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Ana I. Gracia
Es viernes, agosto, y a lo lejos todavía veo la torre de la Central Térmica cuando vuelvo a Andorra. Hago cálculos con los dedos. Un año, más o menos, para que ese escenario cambie para siempre. Miro de frente y veo el pasado, pero miro hacia arriba y veo esperanza. ¡Cielos! ¿Será el cielo el que salve la provincia?

Teruel es uno de los mejores lugares del mundo para observar las estrellas.

Por eso hay que aprovecharlo como valor e identidad propia de Teruel y destacarlo como destino turístico. Disponemos de un entorno rural rico, atractivo, donde la ganadería y la agricultura pesan demasiado.

¿Por qué no potenciamos actividades que integren todos los recursos del entorno y lo vendemos como un lugar mágico, tranquilo, desde donde verás el cielo como nunca antes lo habías visto? Podría ser un puntal en el desarrollo económico local a través de una modalidad de turismo distinta. La Fundación Starlight otorga hasta 16 distinciones a Aragón por la gran calidad de sus cielos, y destacan los tres lugares que cuentan con una doble certificación Starlight, la de Destino y Reserva: la Sierra de Albarracín, Gúdar-Javalambre y Cuencas Mineras.

Llevo semanas escuchando a nuestros representantes públicos presentando proyectos, ¡algunos con proyección internacional! La que durante tantos años ha sido la tierra olvidada se encuentra ahora sumida en una oportunidad de crecimiento, y no me refiero al aluvión de placas solares que quieren colocarnos sin importarles un pimiento el destrozo paisajístico que arrastran.
Uno de los proyectos más interesantes para que Teruel florezca como una tierra llena de nuevas oportunidades es Sceye, una macrocompañía tecnológica, propiedad de un filántropo millonario danés que establecerá en Teruel el lugar donde realizar sus pruebas para vuelos estratosféricos de observación de la Tierra. Sus dueños explicaron que eligieron nuestra provincia por las ventajas de su localización, en el hemisferio Norte, cerca del Mediterráneo, y por su latitud, con unas características climáticas muy relevantes en operaciones de despegue, por sus vientos relativamente suaves.

En Teruel capital está el Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón, con más de 60 científicos, encargado de destripar los datos que llegan desde lo más alto de la provincia. Además, el aeropuerto de Teruel va a ser un astropuerto, y estará habilitado para realizar operaciones más allá de la estratosfera, con varias empresas del sector aeroespacial trabajando ya en él. Teruel es ya una referencia como ecosistema aeronáutico y espacial de vanguardia tecnológica y la sitúan, junto con el Observatorio Astrofísico de Javalambre, en una posición privilegiada para albergar la Agencia Espacial Española. Somos muchos los que apoyamos esta candidatura y no vemos otro final que el Ministerio de Ciencia nos elija como sede. ¿No es éste el Gobierno comprometido con la despoblación?

Yo no entiendo prácticamente de nada que no alcanzo a tocar con mis manos, pero si la ministra de Ciencia, Diana Morant, tiene dudas sobre si hay o deja de haber talento local, que charre un rato con Ana Belén Griñón, que mañana pregonará las fiestas de San Macario. Con 36 años, esta andorrana luce un palmarés que quita el hipo. Licenciada en Física, Máster en Astrofísica, beca Leonardo da Vinci en Oxford, tesis doctoral en el Instituto de Astrofísica de Canarias, doctora en Física, no dudó en mudarse a California para continuar sus investigaciones sobre el Sol en la Universidad de Stanford con un contrato financiado por la NASA. Ahora vive en Noruega, donde firmó su segundo contrato postdoctoral con la Universidad de Oslo, mientras sigue colaborando con sus colegas de la Universidad de Standford. Qué orgullo de paisana. Para los que dudan: Teruel es un paraíso repleto de riqueza natural y humana. Solo tienen que mirar aquí abajo, en la tierra, y ahí arriba, en el cielo.