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Sofía González Millán

Hoy quería escribir de la necesidad de hablar de unos temas muy importantes para todos, como sociedad y como personas, de los cuales no se habla en ningún ámbito, ni familiar, ni educativo, ni en ninguna otra esfera.

Me refiero a estos tres temas: el dinero, la gestión de las emociones y la muerte. Seguro que hay otros, pero estos me parecen fundamentales.

Hace muchos años otro de los temas que hubiera añadido sería el de la sexualidad, pero afortunadamente se está hablando mucho más de ello, incluyéndolo incluso dentro de las aulas.

Los temas a los que me he referido antes necesitan ser hablados, se necesita mayor información y sobre todo quitarles la etiqueta de tabú.

Empecemos por el tema del dinero, es uno de los temas tabú por excelencia en nuestra sociedad, la española, no se si en otros países lo tratarán de igual manera, pero aquí es algo de lo que no se suele hablar.

Sería interesante tratarlo desde la infancia y adolescencia, porque el dinero es algo que vamos a tener que utilizar en nuestra vida diaria sí o sí (y si no lo manejamos es mucho peor). Temas como su gestión, aprender a ahorrar, saber cómo pedir una hipoteca, darle la importancia que tiene (ni más ni menos), todo ello evitaría que se encontraran con situaciones del día a día que no saben cómo resolver. Creo que es mucho más importante saber gestionar la economía doméstica que conocer la economía de un país.

En mi despacho de psicología me he encontrado con personas que tenían mucho dinero y que se sentían pobres, u otras que vivían como ricos cuando estaban llenos de deudas. La mayoría ni siquiera se atreven a “mirar” sus propias cuentas, no saben cuánto dinero entra en su casa ni cuánto sale, desconociendo una parte muy importante de su vida.

El siguiente tema sería el de la gestión de emociones; para explicar el comportamiento de muchos niños y adolescentes solo tenemos que observar el comportamiento de sus padres, la dinámica familiar, entonces nos damos cuenta que lo único que hacen es replicar lo que ven y sienten en sus casas.

Hay que ser valiente para reconocer esto siendo padre, porque lo primero que hacen es llevar a su hijo al psicólogo diciendo -el problema es del niño, no sabemos lo que le pasa- Si todos esos padres asumieran su responsabilidad y acudieran ellos primero a un profesional todo sería diferente.  Emociones como la rabia, la ira, el miedo, la tristeza, se instalan en la vida de nuestros jóvenes y también niños, porque nadie les ha enseñado que esas emociones tienen un origen, y que hablando de ellas y sintiéndolas es como las van a poder liberar. Ojalá en un futuro se le dé la importancia que merece, porque el tema del suicidio está ahí y nadie quiere hablar de ello.

Este sería otro de los temas, la muerte, nadie absolutamente nadie habla sobre la muerte; prueba a hablar sobre testamentos con tu familia, o sobre las últimas voluntades, todos te van a decir lo mismo –deja, deja, no nombres esas cosas-. Hay mucho miedo en relación a la muerte, todo lo que es desconocido nos asusta y por ello evitamos hablar de ello. Las creencias religiosas han ayudado a la humanidad a aceptarla, de alguna manera, pero aun así todo lo relacionado con ella es un misterio. Cuando estudiaba la carrera de psicología nos hablaron de una mujer llamada Elisabeth Kübler Ross, fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, las personas moribundas y los cuidados paliativos.

Sus estudios y conclusiones me fascinaban, ella describió las que consideraba las cinco fases ante la muerte: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.  Después de vivir toda su vida dedicada a estudiar todo lo relacionado con la muerte y a ayudar a enfermos moribundos y a sus familiares con el duelo, la frase que más repetía era: “Morir es mudarse de casa, a una más bella”. Personalmente me reconforta. Creo que todo lo que se acepta deja de controlarnos, y esta premisa sirve para los tres temas: el dinero, las emociones, y por qué no, la muerte. Así es como el miedo se desvanece.