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Juanjo Francisco

Vaya por delante que todo lo que sigue es estrictamente personal. Bueno, todo lo que uno escribe es personal, pero lo de hoy tiene algo de íntimo que nada tiene que ver con la profesión. Incumbe a Teresa Lahoz, una otorrinolaringóloga que, tras más de 30 años ejerciendo en el  Obispo Polanco, se va a trabajar a un centro sanitario de Zaragoza, su ciudad natal.

La amistad no me permite sentar cátedra de imparcialidad cuando de opinar se trata y libre entonces de esa atadura psicólogica, expando mi desazón y mi tristeza ante su decisión. Teresa ha sido víctima de un sistema que no habilita mecanismos para evitar decisiones como la que ha tomado. Su marcha es una más de las que se dan por estos lares  con una asiduidad como de gota malaya: lenta y apenas perceptible, pero real.

A Zaragoza se lleva Teresa a su familia y un regusto amargo por todo lo sucedido en el final de su etapa y cierta paz interior que se incrementará en cuanto ponga distancia temporal con las tensiones sufridas a lo largo de estos últimos tres años. Para el sistema lo de Teresa es una lágrima en medio de la lluvia que será deglutida por una realidad sanitaria que no concede plazos a la reflexión y que, además de dejar al descubierto sus costuras, también abre grietas en lo personal.  Teresa ha intentado dejar al descubierto las vergüenzas de la Sanidad en Teruel en un empeño del que ha salido escaldada. Me consta que quiere a Teruel, sus cuatro hijos nacieron aquí, y que ha vivido como propias todas las cuitas que le han transmitido sus pacientes. Cree que sobre Teruel hay grandes discursos, mensajes en positivo, cifras respetables y proyectos ilusionadores, pero en su consulta ha palpado la sensación de desamparo que tienen muchos enfermos. Contra esa sensación no hay discurso que valga, solo caben las soluciones rápidas. La normalidad con la que se ve el caso de un profesional que cambia de destino, no debe disculpar ciertas lecturas que de la circunstancia ha hecho algún cargo público que sesga a conciencia parte de las consecuencias que derivan del hecho. Nunca serán irrisorias, por ejemplo, las listas de espera.

Teresa seguirá su camino y quizá piense lo paradójico que resulta tener que retomar la misma senda que hace muchos años, tomó su padre cuando dejó Pancrudo para continuar la vida en la ciudad en la que ella vino al mundo.