más es más. Las que no respiran, las aplastadas, sueñan con su resurrección, quizá algún día.

El enfado es sano, comerse el enfado no. No está dentro de las recetas del “realfooding”. Ahorramos en procesos comiendo comida procesada. Mientras otros procesan por nosotros.

Por hoy no temamos a la hemeroteca, cerremos las ventanas (de internet) que el sol sale de igual manera.

Si te ha gustado este artículo regálame unas lonchas de jamón, que a mí los likes me dejan con hambre, y si quieres suscribirte llama a mi vecina, la del jardín fosforescente, que es la que me lleva la agenda verde para este año. Yo solo espero que esta fiesta de lo absurdo te haya hecho, al menos, sonreír.