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Estocolmo, capital de Suecia, con un estado de bienestar envidiable por la mayoría de capitales de Europa. Los suecos son el resultado de la evolución del pueblo vikingo, temidos en todo el continente por su afán de conquista, no como España, donde para el resto de europeos somos poco más que una playa de Mallorca y un tablao flamenco en el Sacromonte. 

Qué poco nos parecemos a Suecia, y sin embargo, en 1973 en Estocolmo, ocurrió el Robo de Norrmalmstorg, un atraco a un banco de la capital, en el que, tras el incidente, una cajera se enamoró de uno de los atracadores y dió lugar al conocido Síndrome de Estocolmo.

Algo parecido ha ocurrido en España 47 años después, sólo que, en esta ocasión, no ha sido por el robo a un banco. Hace meses que en nuestro país vivimos secuestrados en un desastre colectivo, también llamado “Nueva normalidad”, para los más optimistas. Hace diez meses que existimos en un modo de vida totalmente ajeno al que conocíamos, con demasiadas personas que se han marchado sin decir adiós y un estado de ánimo abatido por lo que hemos pasado. 

En medio de este desastre, el 27 de diciembre vivimos un día histórico, la ciencia, en menos de un año, había conseguido proveernos de una vacuna para comenzar a vislumbrar el principio del fin. Bien, no creo que exista nada más antiespañol que no alegrarte del inicio de esta campaña de vacunación, sin embargo, muchos son los que han alzado la voz en contra de esto, alegando que “esta vacuna no es segura”. Y es que, en nuestro país, no hemos sabido desarrollar la cura contra la Covid, pero en cada español ha germinado un experto en gestión de pandemias. Aquellos que no deseen vacunarse, tienen que saber que, primero de todo, están en todo su derecho, sin embargo, probablemente estén padeciendo lo que le pasó a aquella cajera de Estocolmo y hayan sucumbido ante los “encantos” de su secuestrador, Mister Covid. 

Esto, no solo es un acto egoísta por poner en riesgo la vida de ese “todo” en el que nos hemos convertido al intentar vencer la pandemia, también es una muestra de que la Covid en España no es el problema, es un problema más de todos los que tenemos. En fin, por suerte, todo parece indicar que la pandemia se esfumara o, al menos, nos dará una tregua. La estupidez no, esa se quedará entre nosotros.