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Nuria Andrés

Hiraeth alude a la añoranza de un momento pasado y la nostalgia por algo que ya no existe. Llevo un tiempo intentando recuperar mi antigua vida porque no termina de convencerme la nueva. Sé que llevamos poco tiempo juntas, pero en reglas generales no terminamos de congeniar. No sé si será ella o seré yo pero cada momento que pasa intento aferrarme a mi vida de antes y por mucho que lo intente no me la quito de la cabeza. 

No quiero parecer ingrata, es verdad que nunca había agradecido tanto estar viva y jamás me habría imaginado que las ilusiones pudieran servir como medicina y los recuerdos de analgésico. 

Pero es que ni los primeros rayos de sol de mayo ni las placenteras noches de agosto han conseguido borrar ni un atisbo del recuerdo de mi antigua vida. Llevo varios meses esperando una señal suya, una promesa, una señal… lo que quiera.  Lo cierto es que no aparece. 

No sé si está esperando a que yo le envíe un mensaje o simplemente no quiere que la moleste más porque se cansó de mí. Sé que mi antigua vida y yo nunca terminamos de entendernos del todo y a veces era insoportable vivir conmigo. Lo que nunca pensé es que se iría de repente, casi sin despedirse. Con todo el tiempo que hemos pasado juntas. 

No sé si se quedó en la tercera cerveza de esa noche, en el último avión, o en esa carcajada a gritos en una terraza. Pensé que en junio se acordaría de mí y no podría evitar preguntar, al menos, qué tal estoy pero la realidad es que se olvidó hasta de mi cumpleaños. Ya no sé ni qué pensar, no sé si la tendrá guardada alguien y me la devolverá cuando llegue el momento o tendrá razón la gente que dice que lo mejor es que mi antigua vida no vuelva porque nos estábamos haciendo daño.  

Me han dicho que soy de las afortunadas de tener una nueva vida y tienen razón, pero no me quito de la cabeza que igual la antigua un día quiso llamar a mi puerta, vio que todo había cambiado y pensó que era mejor irse.  Tengo que reconocer que no supe apreciarla, pero espero que no me lo tuviera en cuenta, es lo que pasa cuando das por sentado que algo te acompañará toda la vida, acabas despreciándolo y descuidándolo. En fin, créanme que no me soportaría que un día decidiera volver y yo no supiera reconocerla.