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Chema López Juderías

Hay gente que pasa por la vida de manera discreta, pero eso no significa que no deje una huella imborrable. Hay gente capaz de ser más popular y querida que nadie, pero haciéndolo  desde la humildad, sin buscarlo ni pretenderlo y sin hacer el ruido que otros necesitan para que les escuchen.

El Covid se ha llevado esta semana a Nonito Vicente, una de esas personas que nos regaló muchas cosas y sin pedir nada a cambio. Y eso, en estos tiempos (y en cualquiera), tiene mucho mérito.

La pasión de Nonito fue la Vaquilla de Teruel. Fundó peñas, participó en ellas de forma activa y escribió varios libros para que esa memoria colectiva de la ciudad no se pierda nunca. No hay turolense apasionado de sus fiestas que no lo conociera. 

En esta casa, en DIARIO DE TERUEL, por ejemplo, Nonito colaboró muchas veces de forma desinteresada y no dejó jamás de agradecer, y hacerlo de corazón, porque esas cosas se notan, cualquier entrevista, artículo o reportaje que sacáramos sobre su trabajo, sus publicaciones o sus iniciativas.

Da igual lo que le pidieras o le propusieras. Siempre era un “sí”, porque no había cosa que le hiciera más ilusión que hablar de la Vaquilla y de su historia.

Solía venir de vez en cuanto por el periódico y siempre lo hacía cuando publicaba nuevo libro. Nos dejaba algunos ejemplares y nos contaba anécdotas sobre la Vaquilla o sobre Teruel. Solo hacía falta sacarle el tema de conversación.

Y ahora, ya no está con nosotros. Se ha ido y con él uno de los grandes referentes de la Vaquilla, algo que para los turolenses va mucho más allá de una simple fiesta.

Lo único que nos consuela ahora es el hecho de pensar en su legado. En todos sus libros, escritos, estudios y material relacionado con la Vaquilla que Nonito acumuló durante años y años de trabajo y que no tuvo ningún reparo en compartir con Teruel y con los turolenses.

Ese legado es memoria viva de la Vaquilla, material indispensable para entender lo que son esos tres días de fiesta que transforman nuestra ciudad.

Nonito, estés dónde estés, gracias por todo. Gente como tú se va, pero permanece para siempre. Fue un lujo haberte conocido.