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EFE/Emilio Naranjo

Chema López Juderías

Ya podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que Santiago Abascal y Vox hicieron esta semana la peor defensa de una moción de censura de los últimos 80 años.

No contentos con no sumar ni un solo apoyo, algo inédito en las cinco mociones de censura de la democracia -con Franco no se podían hacer estas cosas-, Vox se topó sin esperarlo con un cabreado Pablo Casado, el líder del PP, que pronunció una frase que ya es historia del parlamentarismo español: “Es la hora de poner las cartas boca arriba, hasta aquí hemos llegado”.

Casado jugó al despiste los días previos a la moción, dando la información a cuentagotas y escondiendo esas cartas que luego puso boca arriba. La jugada no pudo ser más inteligente. De hecho, acaparó todos los focos y todos los titulares.

Lo que viene a partir de ahora es lo realmente interesante. ¿Se sacudirá definitivamente el PP la sombra de Vox, un partido que le insulta, día sí y día también, con eso de “la derechita cobarde”? ¿Será Casado capaz de marcar un estilo propio, alejándose de la derecha más reaccionaria? ¿Apostará Casado por centrar al PP para recuperar a esos votantes que van -o iban- elección tras elección de la derecha moderada a la izquierda moderada en función de las circunstancias?

Tiempo habrá para resolver las incógnitas. Tiempo tendrá Casado para confirmar un gesto que fue aplaudido por millones de españoles, hartos de un ambiente político hostil, cargado, irrespirable y que solo tiene un objetivo: divirdirnos como sociedad y pescar en ríos revueltos.

Y tiempo habrá, también, para ver la reacción de Abascal y los suyos, porque seguro que esto no va a quedar así.

De momento, lo único que han hecho es lanzar un cartel donde se ve al líder de la ultraderecha mirando al infinito con un fondo de banderas españolas y el mensaje “Ni un paso atrás. La última barrera”, que vaya usted a saber lo que significa.  De hacer autocrítica sobre lo ocurrido, ya si eso hablamos otro día. Porque imagino que Abascal no se habrá planteado en ningún momento dimitir después de haber hecho la peor defensa de una moción de censura en 80 años.