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Javier Silvestre
“Llega el hieling: cómo hacer hielo para no quedarte sin bebidas frías”. Este falso titular que se atribuía a un periodista de ElPlural.com ha hecho correr ríos de bytes en redes sociales esta semana. Decía el mítico Gila que "el único límite del disparate es que tiene que tener algo de credibilidad” y no le faltaba razón. Porque aunque pareciese increíble que un medio de comunicación hubiese hecho semejante titular, era perfectamente plausible que un periodista hiciese un artículo descubriendo a sus lectores los misterios de la fabricación de hielo.

Que demos por bueno que alguien enseñe cómo solidificar el agua dice mucho (quizás demasiado) de la confianza que tenemos depositada en nuestra sociedad. Porque, no lo olvidemos, al final lo que se convierte en noticia es la excepción de la regla… El problema es cuando estas excepciones acaban siendo la tónica diaria de los que nos gobiernan.

Decía la Secretaria de Estado de Igualdad (Podemos) esta semana en una entrevista radiofónica que “nosotros sabemos que estar en el Gobierno es una anomalía” y que “porque sabemos que no vamos a estar este tiempo tenemos también la diarrea legislativa que tenemos”.

Remataba la frase asegurando que “es como todo el rato intentando hacer muchas cosas no vaya a ser que mañana se acabe". Este es el nivel de alguien que llegó al cargo en octubre de 2021 y que cobra 119.000 euros al año, más que la propia ministra Montero. Pero dice la verdad. El Gobierno de “las cosas chulas” no para de legislar. Y esta “diarrea legislativa”, cómo no, viene acompañada de retortijones que acabamos sufriendo los ciudadanos.

El último ejemplo: las medidas de ahorro energético que han sido un verdadero empacho del que todavía se está recuperando medio país. Un BOE improvisado, sin hablar con nadie, con medidas que contradicen la propia legislación vigente y que tienen que ser matizadas una y otra vez... Hasta tal punto ha llegado el matiz que, al final, vaya usted a saber si ha servido de algo todo este lío con el que nos han tenido ocupados durante toda una semana (por el momento).

La torpeza de los que legislan viene acompañada, cómo no, de la sed de populismo de algunas figuras de la oposición. Oponerse por oponerse, sin saber ni si oponerse es bueno para el ciudadano. “Madrid no se apaga”, decía -adelantándose a su propio partido- Isabel Díaz Ayuso, que ha liderado a golpe de tuit desde la tumbona de la playa la lucha política contra las medidas de ahorro energético. Por si éramos pocos, algún líder trasnochado de Ciudadanos intentaba quedarse con las migajas del discurso Ayuser insistiendo en que “la inseguridad se va a instalar en nuestras calles”, oscuras y peligrosas, a partir del martes. Olvidan que sólo se apagan los escaparates, no las farolas… Pero eso, ¿a quién le importa?

Al final, han convertido todo cuanto rodea a nuestras vidas en un disparate. Cada semana una historia increíble que supera a la anterior: campañas de igualdad que roban modelos y las trastocan (véase mi última columna), gincanas sexuales para niños de 12 años organizadas por ayuntamientos o la inexplicable psicosis por las “agresiones de género” mediante pinchazos que nadie aún ha podido demostrar. Así las cosas, no es de extrañar, que si un periodista se pone a explicar cómo hacer hielo en un artículo, la gente se lleve las manos a la cabeza pero se lo crea a pies juntillas. Esto ‘prometing’.