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Rocío o Darth Vader Rocío o Darth Vader

Rocío o Darth Vader

Javier Silvestre

Me alucina la capacidad que tienen los de siempre para decir una cosa y hacer la contraria. Esa nueva autoproclamada policía de balcón que se pasa el día denunciando cómo el resto nos saltamos las normas, pero que queda a cenar con 12 colegas en su casa. Esa gente que demoniza a Ayuso mientras se hincha a cervezas en un bar de Malasaña. Esos que sienten repugnancia por los franceses que vienen de fiesta a España pero retozan con ellos a la mínima que les sale un match en Tinder.
Siempre son los mismos. Los que se adueñan de la sanidad, de la educación, del feminismo, de la inmigración, de la homosexualidad e incluso de la forma en que debemos morir. No pensar como ellos es pensar mal y, cómo no, ser un fascista extremista y peligroso al que hay que arrinconar. 
Pregonan cómo debemos vivir el resto mientras ellos van a clínicas privadas, pagan varios cientos de euros al mes por el colegio privado de sus hijos, tienen una filipina ilegal que les va a limpiar el piso y se jactan de tener una prima lesbiana en Murcia que vota a Vox. Les encanta pregonar lo progresistas que son y lo malos que son los que no piensan como ellos. 
Actúan con la misma incoherencia que los políticos a los que encumbran. Aquellos que nos protegen de la pandemia con expertos sacados de Aliexpress; que nos perimetran lejos de los nuestros pero se montan inauguraciones a pocos metros de sus segundas residencias; que se van de putas con la tarjeta del partido; que piden cerrar los bares en Madrid pero autorizan una mega carpa para celebrar la Feria de Abril en Sevilla.
La falta de humildad y de capacidad crítica caracteriza a estos hooligans ideológicos, de media guantá intelectual, a los que les encanta dictar qué debemos de pensar el resto. Y cuando les replicas que no estás de acuerdo, pasas de ser un buen ciudadano a ser, directamente, una “mala persona”. Así, sin más. Y te miran con cara de asombro -como si hubiesen descubierto que Satanás habita en ti- porque no repites como un loro lo que dicen los nuevos influencers del pensamiento.
Estos voceros de terraza no suelen aguantar ni medio asalto dialéctico y responden a un patrón bastante básico en cuanto a formación cultural se refiere. Es lo que se busca desde hace tiempo: infraeducar, desinformar y arrebatarnos, de esta forma, nuestra capacidad para ser críticos. Por eso, sus argumentos son fácilmente desmontables; porque se basan en incoherencias, en ideas de corta y pega que no se han parado a cuestionar. Un ejemplo de dictadura moral es el documental de Rocío Carrasco. 25 años siendo vapuleada por los mismos que ahora aseguran “no poder dormir” por haber tenido en plató a Antonio David Flores. Los mismos que sabían hace casi un año (por no decir que mucho antes) los supuestos malos tratos. Los mismos que hacen caja mientras lo visten de servicio a la sociedad. Los mismos que se pasan la presunción de inocencia por el forro. Los mismos que claman contra una Justicia heteropatriarcal que no existe ya que hay más juezas que jueces en nuestro país. 
Los mismos que ahora nos imponen quién es el malo de la historia y quién es la buena, cuando hace tan sólo una semana era al revés.
Pero cuestionar ahora a Rocío te sitúa en el lado oscuro. Les confieso una cosa: prefiero parecer Darth Vader a claudicar y que me dicten lo que debo de pensar. ¡Que la fuerza les acompañe!