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Juanjo Francisco

Aquella mañana de hace quince años la tengo nítida en la memoria. Es una huella casi física porque todavía me parece sentir la reconfortante agua caliente de la ducha mientras sonaba a toda pastilla el bajo profundo de la banda de Bruce. Era una bienvenida particular e íntima, alejada de miradas familiares.

De entonces a ahora todo ha sido como de merengue, un paseo vital que a ti te parecerá una odisea, pero que a los demás nos ha sabido casi a un instante. Estos quince años representan un paso más, sí, otro de tantos que has dado y que te quedan por dar, espero, y son también otra barrera que ya franqueas para adentrarte en eso tan desconocido que llamamos vida, sea cual sea la edad que tengamos. Suerte con ella, qué menos, compañero.

Mientras vas gastando tu tiempo en cuitas varias, en aficiones y planes a medio y corto plazo -lo del largo todavía no lo concibes-, te veo contento y poco dado a esos rebotes que tanto temo a fuerza de haber sido prevenido por otros.

Por lo demás, confieso que te observo ávido por encontrarme en ti cuando tenía tus años y ya voy viendo ciertas pistas emocionales que no sé si se consolidarán o no en el futuro y, a veces, noto que pese a todo lo que nos une, cada uno es cada uno, por muy de perogrullo que suene esto.

Y como yo entonces, ya estás experimentando algunos matices de la vida que no son agradables: las pérdidas, el peaje psicológico del esfuerzo continuado, las decepciones, ciertos fracasos y varios disgustos. Sé, no obstante, que prefieres quedarte con el reverso de todo lo anterior: la alegría innata que luces así me lo transmite y disfruto porque creo que, alrededor de tanta confusión que ahora tienes, hay una buena persona desarrollándose.

Estás, chavalote, en el inicio de un recorrido que deseo largo y en el que te aguardan tus propias decisiones y sus riesgos. Cruzo los dedos.

Como tengo la sospecha  de que no te gustará que parloteé aquí de estas cosas, acabo ya excusándome en la necesidad que tenía de compartir con todos, los conocidos y desconocidos, lo bendecido que me siento desde que nos conocimos. Has conseguido que aquella mañana tan especial de hace 15 años sea la más larga de mi vida.