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N.A.

La gente me pregunta extrañada por qué ahora muchos periódicos, cuando suben sus noticias a Internet, piden una suscripción para continuar leyendo. Siempre respondo lo mismo: que supongo que a los periodistas también les gustará comer.
Todavía deben quedar muchas personas que cortocircuitan al recordar que el Gobierno declaró la actividad de los medios de comunicación como esencial. Esencial porque los periodistas siempre han estado ahí. Los más románticos creerán que lo han hecho por su anhelo de cambiar el mundo y los más cínicos se regocijarán en pensar que solo hemos molestado. En medio de este vaivén, es donde se encuentra la figura del periodista, una figura humilde cuyo trabajo se basa en una tarea aparentemente ingenua: Ir, estar, apreciar, palpar, husmear, pensar. Para después: Contarlo. Algo que parece tan sencillo pero que durante estos meses ha sido tan complicado. 
Se ha hecho un esfuerzo tremendo para conseguir que la incertidumbre no se apoderara de nosotros. A pesar del ruido y la complejidad de la situación, se ha intentado dibujar una realidad. Y sobre todo, a pesar de que las puertas se cerraban, se ha procurado contarlo todo desde dentro, porque un periodista debe estar dentro.  Si la prensa no ha visto el colapso del sistema sanitario de cerca, ¿qué puede contar?, si no ha hablado con el personal sobre el esfuerzo que han hecho, ¿de qué puede hablar? Los medios de comunicación no pueden vivir con distancia de seguridad porque a un metro no se ve lo mismo que a diez centímetros. Si en plena pandemia, es aceptable que los periodistas informen de la situación desde la lejanía, ¿entonces, para qué servimos los periodistas?  Nosotros somos el lugar en el que algo ha ocurrido.
Al final, te das cuenta de que el periodismo es un camino de fracasos, y entre decepciones, frustración y caídas, vives un pequeño triunfo que te devuelve el aliento. Los periodistas vivimos de ese pequeño triunfo. En un recorrido donde la gente piensa que sólo juntas letras, que escribes de temas sin importancia y que cualquier persona sería capaz de hacerlo, te detienes un momento y te das cuenta de que, efectivamente, has estado escribiendo de miles de asuntos sin importancia, pero cada uno de ellos formaba parte de algo y afectaba a alguien. No tenemos importancia, pero somos esenciales.