Síguenos
Camino Ibarz

Ruido de sirena anti bombardeos, toque de queda, filas interminables de coches que no avanzan ni medio milímetro a la hora para salir huyendo de la ciudad, tanques movilizados, miedo, horror, muerte… Desgraciadamente no son frases ni situaciones que aparezcan en el libro que tengo entre manos. Es la guerra de verdad, en Europa, y en pleno siglo XXI. Ni es una novela, ni es un sueño. Estoy que no me lo creo y tengo miedo. Miro la cara hierática de Vladimir Putin en la televisión, ese hombre que argumenta su ataque a Ucrania al grito de proteger al pueblo de abusos y genocidios, bordeando la línea roja que le separa de una reacción militar de la OTAN y pasando olímpicamente de las sanciones masivas anunciadas por Europa, las amenazas de Biden asegurando que “sufrirá las consecuencias” o la afirmación de nuestro propio gobierno diciendo que “no debe quedar impune”. A Putin se la suda todo, le importan un bledo todas las personas que ya han muerto y las que habrán caído cuando se publique esta columna. Pensar en esta idea, aún me da más miedo.

Y en este estado de incertidumbre, me repatea y causa dolor escuchar estos días, recién iniciada una guerra, un sinfín de análisis sobre las nefastas consecuencias económicas que va a tener este conflicto para todos: “la inflación, el impacto económico del conflicto que más preocupa en España” rezaba el titular que dejó la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, al valorar el inicio del ataque ruso y añadió que “en España la garantía de seguridad de suministro está garantizada aunque puede verse afectada por los precios de la energía en todos sus frentes debido a la guerra en Ucrania”. ¿De verdad, la inflación? ¿Garantía de qué? ¿Argumentos para tranquilizar a la población? Esos suministros, precisamente, están detrás de este conflicto, entre otras locas razones del antiguo jefe de la KGB.

Me horroriza que vayamos a ser testigos de algo que va a tener consecuencias nefastas para todos y de un alcance, en mi opinión, descomunal y que nadie puede avanzar con certezas. No menos horror me da pensar que realmente los efectos económicos sean lo que más nos preocupa… ¿De verdad? Como en todas las guerras habidas en la historia, habrá quienes hagan negocio, cruel negocio, pero el sufrimiento generalizado ganará por goleada. Es un sinsentido y no estoy soñando.