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Nuria Andrés

De toda crisis hay alguien que sale beneficiado y los efectos de esta nunca son iguales para todos. Las feministas sabemos que durante la crisis de la covid, dos tercios de los puestos de trabajo que han desaparecido estaban ocupados por mujeres, que se preveía que la pandemia empujaría a 96 millones de personas a la pobreza extrema y 47 de ellos eran mujeres. Somos conscientes de que el 70% de los trabajadores de salud y personal de emergencia son mujeres, que unas estaban al frente de barras de bar, otras han sido las cajeras de los supermercados o que muchas trabajadoras del hogar -una buena parte de ellas sin contrato- se han quedado sin acceso a recursos. ¿Cómo no vamos a tener presente el riesgo de contagio de coronavirus si luego somos las mujeres las que normalmente nos encargamos de cuidar a ancianos y dependientes en una familia?

Las feministas entendemos el sufrimiento que ha provocado esta pandemia. Por eso, sabemos que celebrar el Día de la Mujer como se ha hecho años atrás, cuando vivíamos en absoluta normalidad, es una irresponsabilidad que no tiene cabida en estos tiempos. Lo que no entendemos es por qué ha sido el 8M el único evento que ha saltado al debate público. Políticos, periodistas y todo tipo de personas que buscaban su minuto de gloria han vuelto a regocijarse en su frase favorita: que celebrar el Día de la Mujer es un peligro para la salud pública. Y si en algo hay que darles la razón es que cualquier manifestación, por muy moralmente aceptable que sea, es injustificable en estos tiempos. Pero, ¿por qué no se pensó esto meses atrás? Se han permitido manifestaciones en contra de la Ley Educativa, movilizaciones fascistas e incluso negacionistas. Llega el Día de la Mujer y se considera un atentado contra la salud. Cuesta creerlo. Cuesta creer que el motivo para suspender las movilizaciones sea ese y no que se gobierna mirando encuestas y apariencias.

Este año, el 8M se ha trasladado de las calles a los despachos; de la conciencia individual a la disputa colectiva; de la lucha al debate. La protesta sigue siendo necesaria, probablemente ahora más que nunca. Este año se prohíbe por miedo. Pero ojo, al otro lado la ultraderecha intenta tomar las calles que a las mujeres nos han obligado a vaciar.