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Nuria Andrés

Sufrir depresión y ansiedad antes de los 30, la nueva moda que arrasa entre los jóvenes. Todos recordamos qué estábamos haciendo hace un año en este mismo instante, recordamos esos días en casa con un poso de añoranza. Una brisa un tanto bucólica que envuelve esos meses en los que los problemas estaban únicamente dentro del domicilio. Todos recordamos qué pasó hace un año. Yo, hace un año decidí que no quería ser periodista. No porque no me gustara la carrera, eso ni me lo planteaba, sino porque me atraía mucho más la idea de irme al extranjero a mendigar el sueldo mínimo que en mi país no me puedo ganar. Hace un año, hombres de cincuenta años suplantaban la voz de los jóvenes alegando que habíamos perdido la cabeza. 

Si algo hemos aprendido de este año de pandemia, es que las cifras no se pueden normalizar y detrás de cada número hay una historia. Para mi generación, hay una cifra que nos ahoga desde hace años: Cuatro de cada diez jóvenes menores de 25 años está en paro en España. Desde pequeños y gracias a este sistema capitalista basado en la meritocracia, creemos que la vida es una carrera de fondo donde lo único que te ayuda a llegar a la meta es la acumulación de méritos. Una vez llegas al final, te das cuenta de que esa losa de méritos solo pesa, pero no es la llave para culminar el objetivo.  Hace tiempo que la juventud se ha convertido en una suerte de Sísifo. Si en el mito popularizado por Camus, este empuja hacia arriba una piedra muy pesada que caía antes de llegar a la cima, la tarea heroica de los jóvenes es la de sostener un peso insoportable todo el camino y una vez en lo alto, darte cuenta de que no hay cima y ese mismo peso que has levantado es el que tienes que soportar en una caída sin frenos a un pozo de frustración. 

Los jóvenes tenemos miedo al futuro, porque mirar el futuro es asomarse a un túnel que no sabes dónde acaba- lo más probable que en una crisis de ansiedad- Y lo peor es que siempre eligen a otros para que hablen por nosotros.  Nos han prohibido hasta soñar, nos han cortado las alas. Estamos muy preparados y tenemos muchas ganas de aprender, pero si esto no cambia, España se convertirá en el bar de Europa con carcas de cincuenta años mirando por la televisión y mascullando el por qué en nuestro país los jóvenes no emprenden.