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Elena Gómez

Hablemos de la India. Es un país patriarcal, donde la mujer tiene escaso valor, sufriendo constantes abusos, violaciones y vejaciones. Por eso, sobre todo entre las castas más pobres, las familias prefieren tener hijos en vez de hijas, por lo que los feticidios femeninos están creciendo de forma dramática. Una niña supone un esfuerzo económico ya que, no solo no aportará dinero, sino que tendrán que proporcionarle una buena dote para que logre un matrimonio adecuado. 
Además, el matrimonio infantil femenino es habitual y muchas niñas se casan sobre los 14 años de edad.
Sin embargo, gracias al proyecto Kiran Hadhi Yogana, una pequeña localidad de 8.500 habitantes en una zona desértica y deforestada al norte del país llamada Piplantri, se ha convertido en un ejemplo de desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente y los derechos humanos. 
Allí, cada vez que nace una niña, su familia planta 111 árboles (junto a arbustos de aloe vera), comprometiéndose a cultivarlos y obtener sus frutos. Además, entre padres y vecinos crean un depósito fijo de unos 400 € por niña para asegurar su futuro. 
Al cumplir la mayoría de edad, las chicas podrán vender los árboles plantados, cuyo valor se estima en unos 645 euros cada uno. Así, podrán esperar a ser adultas para decidir qué será de su vida: pagar una dote o costear unos estudios e independizarse. 
Este proyecto ha traído numerosos beneficios a la comunidad. La natalidad femenina ha crecido un 24%. 
Se ha logrado la reforestación de la zona con unos 285.000 árboles plantados. Y existen diversas cooperativas femeninas de productos de aloe vera, madera y bambú, siendo el 80% de las mujeres de la aldea su motor de desarrollo. 
Los expertos llaman a este movimiento eco-feminismo. Más allá de calificativos, para mí es una iniciativa ejemplar. Ojalá aquí encontremos ideas parecidas para superar los problemas que azotan nuestra provincia.