Nadie aprende a calmarse solo
La regulación emocional empieza en el vínculoBienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Esta semana nos detenemos para hablar de los vínculos más tempranos, esos que construyen el apego seguro y el trampolín que será la base de la regulación y el bienestar en la adultez, la co-regulación.
Durante décadas se ha equiparado la autonomía infantil a la independencia temprana, entendiéndose como la capacidad de separarse pronto y arreglárselas solo (dormir solos, autorregularse sin ayuda y, en definitiva, no necesitar demasiado del adulto). Sin embargo, la psicología del desarrollo y la investigación en trauma nos muestran una realidad distinta: la verdadera autonomía no nace de la distancia, sino de la seguridad. La evidencia clínica nos muestra que pedir autosuficiencia a un sistema nervioso inmaduro no genera fortaleza, sino estrés. La autonomía emerge cuando hay seguridad.
Desde los primeros meses de vida, las criaturas dependen por completo de sus figuras de cuidado para sobrevivir, pero también para organizar su mundo interno. John Bowlby, pionero de la teoría del apego, señaló que el vínculo temprano no es un lujo emocional, sino una necesidad biológica fundamental para el desarrollo saludable. El apego seguro se construye cuando una criatura experimenta, de forma repetida, que sus necesidades emocionales son vistas, comprendidas y atendidas. No se trata de hacerlo todo perfecto, sino de ofrecer una presencia suficientemente sensible y disponible.
Cuando un bebé llora y encuentra respuesta, su sistema nervioso aprende algo esencial: no estoy solo, mis emociones tienen sentido y pueden ser sostenidas. Esta experiencia temprana se va internalizando y se convierte en una base segura desde la cual explorar el mundo. El menor se aleja no porque se le empuje a hacerlo, sino porque sabe que puede volver.
Aquí entra en juego un concepto clave: la co-regulación. Desde la neurobiología interpersonal, autores como Daniel Siegel explican que el cerebro infantil se desarrolla en interacción con otros cerebros, especialmente en contextos de vínculo emocional seguro. Las criaturas no nacen sabiendo calmarse solas. Su sistema nervioso es inmaduro y necesita, durante años, apoyarse en el de un adulto para aprender a regularse. La co-regulación ocurre cuando un adulto ofrece calma, contacto, palabras y presencia en momentos de desborde emocional.
Acompañar una rabieta, responder al llanto y ofrecer presencia no es fomentar dependencia, es enseñar desde el vínculo. No crea dependencia, crea confianza interna. Cada vez que ese ser es calmado, escuchado y validado, su cerebro integra esa experiencia. Con el tiempo, lo que primero ocurrió entre dos personas empieza a suceder dentro de sí mismo: aparece la autorregulación.
Desde una mirada informada en trauma, sabemos que la falta de esta base —ya sea por negligencia, separaciones tempranas, estrés crónico o experiencias adversas— puede dejar huellas profundas. Allan Schore, referente en regulación afectiva, ha mostrado cómo las experiencias tempranas de desregulación relacional impactan en la organización del sistema nervioso y en la capacidad posterior de gestionar las emociones. Muchos de los adultos que hoy luchan con la ansiedad, la desconexión emocional o la dificultad para poner límites, entre otras muchas problemáticas, no carecen de fuerza de voluntad, carecieron de co-regulación cuando su sistema nervioso la necesitaba.
Acompañar emocionalmente no retrasa la autonomía, la construye. Un ser que ha sido sostenido aprende a reconocer lo que siente, a ponerle palabras y a gestionarlo. Y ese aprendizaje temprano es el que, años después, se traduce en adultos más seguros, empáticos y resilientes.
Invertir en apego seguro y co-regulación no es solo una cuestión de crianza, sino de salud pública. Porque las relaciones que nos calman en la infancia se convierten en la capacidad de calmarnos y, por lo tanto, de vincularnos a lo largo de toda la vida.
“La experiencia de ser comprendidos y calmados por otros es la base sobre la que se construye la capacidad de comprendernos y calmarnos a nosotros mismos’. Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan.
