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Asistencia personal

Elena Gómez

La Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, establece el derecho humano a vivir de forma independiente. Este tratado internacional está ratificado por España y, por lo tanto, es parte del cuerpo normativo constitucional de nuestro país.

De este modo, la figura del asistente personal se encuadra dentro de este derecho, siendo la persona que realiza o ayuda a realizar las tareas de la vida diaria a otra persona que no puede ejecutarlas por sí misma o le presentan dificultad. Esta actividad debe ir regulada por un contrato laboral en el que el usuario es la parte contratante y tiene un rol de autoridad en dicha relación.

En España, la legislación en este ámbito es laberíntica y farragosa. No existe un marco laboral adecuado sobre la cualificación profesional de estas personas, y las ayudas establecidas por la Ley de Atención a las Personas en Situación de Dependencia son inadecuadas, escasas o incluso inexistentes.

La complejidad del asunto nos puede llevar a pensar que un asistente personal se rige por el régimen especial de los empleados de hogar. Nada más lejos. Debemos tener claro que la relación laboral es siempre por cuenta ajena, bajo los preceptos del Estatuto de los Trabajadores. El empleador debe pactar las condiciones de trabajo con el trabajador bajo unos requisitos legales de respeto y contraprestación. Es nuestra obligación dar de alta al empleado, ingresar las cuotas obligatorias, garantizar su cobertura social y pagar su nómina a través de cauces transparentes.

Todo esto fue predicado hasta la saciedad por Pablo Echenique durante su época de activismo social, antes de dedicarse a la política. Me siento decepcionada por su intento de justificar los actos por los que ha sido definitivamente multado. Sabía que tenía ciertas obligaciones con su asistente, y si no las cumplió fue por esa actitud canalla que tiene la clase política española, viviendo en una burbuja muy alejada de la realidad.

Odio el cinismo que derrochan los políticos que se ponen el mundo por montera. Nos quedan pocas alternativas democráticas para expulsarlos, pero todavía podemos enorgullecernos de nuestra dignidad y honradez a pesar de la escasez de recursos.