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Chema López Juderías

Pedro Sánchez le dijo el martes a las Comunidades Autónomas que la decisión sobre declarar el estado de alarma, si la cosa se va de las manos con el Covid, será suya, contando, eso sí, con el apoyo del Gobierno.

La oposición a Sánchez le acusó, a los cinco minutos, de traspasarle el marrón a las Comunidades y cierta prensa compró el discurso en las portadas del día siguiente: “Sánchez ahora se borra para que las CCAA asuman todo el desgaste”. “Sánchez se lava las manos”. “Sánchez se desentiende y deja en manos de las autonomías el estado de alarma”.

Me sorprende este argumento. Vivimos en un país que hace muchos años apostó por un Estado de las Autonomías, con sus debilidades y sus fortalezas, con el objetivo de que cada territorio tome sus propias decisiones. Y es lógico, porque Aragón no es Andalucía y Galicia no es Murcia.

Lo anacrónico, para mi, fue lo vivido de marzo a junio, cuando las decisiones se tomaron desde Madrid, sin tener en cuenta las peculiaridades de cada sitio. 

Teniendo en cuenta que las CCAA tienen transferidas -desde hace muecho tiempo- las competencias en sanidad y educación, que tanto pintan en esto de la pandemia, parece lógico que sea cada territorio el que decida cómo está la cosa por su zona. Lo otro sería que dos ministerios, con sedes en Madrid, nos obligaran a hacer lo que ellos consideraran oportuno.

De todas las declaraciones que he escuchado desde el martes, me quedo con una frase del presidente de Aragón, Javier Lambán: “No quiero que el Gobierno de España me sustituya en el ejercicio de mis competencias, quiero que me ayude a ejercerlas bien”.

Y ese es el meollo de la cuestión. Que los gobiernos autonómicos, que para eso están, decidan si hay que confinar un barrio, un pueblo o una comarca entera, pero que se les den las armas para que eso se pueda ejecutar sin líos jurídicos.

Está claro que lidiar con el Covid es un marrón, eso nadie lo duda, pero para eso están los gobiernos. Para las duras y para las maduras. Lo otro es recentralizar las competencias y volver a los gobernadores civiles. Si tenemos autonomías, las tenemos con todas las consecuencias.