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Javier Silvestre
La primera persona que me felicitó la Navidad fue una simpática dependienta de una tienda del centro de Madrid hará más de dos semanas. Recuerdo que me quedé parado, sin saber cómo reaccionar. Era 15 de noviembre… un poco pronto para mí gusto. Pero comprendí que en su comercio, seguramente, hacía tiempo que preparaban la campaña navideña, y que eso la llevó a anticiparse cuando aún quedaba más de un mes y medio para Nochebuena.

Vivir en la anticipación de lo que está por llegar es un mal que se ha enquistado en nuestra sociedad. Como los niños que ansían saltarse su propia infancia para ser mayores de un plumazo, los adultos hacemos lo propio aunque en diferente escala. No dejaría de ser algo anecdótico de no ser porque anticiparse a lo que vendrá acaba siendo motivo de desinformación y de enfrentamiento. Me explico.

Hace tiempo que los periodistas profesionales (y los pseudoinformadores que se autoerigen en líderes de opinión en redes sociales) elevan a categoría de noticia lo que aún está por pasar. Un ejemplo de ayer mismo: "Los centros de salud alertan de un posible colapso por el aumento de casos de coronavirus". Es decir, que la noticia es un "por si acaso" en toda regla. Cómo ésta, hay noticias a diario que se basan en un futuro intangible más propio de la videncia que de la evidencia.

Quizás lo más estrambótico esta semana en hechos informativos sea el acuerdo para llegar a un acuerdo que han acordado Gobierno y ERC con la cuota del 6% de catalán en Netflix. Y los periodistas, cada día más cobardes y aborregados, informamos sin rubor de un acuerdo para llegar acordar algo… en vez de titular que se postpone dicho acuerdo hasta saber quién paga la fiesta del doblaje (no hace falta que les diga que seremos todos, está claro). ¡Manda narices!

Vivimos en la previsión informativa constante para evitar analizar el pasado y comprobar que nos equivocamos (o que se equivocaron los que nos gobiernan). Dejamos que nos informen y legislen en base a pronósticos de futuro que acaban resultando falsos (que se lo digan a los palmeros que llevan un mes escuchando que al volcán le quedan cuatro Telediarios). Y generamos grandes polémicas de hechos que ni tan sólo han ocurrido aún porque interesa que así sea para distraer la atención de otros temas más importantes (véase los constantes encuentros Casado-Ayuso que si no se producen es por no estar en agenda, simple y llanamente).

Es noticia que el Rey quizás regrese en Navidad a España cuando realmente nadie sabe nada al respecto. Anunciamos las cifras oficiales del paro una semana antes, pero se niegan a retrasar una hora la rueda de prensa donde se ofrecen los datos finales, impidiendo que tengamos tiempo de analizar bien las estadísticas. Y estamos horas discutiendo sobre grandes planes y futuras leyes que se anuncian 23 veces pero que jamás llegan a ponerse en marcha.

Es la época del maybe fact y dejamos que sean los "quizás" los que sustituyan las cinco W sagradas del periodismo. Así que, viendo cómo van las cosas, permítanme felicitarles la Semana Santa, feliz Vaquilla (quiera Dios que esta vez sea realidad) y felices fiestas de Pilar. Esto promete.