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Despedidas Despedidas
Europa Press/Daniel Pérez

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Raquel Fuertes

Quiso la casualidad que el día de vuelta al trabajo muriese el creador de aquella canción. El final del verano…. Varias generaciones bañamos nuestras despedidas con lágrimas ambientadas con ese hilo musical tan triste como los días de finales de agosto en los que parece que se niega a brillar el sol.

Y es que el verano tiene sus propios olores, juegos, tormentas, amores y despedidas. Pasan los años y el significado de cada una de esas palabras evoluciona, se transforma y poco se parece a lo que fue. Nada que ver los juegos de escondite de la infancia con los juegos de mesa o los tonteos de años después. Igual que los aromas, las relaciones o las lluvias. Y qué decir de los adioses.

Desde la despedida de aquel amor de verano a quien no sabías si ibas a volver a ver o de los amigos del pueblo que se convertían en el centro de tu universo durante un mes y de quienes no sabías nada en todo el año. Eran adioses que sonaban tan eternos que partían el alma.

Con los años las despedidas se van acompañando cada vez más de abrazos. Fuertes y sinceros. Porque, aunque sabes que te volverás a ver, también queda la duda de ¿y si no? Porque ya nos sabemos finitos y no hijos de una eternidad en la que antes confiábamos ciegamente.

Se acaba agosto y en estos días viviremos tantas despedidas como reencuentros. Se cierran las casas de verano y todo se queda como un escenario listo para volver a ser vivido dentro de otra vuelta del sol (mira que me parece esnob esta expresión, pero aquí pega). Atrás dejamos esos besos y abrazos, esa lista de personas con las que no pudimos compartir el tiempo deseado, esos planes que dejamos anotados para el año próximo y un montón de propósitos para el curso que comienza.

Sin solución de continuidad nos encontraremos saludando a los compañeros, encendiendo el ordenador, tomando café en el bar de siempre y valorando los viernes como si fueran oro. En esa rutina en la que volvemos a nuestra cama, nuestro mando y nuestro supermercado y en la que se desarrolla más del 90% de nuestra vida. Será cuestión de dejar atrás las despedidas y mirar hacia adelante porque la nueva función acaba de empezar. Bienvenidos al mundo real.