Síguenos
Carta a quien cuida.  Tú también importas. Carta a quien cuida.  Tú también importas.

Carta a quien cuida. Tú también importas.

banner click 236 banner 236
Grupo Psicara

Por Javier Ibáñez Vidal

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde todos los miércoles, las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología.

Hoy no es un miércoles cualquiera. Hoy es el primer miércoles del año, el día después de Reyes. Un día que para muchas personas marca la vuelta a la rutina, a los horarios y a las responsabilidades de siempre. Por eso, he querido transformar el primer artículo del año en regalo y dedicárselo a quienes cuidan de otras personas. A quienes sostienen. A quienes hacen visible lo humano, aunque muchas veces su labor permanezca invisible.

Hace unas semanas celebramos en Utrillas, junto con la Diputación Provincial de Teruel, unas jornadas dirigidas exclusivamente a auxiliares de ayuda a domicilio. Un espacio pensado para poner en valor un trabajo esencial, tantas veces silencioso, que aporta dignidad, seguridad y cuidado a personas en situación de dependencia. Aquel día les dediqué una carta. Una carta sencilla, pero sentida, que fue recibida con emoción porque hablaba de algo que no siempre se nombra: la necesidad de sentirse vistas y reconocidas.

Hoy he decidido hacer pública esa carta, ajustando algunos matices para que no se dirija solo a un colectivo concreto, sino a cualquier persona que cuida. Porque el cuidado va mucho más allá de lo profesional. Cuidan quienes acompañan desde su trabajo, pero también quienes lo hacen desde el vínculo, desde la familia, desde el amor y la responsabilidad cotidiana.

Este texto es para todas ellas. Va por vosotras.

“Querida persona que cuida, que acompaña:

No sé tu nombre ni todo lo que haces cada día. No sé cuántas horas has estado en alerta, cuántas sonrisas has sostenido, cuántas veces has preguntado “¿cómo estás?” o has dicho “tranquila, ya me encargo yo”. Pero sí sé algo: lo que haces es necesario. Lo que eres es imprescindible.

Eres la mano amiga que aparece cuando alguien no puede levantarse. Eres la voz que dice “sí, estoy aquí” cuando todo se tambalea. Eres esa presencia, a veces silenciosa, que sin aplausos convierte un momento de vulnerabilidad en uno de dignidad. A veces cargas con necesidades ajenas, ayudas en lo cotidiano, impulsas una ducha, cambias un pañal, recuerdas una pastilla. Pero también sostienes esperanza cuando alguien dice “ya no puedo más”.

Y en medio de todo eso, tú también sientes. Sientes cansancio. Sientes que alguna vez te has preguntado “¿y a mí quién me cuida?”. Sientes que hay veces en las que la energía se acaba antes de que termine el día, que cuidar tanto puede ir encogiendo el alma sin darte cuenta. Y eso no te hace débil: te hace profundamente humana.

Quiero que sepas que no eres solo “la que cuida”, no eres solo un “recurso”, ni un rol, ni una función. Eres una persona que ofrece humanidad. Y aunque no lo oigas muy a menudo: gracias por estar. Gracias por sostener lo que muchos dan por sentado. Gracias por ver a la persona más allá de la dependencia o la necesidad, por devolver dignidad, por regalar confianza.

Cuidar no es fácil. No lo es cuando el tiempo corre, cuando los imprevistos se multiplican, cuando el estado de ánimo del otro cambia de golpe, cuando el silencio pesa en la habitación… Pero ahí estás. Una y otra vez. Y cada vez que acompañas, aportas algo más que acciones: aportas presencia y cuidado. Acompañas con humanidad. Recuerdas que cada vida importa.

Quizá te han dicho: “Qué paciencia tienes”. Y quizá han pasado por alto que tú también tienes límites, sueños, días malos. Que también puedes estar cansada, que también necesitas un descanso, un hilo de silencio y un momento para ti. Y está bien que lo necesites. De verdad. También mereces ese “gracias” que quizá no escuchas, ese “¿y tú cómo estás?” que alguien debería preguntarte.

Ojalá puedas guardar cada día un pequeño espacio para ti. Un minuto consciente antes de empezar. Un mensaje amable hacia ti misma al terminar. Un “hoy he hecho lo mejor que he podido” antes de seguir adelante. Porque tú también importas.

Y porque cuidar es dar… pero también es permitir que te cuiden un poco a ti. Permítete recargar esas pilas invisibles que sostienen tantas vidas. Permítete decir “no puedo más hoy” aunque a veces puedas sentir culpa. Permítete reír, respirar, desconectar. Tu valor no disminuye porque descanses: se reafirma. Y permíteme recordarte que eres una heroína cotidiana. Pero no una superheroína, porque nos han vendido eso de que los superhéreos no descansan, que no pueden parar.

Gracias por lo que haces. Gracias por cómo lo haces. Gracias por estar cuando otros ya se fueron. Gracias por poner tu voz, tu mirada, tu tiempo. No estás sola, aunque a veces parezca que sí. Porque tú también mereces un espacio de cuidado para ti.

Con respeto, admiración y ternura,

Gracias por estar”.