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Chema López Juderías

La misma semana que hemos conocido que noviembre fue el mes más terrorífico de la pandemia -90 muertos en la provincia de Teruel-, el Gobierno central y las CCAA han pactado las normas para la próxima Navidad.

Hace unos días nos dejaron caer que permitirían reuniones familiares de seis personas y de repente han subido la ratio a diez.

Además, nos podremos mover entre territorios solamente diciendo que vamos a casa de nuestra familia o de “un allegado”, lo que en la práctica significa barra libre en los desplazamientos.

No he oído ni a una sola persona -y lo digo de verdad, no es ninguna exageración- que le parezcan bien estas medidas tan laxas. Incluso el Gobierno de Aragón, que refrendó el acuerdo, dice ahora que no está la cosa para abrir la mano.

Poca gente entiende que, en un momento en que los contagios y las muertes nos ofrecen diariamente cifras difícilmente digeribles, nos anuncien estas pautas.

Llegados a este punto, cuando hemos tenido que renunciar a muchas cosas, y cuando estamos a pocas semanas para empezar la vacunación, no parece muy lógico relajarse, y más cuando ya nos anuncian en Aragón una cuarta ola.

Tengo claro que este año seguirá habiendo regalos de Reyes, comidas copiosas y consumo navideño, aunque sea en menor medida que hace doce meses. 

Por eso, salvar la Navidad es bombardear con mensajes de “más comercio local y menos Amazon”, más recurrir al restaurante de debajo de casa para que nos haga un buen menú o consumir productos locales. Lo otro, es meternos en un lío que acabará con más contagios y más muertes.

Imagino la cara de los hosteleros, que tienen que sobrevivir con un puñado de mesas en la calle con temperaturas a veces de bajo cero, cuando  leen que se va a permitir iez personas en una casa, pero no esas mismas diez personas dentro de su negocio. Es difícil de justificar esas medidas.

Solo espero que de aquí a las fiestas se le de una vuelta a todo esto. No se trata de salvar la Navidad, se trata de salvarnos a nosotros mismos durante la Navidad.